«Nos pasamos la vida pobres, intentando ser ricos», es una de las frases incómodas de este video que seguro se te quedarán en la retina. Si bien las imágenes que a continuación te presentamos no tienen nada que ver con las cosas de la fe, el apostolado, ni Dios (no al menos de forma directa); nos hablan de una realidad que a todas luces es propia de cada uno de nosotros; las finanzas y el seguimiento e imitación de personajes famosos y referentes públicos.

Hace un tiempo hablamos sobre los influencers, estas personas que son reconocidas en su entorno y que son tomados como referentes de opinión. Las marcas los utilizan como rostros para darle credibilidad a sus productos y sus palabras al parecer tienen cierto peso y valor para la mayoría de la gente, pues los publicistas siguen usando esta estrategia para encantar a sus consumidores. Estos dos famosos que protagonizan el video son eso; personas que a través de su forma de vida, generan influencia en los demás, especialmente en quienes siguen sus aventuras a través de redes sociales.


El artículo continua después de la publicidad:

Antes de seguir con un análisis espiritual, económico y moral, es importante que nos detengamos unos segundo a reflexionar sobre cuán importantes son las redes sociales para todos hoy en día. Hasta mi abuelita tiene whatsapp y Facebook. Entonces en lugar de satanizar la tecnología y condenar a todo aquel que la utiliza, pongámonos en los zapatos de Jesús preguntándonos: ¿Habría tenido una cuenta en Instagram o Facebook? Personalmente creo que sí, de hecho usó todo lo que tuvo a su alcance en su época para poder hacer conocido su mensaje, envió misioneros a comunicar lo que él mismo les había enseñado; hoy, quizás Él mismo tendría ciertos influencers en diferentes lugares del mundo y de la sociedad utilizando redes sociales para comunicar la Buena Nueva. ¡Espera un momento! Tú y yo somos eso, Él nos ha enviado a proclamar esto por todos lados, recuerda que compartir es evangelizar. Puedes comenzar compartiendo este u otro de nuestros artículos (tenemos cientos) en tus perfiles. Ya verás como haces bien a alguien que no esperabas.

Ahora si continuemos con el video y cómo es que estos personajes, independiente de sus opciones de vida, son un referente para miles de personas. No sabemos si Cassper Nyovest y Pearl Thusi hicieron pública sus vidas buscando imitadores, aunque sí es claro que, por su trabajo, lo hicieron para mantener entretenidos a sus seguidores y que obviamente ellos sigan siendo eso: sus seguidores.


El artículo continua después de la publicidad:

Lo fuerte en el video es cómo ellos cambiaron aparentemente su estilo de vida, haciendo notar que no era necesario realmente gastar (más bien despilfarrar) su dinero en cosas superfluas, sino que podían sobrevivir de igual forma y con la misma dignidad y glamour, si eran austeros y buscaban opciones alternativas para solucionar sus problemas domésticos. Aunque a decir verdad, no hay nada de nuevo ni creativo en lo que ellos hacen. Es más bien lo que la mayoría de la gente tiene que hacer a diario, como colgar su ropa luego de lavarla para que se seque, comer comida normal, usar uber, reparar las cosas rotas en vez de comprar nuevas, en fin, todo aquello a lo que nosotros estamos tan acostumbrados a hacer. Tan normal es para nosotros, que a nadie se le ocurría subir una foto a Instagram lavando ropa.

A pesar de ello (y sin querer bajar la importancia de su ejemplo de administración económica) es importante recordar que el uso de los propios recursos es siempre un asunto moral. Gastar o no gastar, guardar o despilfarrar, todo ello siempre es una opción moral que finalmente está asentada sobre un pilar valórico. Nosotros, los que amamos a Dios, debemos pensar qué hacer con nuestro dinero y recursos como una forma también de vivir la santidad.  De hecho la iglesia nos enseña que «la utilización del propio poder adquisitivo debe ejercitarse  en el contexto de las exigencias morales de la justicia y de la solidaridad, y de responsabilidades sociales precisas» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 359).  Es decir, gastamos nuestro dinero pensando no solamente en nosotros sino en el bien común, incluyendo la enseñanza de prescindir de aquello que para nosotros es “necesario”, para dar al pobre lo indispensable para vivir.

El Papa Francisco, muy fiel a su estilo y siempre siendo algo así como un “traductor” de la enseñanza de la iglesia y la palabra de Dios, explicó en una ocasión la tentación que implica la riqueza, la que vivimos cuando nos «adueñamos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o para los míos» (Homilía 14 de Febrero de 2016).

Entonces: ¿Por qué si lo hacen ellos, los famosos, es especial y digno de ser imitado si hemos hablando de esto desde el inicio del cristianismo? Siendo sincero, no tengo una respuesta real para compartir contigo, no obstante, de todas estas cosas siempre el Señor hace uso y las aprovecha para nosotros, quienes le buscamos y queremos hacer su voluntad. No se trata de volver una moda el vivir como “pobres”. La pobreza no puede ser una moda. De hecho, hoy en día vivir aparentemente de forma austera, parece un valor, pero no un valor de humildad o buen uso de los recursos, sino que un valor estético, superficial. Adquirir muebles de segunda mano porque tienen un aspecto vintage; vestir con ropa con agujeros, medio rota y desgastada no porque realmente sean los pantalones heredados del hermano mayor, sino porque se ve más cool. Para nosotros, los cristianos, la preferencia por los pobres y el vivir como tal, es una categoría teológica más que cultural, sociológica, política o filosófica. (cf Evangelii Gaudium 198).

Es Jesús quien vino para los pobres, haciéndose uno de ellos; no aparentando ser pobre, vistiéndose como pobre porque es la moda o para caer bien a las mayorías. Él, realmente nació entre animales, su madre era una humilde muchacha, sus propios padres, al llevar su ofrenda al templo para pascua, no llevaron más que unas palomas, la ofrenda de los pobres, pues no tenían para más. (cf Lucas 2, 24). No se trata de vivir la pobreza porque sí, como si ella fuera el fin último. Dios no quiere que nos falte nada ni hacernos sufrir, se trata más bien de aprender a abrazar con fuerza aquello que realmente tiene valor y desprendernos libremente de lo que nos estorba. Por eso nos invita constantemente a acumular tesoros en el cielo; pues donde está nuestro tesoro, ahí está también nuestro corazón. (cf Mateo 6, 19-21)

Por otra parte (sin el ánimo de criticar ni desacreditar el esfuerzo de esta pareja de famosos por vivir la austeridad) nosotros estamos llamados a ir por más. No se trata solamente de vivir con poco y evitar el gasto innecesario de recursos, sino que al mismo tiempo se trata sobre el bien común, es decir, no solamente preocuparme por estar bien, sino que hacer todo aquello que esté a mi alcance para que los demás también lo estén.

En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia nos habla sobre el uso moral de los recursos y de hecho nos enseña que «los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, conservan siempre un destino universal. Toda forma de acumulación indebida es inmoral, porque se halla en abierta contradicción con el destino universal que Dios creador asignó a todos los bienes» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 328).

Te invito a que, más que dejarte influenciar sobre cómo administrar tus recursos por personas que tienen infinitamente mucho más dinero que nosotros, puedas mirar lo que la Iglesia nos enseña y lo que el mismo Jesús nos ha comunicado, para poder convertir tu billetera en un lugar donde también se puede trabajar para alcanzar la santidad, en donde también se puede comunicar amor al prójimo y en donde también podemos trabajar para construir el Reino de Dios en el mundo.

¿Qué opinas tú sobre este tema?