Talentos, definitivamente todos los tenemos. Todos tenemos una capacidad o aptitud que nos permite ser sobresalientes en algo en particular. El problema es que muchas veces no sabemos identificar estos talentos o simplemente no los hemos encontrado… tal vez por falta de oportunidad o por miedo a intentar nuevas cosas, a arriesgarse a salir de nuestra zona de confort…

Para nosotros los católicos, sin embargo, estar conscientes de nuestros talentos es de vital importancia pues es a través de ellos que descubriremos y cumpliremos esa misión que el Señor nos ha encomendado. Así lo afirmaba el excelente académico y Cardenal inglés, Beato John Henry Newman: «Dios me ha creado para servirlo de una forma en particular; Él me ha encomendado un tipo de trabajo que no ha sido confiado a nadie más, tengo mi misión… Él no me ha creado para nada…si caigo enfermo, mi enfermedad servirá para algo; si estoy triste, mi tristeza servirá para algo. Él no hace nada en vano. Él sabe lo que hace».


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El video que les traemos hoy nos cuenta, de forma muy dulce, la historia de Geoff, un personaje que mostró desde pequeño una especial inclinación hacia los frijoles. El mérito de Geoff está en haber convertido ese gusto innato (que algunos podrían haber ignorado o catalogado como irrelevante) en una motivación poderosa para superarse de forma profesional y llegar hasta la realización personal. Aunque no sean evidentes a primera vista, el video nos ofrece varios elementos apostólicos que comentamos a continuación:

1. «Curioso e inmutable amor»

El video comienza describiendo el interés que Geoff tiene por los frijoles como un “curioso e inmutable amor”. Personalmente, me parece que estas palabras describen de forma elocuente la que debería ser nuestra motivación primera: el amor. Hay que aclarar, por supuesto, que no nos referimos al amor en su sentido romántico, sino a esa fuerza gentil pero inquebrantable que tiene la capacidad de convertirse en motor de nuestra existencia. Geoff usa este amor y lo transforma en determinación para seguir sus sueños: trabajar en Heinz, la empresa más grande de frijoles en lata. Nuestro personaje no se deja abatir ni amilanar por el miedo o la inseguridad. Sueña en grande, trabaja para ello, se prepara y hace que las cosas pasen.

Es innegable que la valentía es una cualidad esencial de las almas grandes, pues esos bríos que se necesitan para trabajar por aquello que sinceramente se ama nos llevará indefectiblemente a aquel que ama, más concretamente a Aquel que es el Amor.


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2. Prueba y error. ¡Sigue intentando!

En el video, vemos que Geoff es el jefe del Dpto. de Innovación. Creo que podemos asumir que logró este cargo pues su empresa se dio cuenta que el amor de Geoff por los frijoles se traducía en la capacidad, en el talento de entender ese producto como nadie más. Y es que no se puede innovar ni mejorar algo a menos que hayamos entendido a profundidad la situación actual con la que estemos lidiando. ¿Qué sucede si llevamos este concepto a la vida espiritual? ¿Cómo podremos mejorar cada día como personas, profesionales, católicos si no pasamos un tiempo en oración diaria? ¿Cómo podremos entender y descubrir más acerca de nosotros mismos y del tiempo en que vivimos si no nos dejamos interpelar por Aquel que es la Verdad?

Asimismo, vemos a Geoff intentando una y otra vez distintas alternativas para mejorar su producto favorito y pueda amoldarse a lo que los demás necesitan. Puede no parecerlo, pero este proceso de mejora continua puede ser penoso pues implica frustración, búsqueda, esfuerzo, perseverancia, resiliencia… Lo interesante de este punto es que no solo nuestros talentos y nuestra inteligencia son necesarios para lograr nuestros objetivos y cumplir nuestra misión. No solo son esas capacidades con las que hemos nacido, sino que la voluntad y la disciplina (cualidades que se adquieren y se forjan día a día) son también ingredientes fundamentales… y nuestro personaje lo sabe.

Más aún, Geoff no tiene miedo de que durante este proceso se revienten latas ni se le ensucien las ventanas con frijoles, pues como decía otra vez John Henry Newman: «Un hombre no haría nada si esperara hacer las cosas tan bien que nadie pudiera criticarlo».

Al ver este video fue imposible no pensar en la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30), donde hubo un siervo flojo o tal vez temeroso, que decide enterrar y “conservar” su talento. Sin embargo, el Señor lo llama siervo malo, pues, aunque no lo desperdició utilizándolo en cosas ilícitas, lo desperdicia al no utilizarlo. El Padre Hurault comenta al respecto: «Dios no acepta que seamos mediocres […]. Confiar en Dios es también confiar en nosotros mismos. Dios me ha encomendado muchas capacidades para bien de los demás, y mientras acepte tomar responsabilidades sin temor a las críticas o al posible fracaso, se me ‘confiará más todavía’ (Mt 25, 21). Pues son muchos los que no hicieron fructíferos sus talentos. Seguramente que algún día me tocará desempeñar un cargo para el cual yo no soy el más capacitado. Pero, ¿si los demás se corrieron? ‘Quítenles el talento y dénselo a otro’ (Mt 25, 28)».

3. «Al inventar algo para cada uno, Geoff se dio cuenta que lo tenía todo»

Hacia la parte final del video, vemos a Geoff sentado junto a su familia. Con una sonrisa nos transmite su plenitud pues es en ese momento que se da cuenta que en el servicio a los demás yace la realización personal. Una vez más, el mérito de este personaje es vivir el momento presente y prestar atención a las personas que lo rodean. Se empapa de su realidad y sabe tener los ojos abiertos a las necesidades de los demás. Es esta capacidad la que le permite identificar un problema y, a su lado, una oportunidad.

Considero que en la simplicidad de este video se hace palpable el siguiente mensaje: El verdadero servicio a los demás, el amor al otro involucra el uso de nuestros talentos e inteligencia, de nuestro corazón y buena intención, de nuestra voluntad y nuestras fuerzas. Y es que el amor al prójimo es solamente un reflejo de nuestro amor a Dios: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Mt 12, 30).

Para terminar, les comparto un fragmento del discurso del Papa Francisco a los jóvenes, pero que se aplica a todos los cristianos:

«(…) La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!” ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos».