Desde hace unas horas un simpático viral recorre las redes: «Eating Twinkies with God» (Comiendo pastelillos con Dios). Para los que somos padres, más aún católicos, no resultaría raro escuchar a uno de nuestros hijos preparar su mochila y afirmar que se va en una gran aventura: “Mamá voy a buscar a Dios”. Probablemente nos llenemos de alegría y en un afán por hablarle sobre Dios cortemos involuntariamente su iniciativa. O tal vez tomemos sus palabras sin atención, como las simples palabras de un niño que no sabe muy bien lo que dice.

Este no es el caso del video, el niño regresa y la mamá interesada y respetuosa por los cuestionamientos de su niño le pregunta sobre su búsqueda a lo que el niño responde: «Mamá Dios es una mujer y tiene la sonrisa más hermosa que acaba de ver». Por otro lado vemos a la señora que compartió la merienda con el niño. Ella vive en la miseria y sin embargo, ese día lleva una sonrisa sin igual, lleva la alegría del encuentro: «acabo de comer pastelillos en el parque con Dios… es más joven de lo que esperaba».


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Dios está en el rostro del otro, en las pequeñas obras que con amor y corazón sincero hacemos por los demás, especialmente por los más necesitados. De eso se trata el amor cristiano, un amor que no requiere de obras gigantescas sino en el día a día descubrir en el más pequeño, el rostro de Dios que nos llama incansablemente, que nos llama primero.

¿Cuántas veces nos habremos encontrado con Él y tal vez no nos hayamos dado cuenta? O, ¿cuántas veces nos hemos pasado de largo queriendo ignorarlo?

Que este tiempo de Cuaresma nos sirva para prestar atención y estar atentos a esa llamada que desde lo cotidiano y desde los más necesitados Dios nos hace.

«La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida» (Papa Francisco – Mensaje Cuaresma 2017).

¡Comparte este video para que más personas se encuentren con Dios! 🙂