Cada vez es más difícil que un comercial nos trasmita valores. La mayoría de veces el interés principal es vender un producto y para lograrlo no importa tanto trasmitir un contenido que valga la pena o que nos ayude a reflexionar. Es por ello que debo reconocer que este comercial de Gillete no solo me sorprendió, sino que me encantó y me sentí muy identificado. Hace poco viví la experiencia de tener a mi padre enfermo y necesitado de cuidados en sus actividades cotidianas. Tuve la bendición de poderlo cuidar y acompañar en sus últimos días y pensaba como en estos momentos los roles se cambiaron: quien toda la vida me había cuidado y dado cariño, era ahora el que esperaba ser cuidado por mi.

Hacer entonces una reflexión a partir de lo que se presenta en el video me parece un desafío, aunque creo que no tendré que darle muchas vueltas para ir al punto, pues el comercial habla por si mismo, más que por las palabras, por los gestos que contiene.


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Centrémonos en la imagen del hijo cuidando de su padre. Si bien podemos pensar que es lo más lógico y natural (porque de cierta manera consiste en devolver todo lo que los padres han hecho). No es poco frecuente encontrar que hay hijos que no hacen lo mismo, que cuando los padres se hacen mayores, con más dificultades de salud, hay una tendencia a desentenderse de su cuidado, porque les resulta una carga, especialmente cuando están más enfermos y frágiles, cuando no pueden valerse por sí mismos. Es en estas situaciones cuando vemos como se “descartan” o les menosprecia siendo la salida más fácil dejarlos a cargo de una institución que los cuide, o lo que es más triste aún, abandonados a su suerte. Siento mucha lástima cuando veo en un hospital o en una institución para ancianos, a alguno de ellos solo, anhelando estar con su familia, esperando la hora de la visita, para ver si al fin ese día si vienen a acompañarlo, sin que suceda.


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Hay condiciones de salud que acompañan al proceso natural de envejecimiento que son difíciles de acompañar y que necesitan la ayuda de otras personas expertas; por ejemplo, el caso del video representa una situación muy difícil, porque es una enfermedad neurológica en la cual la persona tiene muchas limitaciones y necesita mucha ayuda, incluso para actividades tan sencillas como comer, bañarse. Sin embargo, no es excusa para la familia de vivir el compromiso de servir, de cuidar, de estar al lado de ellos. A veces no es tan importante el conocimiento que se tenga, importa más el amor, el cariño y la disposición a acompañar. Poco a poco hay habilidades que se van aprendiendo y seguramente se podrá cuidar y servir mejor.

Hay un texto que me gusta mucho meditar porque creo que refleja lo maravilloso que es estar junto al enfermo. Les comparto unos extractos que creo son muy acordes a lo que este comercial nos refleja:

“(…) estar junto al enfermo. Tal vez, sin darnos cuenta, será él quien nos ayude, quien nos haga menos irritables, un poco más sencillos y pacientes. Tal vez él nos hará comprender que esta vida no lo es todo, que de nada sirve el dinero sin salud, que esa casa de campo comprada con tanto esfuerzo queda ahora sola, triste, sin su dueño.

Estar junto al enfermo. Alguien nos quiere allí, alguien nos espera a su lado. Un día nos dejará, irá a otros cielos. Su partida será un momento de dolor, pero no un adiós definitivo: será un “hasta luego”. Un “hasta luego” que nos hará sentir que no fue tiempo perdido el que pasamos junto a él, como si preparásemos ahora esa dicha de los cielos, donde el amor es simplemente eso: estar junto a un enfermo…” (Extracto «Estar junto al enfermo» de Fernando Pascual).

La realidad de la enfermedad, del envejecimiento es algo natural, una realidad que así no queramos, vamos a vivir; en nuestra familia, con nuestros seres queridos y nosotros mismos. Aprovechemos esta ocasión para amar, para dar, para entregar lo mejor de nosotros a aquellos que han hecho tanto por nuestro bienestar.


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