Para los que les gusta la trova, esta canción es casi un destino obligatorio, más aún si eres de esos que se pierden analizando y elaborando teorías filosóficas sobre las letras. Las canciones y sus letras, son un reflejo de lo que pasa en el mundo y de las distintas realidades que el hombre experimenta. Fernando Delgadillo, con esta canción, nos ilustra un mundo conocido para muchos, el mundo de las apariencias.

¿Cuántos antifaces te vienes poniendo? Creo que nadie se salva, en uno u otro momento de la vida hemos usado un antifaz. Hemos tratado de ocultar quienes somos verdaderamente, generalmente con la intención de encajar, de ser aceptados y hasta admirados. A medida que los años pasan y vamos conquistando la madurez y el conocimiento de nosotros mismos, esas máscaras necesariamente van cayendo.


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Qué triste es ver, así como en la canción, rostros vacíos incluso detrás de las máscaras. Alguien que de tanto usar una se va perdiendo en el sin sentido de una vida de apariencias. Lo irónico, es que esa necesidad de aparentar para encajar, nace desde un anhelo profundo y natural del ser humano por sentirse amado. Madurar, conocerse, ser auténtico, dejar las máscaras para ver el mundo con los propios ojos y de frente es una tarea en el amor. Una tarea que nace del encuentro con Aquél que me creó y a través del cual me voy conociendo y reconociendo. Y así cuando me muestro sin máscaras a los demás soy a la vez esa incomodidad del otro que reconoce algo que le resuena en el interior, y ese recuerdo de que hay algo más grande que nada material podrá suplir. Tal vez, si me quito la máscara otros más sigan.

Esta canción puede ser usada para iniciar una dinámica de conocimiento personal. Algunas preguntas para la reflexión:

¿Qué máscaras son las que uso? ¿En qué momento se presentan?