La discusión sobre la influencia de la tecnología en la vida cotidiana tiene muchos ángulos. Los debates se centran, sobre todo, en las influencias negativas o positivas que ciertos inventos han generado en el día a día. Las investigaciones académicas o artículos en las redes y en el Internet evalúan sobre todo el impacto de las nuevas tecnologías en las personas, o presentan estadísticas que revelan el tiempo de uso que se da a los dispositivos entre ciertos grupos de estudio, como son los adolescentes o los niños. Sin embargo, hay un ángulo que se cubre poco. Muy poco. Y es cómo influye la tecnología en nuestro «ser personas», en nuestra capacidad de relacionarnos y en nuestro encuentro con la realidad. ¿Qué significa que el X% de personas, de Z edad, pasen chateando 4 horas al día? ¿Nos debemos centrar en la maravilla del soporte digital que permite comunicarse rápidamente sin moverse de casa? ¿O más bien nos deberíamos preguntar si todas las horas frente a la pantalla nos están sustrayendo el tiempo que podríamos pasar con los que más amamos? ¿Sabemos qué es lo que realmente estamos perdiendo cuando «ganamos» tiempo con la tecnología?


 

¿Sabes que tan grande es tu problema?Tienes que ver esto para darte cuenta que tan mal estás…

Posted by Yo Amo a Mi Familia (Familias.com) on jueves, 18 de febrero de 2016


Comunicación vs. comunión

Más allá de lo graciosa que nos pueda parecer la exageración de las imágenes que presenta este video, es importante detenernos a hacer una pequeña reflexión sobre cómo está la verdadera conexión con los nuestros. ¿Estamos realmente dándole su lugar al móvil o más bien lo utilizamos para salir corriendo virtualmente (porque en realidad ni nos movemos de la cama o del sillón) para tener un millón de amigos en las redes sociales que, seguramente, ni nos importan ni les importamos tanto, pero que nos entretienen mucho con sus últimas compras, viajes o almuerzos? Les aseguro que varios estamos más al tanto de que Juan Pérez se está comiendo una hamburguesa gigante en este instante, que de lo que nuestro esposo(a) almorzó hace un par de horas. ¿Estamos enterados (o interesados) en lo que le pasa al otro que convive con nosotros, nos preocupa lo que siente en lo más profundo de su corazón, qué miedos o alegrías lo están moviendo hoy, más de lo que lo estamos sobre los desengaños amorosos de la artista de moda?


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Si bien la tecnología puede ser una gran herramienta para unir —por ejemplo, si la familia vive lejos es genial poder estar conectados y compartir en tiempo real lo que vivimos— también puede ser un excelente medio para alejar. Porque si analizamos bien, lo que se está poniendo en juego no es la comunicación —el intercambio de información—, sino la comunión, el encuentro entre personas. Lo importante no es solo recibir información, sino relacionarnos con quien nos está transmitiendo lo que le está pasando y busca en nuestro rostro un gesto de apoyo, de alegría, de lo que sea… mientras sea una respuesta humana a sus sentimientos o inquietudes. ¿Cómo aprender a leer el corazón del que más amamos sino vemos, de vez en cuando, sus ojos?

Deberíamos reflexionar si es que la pantalla no se ha convertido en un punto de fuga individual, que ya no reúne a la familia para ver una película —previa pelea para decidir qué se ve, aprendiendo luego a conciliar— sino que nos engaña haciéndonos pensar que evita el conflicto, porque cada uno puede ver lo que más le gusta, dejando de lado el acostumbrarse a compartir, el sacrificarse por el otro viendo un dramón que nos aburre terriblemente, pero que se vuelve un peliculón sólo porque el que amamos está a nuestro lado (aunque sea para usar su hombro de almohada).

No dejemos que la tecnología reemplace a la familia, la conectividad a la proximidad, lo táctil al contacto físico, lo virtual a la presencia del otro. Si no ponemos un límite a esta nueva adicción amorosa a nuestro teléfono, no nos sorprendamos que mañana también nuestros seres queridos nos parezcan obsoletos y sintamos que pueden ser reemplazados por el último Smartphone. Tampoco lloremos luego porque una App funciona mejor que nosotros. Total, un abogado para un divorcio exprés hoy está a sólo un click de distancia.


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