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Ni azul ni de ningún color, de hecho los príncipes son parte de la realeza y solo en contadas excepciones se juntan con gente de fuera, por lo tanto, a no ser que aspires a ser como “Lady Diana de Gales” y casarte con un príncipe, quizás sea momento de aceptar que los ideales son eso y en cosas del amor funciona la misma regla. Tampoco se trata de resignación y buscar el mal menor o conformarse con lo que venga sin aspirar a nada más. Pero déjame decirte: el hombre perfecto no existe, por lo tanto, ya deja de esperarlo.

Este post (aunque es para todos) en especial lo hemos preparado pensando en las mujeres que han discernido que su vocación es a la vida matrimonial, por lo que, habiendo descubierto este llamado personal de Dios, se abren a la posibilidad de establecer una relación de pareja con un hombre con miras al matrimonio, por lo tanto se han tomado en serio este tema y están trabajando para hacerlo realidad.

En lo personal veo cierta ansiedad, una ansiedad que pisa los límites de la frustración, pues estadísticamente dentro de la Iglesia son más mujeres que hombres y cuando hablamos de católicos comprometidos, de los que hacen algún apostolado y viven su fe a fondo,  la cosa es aún más desproporcionada.  El fenómeno causa varias cosas. Por un lado, las chicas al ser muchas y todas ellas apóstoles comprometidas, conocen de su fe y no se conforman con cualquier persona, por lo que buscan a alguien acorde a sus aspiraciones y que viva la fe como ellas. Por otra parte, la búsqueda queda restringida solo a los grupos “intra Ecclesia”, por lo que el número de candidatos es sumamente reducido y generalmente (esto lo he escuchado de mujeres): los buenos ya tienen novia. Para los varones es un poco más sencillo. Los que vivimos la fe somos siempre menos en número comparado con las mujeres y los que, siendo jóvenes han discernido su vocación y están en plan de “buscar novia”, siempre tienen muchas candidatas.

No se trata de cosificar las relaciones y mirarnos como objetos, pero es que parece que el asunto se reduce a:  «Estoy soltero(a), busco novio(a) y la condición número uno es que sea alguien de Iglesia y que viva su fe como yo». Eso, en el mejor de los casos, porque además nos ponemos a preguntar ¿qué características tiene tu hombre ideal?entonces el asunto se complica aún más, pues no solo debe ser creyente y practicante, sino que amar a los niños, ser preocupado del hogar, detallista, romántico, saber bailar, ser buen cocinero, con vida espiritual, guapo, fuerte, servicial y así, una lista enorme que estoy seguro que ni el mismo san José podría lograr.

Chicas, no quiero nivelar para abajo y defender a mis amigos solteros. Pero si quiero invitarte a que, si estás esperando a que aparezca el príncipe azul y por eso nadie está a tu altura como para ser tu pareja, te replantees la situación y juntos miremos el asunto con una perspectiva más espiritual.


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1. Relaciones construidas en pareja, es decir ambas partes aportan, no solo él

Ya usar el concepto “pareja” lo explica todo. Al hablar de pareja hablamos de “iguales”. Iguales en dignidad, iguales en valor, iguales en importancia. Es por eso que me genera cierta incomodidad eso de que algunas chicas envían a sus amigos a la “Friend zone”, como si ellas tuvieran el control de todo y el que una relación exista solo dependiera del “sí” de la chica. Si vas a tratar a tus pretendientes como aspirantes que deben pasar una prueba, es poco probable que puedas construir una “relación de pareja”, más bien será siempre una relación dispareja en donde tu tienes el control y decides los “sí y los no”. Créeme, nadie se sentirá cómodo con una relación así.

2. Estar dispuesta a dar aquello que exiges

Si dices que lo que necesitas es un detallista, romántico, que siempre tenga olor a rico perfume, preocupado de servirte día y noche, disponible las 24 horas del día, chistoso, amable con tus amigas, de entretenida conversación con tus padres y hermanos, de profunda vida espiritual, inteligente y que te ayude en tus labores; entonces estás en serios problemas porque seguro que si tienes la bendición de encontrar a alguien que reúna en sí mismo todas esas características de forma simultánea, lo mínimo que va a esperar es que tu estés a esa altura y hagas más o menos lo mismo por él.

Tampoco es que digas: bueno, soy mala persona así que no me quejaré si el que se enamora de mi es malo también. El asunto es que, mirando tus propias fragilidades, aceptes que quien se enamore de ti y te enamore, también será frágil y seguro, la mayoría del tiempo, no se comportará como el galán musculoso de la comedia romántica que te hace suspirar.

3. Enfocarse en dar

Y si en vez de poner una lista enorme de los requisitos que te gustaría que cumpliera el príncipe azul hicieras el ejercicio al revés y pusieras el foco en aquello que ofreces, aquello a lo que estás dispuesta a renunciar, aquello a lo que morirías por amor. Te cuento un secreto: las relaciones de pareja son, en la mayoría de las veces un ejercicio de darse más que de recibir. Por lo tanto prepárate para eso, para que si te enamoras estés dispuesta a hacer sacrificios, a bajar la vara y exigir conforme a las fragilidades que tiene tu pareja, a aceptar  y perdonar los errores tal como esperas que acepten y perdonen los tuyos. Hay mucho de espiritual en una relación de pareja, sobre todo en este aspecto. No se trata que tu novio sea un medio de purificación y penitencia el cual tengas que cargar abnegadamente, pero sí que en medio de una relación de pareja, vivas la renuncia a ti mismo, la entrega, el amor incondicional y el perdón sincero. ¿Habrá algo más cristiano que amar así?

