Hay una experiencia a la que muchos le tenemos miedo y sin embargo termina siendo fundamental para que seamos felices: la experiencia de fragilidad. Nadie quiere sentirse frágil, nadie quiere sentirse vulnerable. Probablemente nos han educado a pensar que el frágil es débil, y si uno es débil, nunca alcanzará lo que se propone y nunca será feliz. Para empezar, no es lo mismo fragilidad que debilidad…

¿Existe alguna virtud en la fragilidad?

Este sencillo video nos muestra, entre otras cosas, el valor de la fragilidad. Trata sobre un pequeño que, a la hora del almuerzo en la escuela, confirma lo que teme: no le han enviado nada para almorzar. A su lado, todos sus compañeros disfrutan la comida, y él no quiere que los demás se den cuenta de su situación. Inventa una excusa para salir de clase y darse un paseo por los pasillos para evitar la vergüenza ante sus compañeros(y probablemente para distraer el hambre).


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A su vuelta descubre sorprendido que alguien le ha llenado la lonchera. Da una mirada a su alrededor, y se alegra al sentirse apoyado.

Sentirse frágil es sentirse necesitado, y toda persona que se siente necesitado ha descubierto una experiencia fundamental para la vida: no somos autosuficientes. Necesitamos a los demás. Quien no se experimenta necesitado de absolutamente nada caminará ciego, sintiéndose absurdamente superior a quienes lo rodean. Quien se siente necesitado, y recibe ayuda, descubre además la alegría de la gratitud, y aprenderá que ser agradecido es una de las virtudes más hermosas que pueden adornar una vida.

Los compañeros que lo ayudan, de modo silente, han comprendido la experiencia del pequeño protagonista. Son frágiles también, porque se han dejado tocar por el sufrimiento de su compañero. Sin fragilidad no podríamos ser empáticos con quienes sufren. El autosuficiente no percibe el dolor del prójimo, ni es capaz de tender una mano para ayudarlo. En un sentido vale tanto como una piedra.

Ser frágil es un don, porque nos ayuda a descubrirnos necesitados, y nos permite descubrir que los demás nos necesitan.

Una última lección de este video: No hacemos las cosas para ser vistos por los demás. Lo que importa es que Dios nos ve, siempre, en todo momento. Nos ve no como un juez con un lápiz y un cuaderno para anotar cada vez que hacemos algo mal. Nos ve para que le podamos regalar cada acto secreto de bondad que realicemos y así transformarlo en pequeños tesoros en el Cielo que, a la larga, nos hacen verdaderos ricos en amor y felicidad.

Nos gustaría saber qué piensas tú sobre este tema. ¿Alguna vez te ha pasado algo similar?