El artículo continua después de la publicidad:

Acabamos de empezar el año y es esa época en que nos tomamos el tiempo para planificar y ponernos las metas que queremos alcanzar. Ya sea que quieras cambiar de trabajo, si estás pensando a qué universidades postular, si estás decidiendo si tener o no otro hijo o tal vez te estés preguntando si ya es tiempo de volver de nuevo a estudiar (entre otras cosas).  El proceso de toma de decisiones puede ser confuso y realmente agotador.

Pensando en hacer este proceso un poco más llevadero, hemos tomado algunos consejos de las Sagradas Escrituras que te pueden ayudar a ponerte en presencia de Dios y que pueden darte algunas luces para saber qué es lo que quiere Dios de ti. Antes de empezar debes saber dos cosas:

Dios siempre quiere que seamos felices, porque nos ama. Él también sabe que solo eso que nos lleva a crecer en santidad, será lo que a la vez nos conduce a ser felices.

El discernimiento sobre el plan de Dios usualmente lleva a decidir entre dos alternativas buenas. Discernir entre dos cosas buenas siempre nos llevará a escoger la mejor opción de las dos. A escoger lo óptimo.

Tener estas cosas en mente te ayudará a acortar la lista de alternativas y enfocarte específicamente en las que son buenas. Recuerda que no hay necesidad de apresurarse. Escoge un lugar tranquilo para escuchar lo que Dios te dice a través de su palabra. El discernimiento lleva tiempo y sobre todo tiempo escuchando, escuchando mucho. Ten paciencia  y la confianza  de que Dios siempre quiere lo mejor para ti.


El artículo continua después de la publicidad:

Invita al Espíritu Santo a que sea Él el que dirija tus oraciones a través de los siguientes pasajes:

… Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti, ha alejado a tu enemigo. ¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún mal! Aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no desmayen tus manos! Yahveh tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el oprobio que pesa sobre ti. He aquí que yo haré exterminio de todos tus opresores, en el tiempo aquel; y salvaré a la coja y recogeré a la descarriada, y haré que tengan alabanza y renombre en todos los países donde fueron confundidas. En aquel tiempo os haré venir, en aquel tiempo os congregaré. Entonces os daré renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo vuelva a vuestros cautivos a vuestros propios ojos, dice Yahveh.

… Yo dije: “¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho”. Y me dijo Yahveh: No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte – oráculo de Yahveh. Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para peder y derrocar, para reconstruir y plantar.

… Estaba Él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Simón le respondió: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes”. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: “Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado”. Dicho esto, exclamó: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: “A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cayó en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el Cordero de Dios”. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: “Rabbí – que quiere decir, Maestro – ¿dónde vives?” Les respondió: “Venid y lo veréis”.  Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.

Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas. Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Mirad cómo proclamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso.

No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo genero de mal. Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama y es Él quien lo hará.


Por último te dejamos una oración para el discernimiento:

Dios amoroso y misericordioso, me has llevado a desear tu voluntad, que a menudo parece va más allá de mi entendimiento. Sin embargo, sé que tú, que me amas incondicionalmente, y continuarás poniendo en mi corazón el deseo de seguir los pasos de tu Hijo Jesús, que me pide que sea Sus manos y pies, sus ojos y su corazón, en medio de Tus hijas y tus hijos. Quiero amar tanto como Jesús ama y servir en la forma que tú deseas para mí. Concédeme el anhelo de estar siempre en Tu presencia para que Tu Espíritu pueda hablarle a mi corazón.  Que yo pueda responder con las manos abiertas y el corazón abierto a Tu llamado, dondequiera que me quieras guiar. Concédeme el valor de decir así como María “sí” a Ti en todas las cosas, y que yo tenga el apasionado celo de Tu profeta Elías. En gratitud, con Tu gracia, toda mi vida será vivida para la realización de Tu reino en la tierra, por Tu honor y gloria. Amén.


Este artículo ha sido traducido del original de Catholic Link en Inglés.