Seguro que te parece un poco raro el ver un artículo de Navidad en estas fechas, pareciera ser un error de nuestros editores publicar algo sobre esta tematica a esta altura del año. Pero no, no es un error. Ahora que han pasado algunas semanas de la celebración del nacimiento del Mesías, podemos mirar con perspectiva lo que vivimos e hicimos durante esos días y sacar cosas provechosas para nuestras vidas y apostolado.

Navidad (y algunas otras fechas durante el año que son de carácter cristiano) tienen un acento sobre la solidaridad: el compartir el amor (y los bienes) para entregar esperanza a otrosEs lindo ver que se realizan nobles y muy creativas campañas en ayuda de aquellos más desfavorecidos. Seguro que en tu parroquia, grupo o movimiento se organizó alguna actividad del tipo “campaña navideña” reuniendo alimentos, preparando cenas navideñas, entregando regalos a los niños, etc,. De hecho, es probable que hasta tú mismo hayas sido parte de la organización de estas cruzadas de amor y esperanza.


El artículo continua después de la publicidad:

Hoy queremos compartir contigo un video muy bonito que es un ejemplo de cómo podemos cambiar una vida haciendo un pequeño esfuerzo, realizando una renuncia, pero al mismo tiempo, llenando el propio corazón al ver los ojos alegres de quienes reciben nuestras muestras de solidaridad motivadas por la propia experiencia de amor que hemos recibido de Dios.


No se trata de desacreditar estas iniciativas fraternas, al contrario, queremos destacarlas e invitarte a que no dejes de hacerlas. Son necesarias y en gran medida, es parte de lo que el mismo Jesús nos encargó cuando nos dijo: «tuve hambre y me diste de comer…» (cf Mateo 25, 35). Pero, ¿por qué solamente en Navidad?, ¿acaso la fecha nos limita y nos restringe a realizar esto solo una vez al año?. Pues no, el amor no es una efeméride que celebramos solo en fechas especiales. La preocupación por el prójimo es una obligación amorosa, que gratuita y desinteresadamente, todos los cristianos abrazamos en señal de seguimiento e imitación a aquel que lo entregó todo por nosotros.

Sin quererlo, y por el acelerado ritmo que nos impone la rutina del año, hemos reducido el amor y la caridad en un asistencialismo que solo se limita a regalar “un momento de felicidad”, pero que profundamente no solucionada nada. Nosotros los cristianos estamos llamados desde nuestra vocación más profunda, a transformar nuestro entorno, no a maquillarlo con momentos agradables. Jesús nos insiste una y otra vez que el mundo sabrá que somos sus discípulos al ver como nos amamos (cf Juan 13, 35), entonces: ¿cómo vivir ese amor solo en determinados momentos del año y pretender que sea signo visible de nuestra vida de seguimiento a Cristo? 


El artículo continua después de la publicidad:

Acá te dejamos algunas ideas 😉

1. Aprovecha el impulso

Se nos va enero, la Navidad terminó hace unas semanas y los que tenemos funciones y responsabilidades pastorales ya tenemos la mirada puesta en la y la Semana Santa. Hasta la vida de fe es una cosa acelerada. Pues que no baje ese impulso navideño. Míralo así: Si en uno de los meses más ajetreados del año, con más gastos y actividades sociales, tuviste la capacidad humana de darte el tiempo para ayudar a otros; entonces, ¿por qué no seguir ahora que la vida ha bajado algunas velocidades y tenemos más margen? Que todo eso lindo que vivimos en Navidad no se vaya de nuestro corazón junto con el pesebre y el árbol, sino que ese espíritu de amor y paz siga merodeando en nuestro hogar.

Quizás no será tan sencillo encontrar voluntarios y gente dispuesta a hacer grandes campañas, pero, tu familia, tus hijos pequeños, seguro te seguirán si se trata de volver a vivir la experiencia de mirar los ojos alegres de un hermano necesitado.

2. Sigue contemplando a tu alrededor

En Sudamérica es verano y muchos tomamos vacaciones en estas fechas. Las ciudades turísticas se visten bellamente para recibir a los visitantes haciendo esfuerzos por deshacerse de su lado más “oscuro”. Que no te engañen: los pobres siguen siendo pobres cuando nosotros estamos de vacaciones, la gente sigue pasando hambre mientras nos bronceamos. Que mirar a tu alrededor sea un ejercicio espiritual de contemplación, pues en realidad lo que estamos mirando es a Jesús. Ese Jesús que está en el pobre, en el niño que nos vende artesanías o en la pareja de jóvenes que escapa a la playa para huir de sus, muchas veces, dolorosas realidades. 

3. Permite que Dios también te ayude en la administración financiera

Es humano y muy natural que nos pase que cuando estamos “cortos” financieramente hablando, mirar al cielo pidiendo a Dios que de alguna parte caiga el “maná” para llegar a fin de mes. Cuando nos falta, Dios siempre es parte de nuestro equipo de administración y le decimos: «Señor, ¿cómo vamos a salir de ésta?, dando a entender que es un problema nuestro y de Él. Pero cuando la billetera está más gordita, nos limitamos a mirar hacia arriba y dar las gracias guiñando un ojo y eso sería todo. Si nos falta, es problema de Dios y nuestro, si nos sobra, pues gracias Señor. Invitemos (yo el primero) a Dios a nuestra administración financiera, para que siempre exista un “ítem” que tenga que ver con el prójimo, que siempre tengamos entre ceja y ceja la intención de ajustar un poco más el cinturón de la familia, para compartir con los que no tienen.

Una idea: ¿qué tal si en la próxima salida a comer, consideramos el valor de un invitado extra? No necesariamente lo tenemos que llevar a comer, sino que ese dinero lo usamos para caridad. Estoy seguro que si realmente tuviéramos ese invitado en la mesa, no nos causaría tanto dolor el desprendimiento, pero como no sabemos quién es ese prójimo, se nos hace más difícil. Te ayudo un poco, es Jesús.

4. Busca nuevas formas

Cajas con alimentos, cenas navideñas, juguetes para los niños. Esta bien, pero, ¿solo eso? Seguro que la creatividad nos da para más y el Espíritu Santo tiene nuevas ideas que soplar en medio de nuestras conversaciones, oraciones y reflexiones comunitarias. Hay tanto por hacer, hay tanta necesidad y muchas de ellas no son millonarias, sino que muy realizables. Ya nos lo ha dicho el Papa Francisco, «no balconeen la vida», es decir, no nos queremos mirando como los demás hacen cosas fascinantes, demos el primer paso. Busca nuevas formas, sé creativo. Aquellos que sufren la pobreza, la marginación y la necesidad, no solo necesitan ropa y comida.

Que este año que comenzamos, mantenga ese mismo ardor en el corazón por salir al encuentro del otro, ese ardor que vivimos en Navidad, ese amor por los demás que brota de haber visto al Niño Dios. Para los cristianos, todos los días es Navidad.