¿No te ha pasado alguna vez que tienes algo importante que hacer pero terminas postergándolo días porque antepones otras actividades menos importantes, hasta irrelevantes, pero más fáciles de realizar? Bueno, eso tan común que nos pasa a muchos se llama procrastinación.

Este divertido video nos muestra de forma muy gráfica e irónica las muchas actividades, llenas de buenas intenciones, que en nuestra vida comenzamos y tantas veces dejamos a medio hacer: membresías de gimnasio –«¡Esta semana comienzo!»–, escritos sin terminar –«¡Hoy estoy inspirado para una buena historia!»–, instrumentos musicales abandonados –«¡Ahora sí aprendo a tocar violín!»–, ideas ingeniosas que terminan en el tacho de basura –«¡Con este proyecto cambiaremos el mundo!»–, y tantas otras…


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Lo triste del asunto es que esto nos sucede bastante, dejando de hacer mucho bien, optando por lo más cómodo o por hacer las cosas a última hora, «a la rápida», e incluso mal hechas. Cada uno de nosotros tiene una enorme responsabilidad con los dones y talentos que Dios le ha regalado: ¡están para ponerlos al servicio de los demás! ¡para aportar con ellos al cambio del mundo! No mañana, no la siguiente semana, sino ¡hoy!

Es verdad que la rapidez de la vida nos gana y dejamos muchas cosas pendientes por el cansancio o por las dificultades que surgen, sin embargo, tomemos consciencia de que cada día es una ocasión para dar lo mejor de nosotros mismos: en nuestra familia, con nuestros amigos, en el trabajo, en los estudios y con los propios ideales y sueños.



¡Hagamos que este mundo sea distinto! soñando y actuando, dejando de lado la procrastinación, obrando según el máximo de nuestras capacidades y posibilidades y poniendo en manos de Dios lo que escapa a nuestros esfuerzos humanos.

«Ábrete y sueña, sueña que el mundo contigo puede ser distinto. Sueña que si tú pones lo mejor de ti, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto» (Papa Francisco a los jóvenes en Cuba).