Catholic-link.com –  La fascinación que se siente cuando se emprende una nueva actividad, cuando recién  conoces a alguien, cuando acabas de comprarte un juguete nuevo o cuando comienza  un noviazgo, por nombrar algunas, probablemente se va desvaneciendo con el pasar del tiempo. Nos acostumbramos, perdemos el encanto y por lo tanto la fascinación.

Es muy probable que muchas veces nos ocurra lo mismo con Dios. Nos acostumbramos a que él forme parte de nuestra vida, nos acostumbramos a que él esté constantemente interviniendo a nuestro favor y dejamos de darnos cuenta que él está ahí con nosotros acompañándonos.


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El riesgo es que luego de acostumbrarnos, cuando queremos nuevamente poner nuestra atención en él, ya no lo podamos descubrir, ya no logremos encontrarlo, pues nos hemos acostumbrado y ya no le atribuimos todo lo bueno que nos ocurre a su intervención.

Probablemente a ti, te ha pasado como a mi, que son tantas las pequeñas cosas buenas que me pasan día a día, que muchas veces olvido que Dios está detrás de ellas (ciertamente no es el azar o la buena suerte, sino su bendición y providencia…todo lo bueno viene de Dios).

Te invito a que puedas compartir ¿En qué situaciones de la vida cotidiana crees que Dios ha jugado a tu favor?