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[dropcap]Q[/dropcap]uien fuera el colaborador más cercano del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer y el primer Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo, ha sido beatificado hoy.

“Leales con Dios, leales con la Iglesia, leales con el Papa”, aconsejaba Mons. Álvaro del Portillo, quien tras incorporarse en 1935 al Opus Dei, se mantuvo en ayuda de San Josemaría por cerca de cuarenta años.


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Salvador Bernal, en su libro Recuerdo de Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, presenta un singular consejo, que me recuerda aquello que recientemente dijo el Papa, que la alegría es “el signo del cristiano” pues “un cristiano sin alegría no es cristiano”.

“Un cristiano sin alegría no es cristiano. La alegría es como el sello del cristiano, también en el dolor, en las tribulaciones, aun en las persecuciones”.

Papa Francisco.

Le aconsejó así el hoy Beato Del Portillo a una mujer: “Que te vean feliz, que te noten contenta. Entonces se preguntarán: ¿qué le pasa a nuestra hija que está más feliz que antes? Y a lo mejor te lo preguntan. Yo encomiendo a Dios que lo hagan. Entonces, tú les podrás decir: es la fe cristiana. Y la avalarás con tu ejemplo de laboriosidad y de entrega, con tu disponibilidad para servirles en todo, con la demostración de que les quieres y les ayudas”.


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San Josemaría falleció el 9 de enero de 1975, y el 15 de septiembre de ese año, Mons. Álvaro fue elegido como su primer sucesor.

Cuando la Obra, como también se conoce al Opus Dei, fue erigida como Prelatura Personal, San Juan Pablo II lo nombró Prelado y le confirió la ordenación sacerdotal, el 6 de enero de 1991.

El 15 de septiembre de 1975 fue elegido primer sucesor de San Josemaría. El 28 de noviembre de 1982, al erigir la Obra en Prelatura Personal, el Santo Padre Juan Pablo II le nombró Prelado del Opus Dei. El 6 de enero de 1991 le confirió la ordenación episcopal.

En su Carta Pastoral del 2 de febrero de 1979, Mons. Álvaro escribió: “la explosión de santidad que el Señor desea, se traduce en crecer en humildad. A más humildad, más santidad”.

Volviendo de una peregrinación a Tierra Santa, el 23 de marzo de 1994, el Beato Álvaro del Portillo entregó su alma al Señor. Ese mismo día, San Juan Pablo II acudió a rezar ante sus restos mortales.


A continuación les dejo un video que ilustra más detalles de la vida del Beato Álvaro del Portillo de una forma muy entretenida