4. Aceptar la posibilidad de que sea de otro ambiente

Lo sé, salir con una persona que no tiene fe es un desafío en sí mismo, más allá de las compatibilidades personales y de tu lista de requisitos de admisión, es probable que en tu grupo te hayan predicado del riesgo de unirte a un “yugo desigual” (cf 2Cor 6, 14) o las consecuencias de unirte con un pagano como Sansón con la filistea Dalila. Todo eso no deja de ser cierto. Pero también es cierto que desde que Jesús se hizo hombre, no hay esclavo u hombre libre, judío o pagano; todos somos uno en Cristo (cf Gal 3,28), por lo tanto ábrete a la posibilidad de que Dios actúe en tu vida y en la vida del chico de tus sueños que aparentemente no tiene fe.

Está fuera de discusión si se trata de alguien que proviene de otro ambiente social, político, económico, étnico. Esas cosas no pueden ser barreras para un amor sincero, aunque sí debes cuidar que no te haga renunciar a quién eres y en lo que crees.

5. Deja las escenas ideales para las películas

No te frustres si al cabo de unos meses de relación aún no ven una puesta de sol en una playa de arenas blancas mientras van vestidos de lino. Tampoco sientas que todo está perdido si sus mensajes y cartas no son tan románticos como esas frases que ves a diario en Instagram. Las películas son ficción y tu vives en el mundo real. Por lo tanto tienes que estar dispuesta a que tus momentos románticos sean más cotidianos y que él no tenga recursos económicos ilimitados para llevarte a una playa paradisíaca o un fino restaurante. Quizás con suerte le va a alcanzar para unas papas fritas y una gaseosa. Que los momentos que construyan tu relación sean valiosos por lo que juntos construyen más que por los lugares que visitan, las cosas que comen o la ropa que visten, y si tu relación no queda publicada en redes sociales, no pasa nada.

6. Las parejas reales y consolidadas tienen poco de ideal

La gente despierta despeinada y con mal aliento, en la noche al sacarse los zapatos es poco probable que sus pies tengan aroma a flores, la comida no siempre es digna de ser fotografiada para Instagram, las discusiones no siempre terminan en un abrazo en el que el te levanta y giran románticamente mientras todo a tu alrededor se mueve en cámara lenta. Las parejas reales y consolidadas saben de vivir con lo justo y llegar a fin de mes con dificultad, de repetir la ropa más de una vez a la semana porque no hay más, de pasar varias semanas (e incluso meses) sin poder tener una cena romántica; saben de discusiones en serio, de fondo, de esas que duelen, pero salen de ellas luego de luchar, renunciar y perseverar aún cuando no se sientan mariposas en el estómago.

No es una invitación a asumir resignadamente que las relaciones de pareja son odiosas y poco recomendadas, sino que a amar la idea de que la realidad es difícil, más aún el camino de un cristiano; pero en medio de eso, uno encuentra la felicidad, la paz y el amor de la pareja y del Señor. Por lo tanto no te desanimes si tu historia de amor no se parece a la novela romántica que todos leen o a la película con el galán de ensueño.

7. Libérate de estereotipos y prejuicios

Permítete conocer a las personas, no solo a quienes miras con otros ojos, antes de formarte una opinión de ellos. Que los prejuicios y los estereotipos no formen parte de tu lenguaje ni de tus sentimientos. Me da risa y pena cuando escucho cosas como que “todos los hombres son iguales”. ¿En serio habrá gente que considere que Hitler y San Juan Pablo II son iguales? ¿Ambos son hombres no?

La apariencia física tiene mucho que ver con la imagen falsa que nos hacemos de las personas. Su forma de vestir, de peinar o caminar pueden hacerte una falsa idea de quién tienes al frente. Lo mismo si es fanático de algún club deportivo, escucha un tipo de música u otra característica que no forma parte de lo que tu consideras como “compatible contigo”. Libérate de esos prejuicios y déjate sorprender.

8. Esperar al príncipe es cosa de princesas. Tú eres una mujer real

Finalmente me gustaría dejar algunas inquietudes para la reflexión. Ya el solo hecho de hablar de “esperar” a que llegue alguien es extraño. Es como que dejas todo al azar, como si el destino tuviera que traer a la puerta de tu casa a alguien especial, único, el elegido. Eso no ocurre, Dios tiene propósitos, pero no destino, pues somos libres y aunque Dios quiera un camino para nosotros, son nuestras decisiones las que van a ir forjando nuestro camino. Por lo tanto, por más que esperes, si no buscas, si no te abres a la posibilidad de la sorpresa, es complicado encontrar algo.

Lo segundo se trata de cambiar esa perspectiva de mérito que deben cumplir los varones. Sin duda un hombre, sobre todo uno cristiano, debe cuidar a las mujeres y con particular atención a la que le ha robado el corazón. Sin duda todos esperan que ese enamorado sea fiel, tierno, delicado, amoroso y muy respetuoso; pero al mismo tiempo se espera reciprocidad. Tu no eres una princesa, eres una mujer real, con fragilidades, por lo que, más que un súper galán, con buen gusto para los regalos y excelente bailarín, deberías acercarte a aquel que ame esas fragilidades.

Finalmente, si llevas tiempo de espera y la ansiedad está mermando tu ánimo y las esperanzas de encontrar el indicado, ofrece esta etapa de tu vida a Dios. Que este tiempo de espera y búsqueda no sea un tiempo muerto, una etapa de la vida estancada, sino que sea un tiempo en donde creces como mujer, descubres tu llamado vocacional más profundo y preparas tu corazón para cuando llegue el indicado.