Cuentan que cuando Santo Domingo de Guzmán empezaba a desanimarse al ver que en los sitios donde predicaba la gente no se convertía y la herejía no se alejaba, le pidió a La Virgen María le diera algún remedio para conseguir la salvación de aquellas personas y que Ella le dijo en una visión: «Estos terrenos no producirán frutos de conversión sino reciben abundante lluvia de oración». Desde entonces el santo se dedicó a hacer rezar a las gentes el Padre Nuestro y el Ave María y a recomendarles que pensaran en los misterios de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús. Muy pronto las conversiones fueron muchas.

Hoy, después de la Misa, el Rosario es quizá la devoción más practicada. ¡Cuántas personas han logrado verse libres de pecados y de malas costumbres al rezar con devoción el Rosario! y ¡cuántos hemos aprendido a amar a María a través de él!

Acá te dejamos 50 razones por las cuales no te arrepentirás de rezarlo 😉