Todo el mundo piensa «antes de morir, me gustaría…» y aparece una pequeña o extensa lista de proyectos personales o profesionales. Desde un viaje soñado, hasta algún plan que conlleve cierto riesgo y adrenalina. Por eso me puse a pensar cuál sería un plan “cristiano”, algunos ítems que un católico tendría que plantearse hacer en vida.

La verdad, es que me costó concretar esa tarea… ¡hay tanto que podría hacerse! Incluso muchas de las cosas que me cruzaron por la cabeza deberían formar parte de un plan de vida, algo para hacer más de una vez, hasta convertirlo en un hábito (sobre ese tema tan necesario en nuestro proyecto de vida, puedes profundizar aquí).


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De todas maneras, aquí esta una lista de ideas, las cuales puedes aprovechar íntegramente, o bien, añadir tus propios “must do”.

1. Enseñar a alguien a rezar

Hablar a alguien sobre la importancia de la oración es algo que hace sonreír a Dios. ¡Pero cuánto más le agradará si a ese alguien le enseñamos cómo hacerlo! Porque es muy fácil decirlo, pero… ¿será que sabe a qué nos referimos cuando hablamos de orar?


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Creo que hay muchas maneras de hacerlo: enseñar a un niño a rezar el Padrenuestro o el Avemaría, dar a conocer una oración mariana, regalar una estampita a quien lo necesite, acompañar a alguien a rezar el rosario… Seguramente, cada quien tiene una necesidad. Y para cada necesidad, hay una oración justa y precisa que podemos regalar.

Humanamente hablando, también es una experiencia muy gratificante, ya que llena de alegría saber que pudimos ayudar a alguien a tener una relación personal con Dios.

2. Hablarle a tus amigos de Dios

En realidad, es muy fácil hablar de Dios a quien ya tiene una fe sólida o al menos encaminada. Pero quizás no todos nuestros amigos son creyentes. Sin “machacar”, con paciencia y con naturalidad, se puede hablar de aquello en lo que creemos, de manera que, quien está alejado de la Iglesia o quien directamente se profesa ateo, entienda o conozca algo de lo que nosotros creemos .

3. Hacer un acto de caridad y no contárselo a nadie

Aquí pensé que quizás no se trata simplemente de hacer una donación y guardarla en secreto, sino ayudar a alguien que ni siquiera se entere de que está siendo ayudado. Así, con esa delicadeza, podemos dar una mano a quien la necesite, a quien no pueda darnos las gracias, para que el que muestre su gratitud sea Dios. Tenemos una hermosa guía, que son las obras de misericordia.

4. Hacer una peregrinación

Sería genial planificar una ida a Tierra Santa o a algún Santuario Mariano. Personalmente, me encantaría pisar la tierra sobre la que caminó Jesús, el huerto en el que sudó sangre, conocer a la Virgen de Guadalupe, a nuestra Señora de Lourdes, la Casa de Loreto… ay, ¡no sé! tantas cosas… No creo que sea difícil al menos cumplir uno de estos sueños.

5. Leer la Biblia

Si bien parece tan larga, si todos los días leemos un poco (al menos 10 minutos diarios) en un año, o menos, o más, podremos leerla completa. De hecho, creo que conviene hacerlo así: de a poco. Eso nos permitirá leer los comentarios de cada pasaje y entender a qué se refiere cada uno.

6. Convertir a un pecador

Ok, esto suena un poco más grande. Pero estoy segura de que, a lo largo de nuestra vida, hablando de Dios, haciendo apostolado o, “al menos”, rezando y mortificándonos por esta intención, se puede cumplir. Quién sabe, quizás nuestra oración y sacrificios no terminen por convertir a aquella persona por las cual ofrecimos esto, pero la Virgen se agarró de nuestras plegarias y penitencias para transformar el corazón de alguien a quien quizás nunca llegaremos a conocer, hasta encontrarnos con ese alguien en el Cielo y descubrir la eficacia de nuestros rezos.

7. Hacer un retiro

Aunque se recomienda hacer uno anualmente, para que sea más fructífero revisar los propósitos que nos hicimos el año anterior y renovar ese rato de mayor intimidad con el Señor, creo que, si no es posible, al menos una vez se puede dedicar un tiempo especial para hacer uno. Ese encuentro personal con Dios compensa el sacrificio que a veces implica dejar unos días de trabajo, colegio, facultad o familia. Es un momento único en el que podemos preguntarle qué espera de nosotros, cuál es el plan que pensó para nuestras vidas.

8. Conocer la doctrina de la Iglesia

Leer el catecismo y los documentos de los Papas es super importante y necesario para hacer apostolado, para dialogar sobre nuestra fe con aquellos que tienen dudas o impresiones erróneas. Nuevamente recomiendo al menos unos minutos diarios. Hay versiones más asequibles, para la gente joven, que ya dan una noción suficiente, que luego se puede ir profundizando. A mí, por ejemplo, me encanta el YouCat. Incluso me enteré de que hay una versión especial para jóvenes que se preparan para la Confirmación.

9. Ofrecer a Dios tus mayores éxitos

Dar gracias y ofrecer a Dios, para su mayor gloria, todo nuestro trabajo, nuestras tareas, nuestra familia, etc. Esto es algo que podemos hacer diariamente. Y, al final de nuestras vidas, renovar ese ofrecimiento, entregárselo todo. Decirle “todo fue para ti”. Para eso, todos los días podemos empezar y terminar pensando si verdaderamente todo lo hicimos por Él y para Él.

10. Consagrarte a la Santísima Virgen

Desde pequeñas oraciones que podemos rezar diariamente, hasta algunas más “largas” –a mí me gustó la de san Luis María Grignon de Montfort-, lo importante es dejar nuestro corazón en el Corazón de María. ¿Quién sino Ella lo llevará a Jesús?

Y a ti, ¿qué te gustaría añadir? ¿Qué querrías hacer antes de morir?