El video muestra de manera significativa y simbólica una nueva enfermedad que se está volviendo muy común en los últimos tiempos, la que denomina “acardia”. Parece extraño este nuevo mal y si nos ponemos a averiguar la etimología encontramos que significa “la ausencia de corazón” (a – sin, kardios, corazón). Científicamente hablando podríamos decir, una situación incompatible con la vida, pues ¿quién podrá sobrevivir sin un órgano fundamental para la existencia como el corazón? Incluso, se han descrito casos de malformaciones genéticas con esta manifestación, claro está incompatibles con la vida.

Pero hoy no se nos está hablando en este sentido. El corazón no solo se entiende como el órgano biológico, sino –como en muchas épocas y culturas– como la fuente y el origen de lo más profundo del hombre, las intenciones, el bien, los sentimientos, las pasiones, la inteligencia, entre otros. Además, este es el sentido que generalmente tiene en las Sagradas Escrituras. La acardia, en este caso entonces, corresponde a la limitación y más aún la imposibilidad para el bien, para el amor, para las buenas intenciones. Se expresa como menciona el video en la indiferencia, el no salir al encuentro del hermano más necesitado. Situación que también pone en juego nuestra vida –en un sentido existencial y espiritual– pues sin amor, nuestra vida carece de sentido.

Elementos apostólicos:

Me parece muy interesante y providencial que se esté realizando esta invitación en Chile, que podríamos también extender a todo el Mundo. Renovar el llamado a la práctica de la solidaridad. Y creo que es muy propicio porque justamente en los últimos meses el Papa Francisco nos viene insistiendo mucho en la vivencia del amor, en salir al encuentro de los más necesitados, en salir a las periferias, etc. Además porque la solidaridad es una expresión muy concreta del amor cristiano, es la manifestación del Amor que recibimos de Dios, que ya se ha entregado solidariamente por cada uno de nosotros y nos enseña a amar, a entregarnos y a vivir el servicio.

Quizá algunos piensen que es exagerado decir que la “acardia” sea un mal de nuestro tiempo, sustentando que “todavía hay personas de buen corazón y sentimientos”, “las personas buenas somos más”, “generalmente hay muchos que no hacemos mal a nadie” y muchas otras ideas que se escuchan con frecuencia. Pero creo que la realidad hay que asumirla con valentía y reconocer que no es suficiente ser bueno o creerse bueno por no hacer mal; es importante además vivir de acuerdo a ello. Practicar el bien. La solidaridad y el amor no son meros sentimientos e intenciones buenas, son acciones concretas. Son acciones que brotan del corazón lleno de amor por los demás, no sólo cuando es fácil, cuando es cómodo, cuando tengo a la persona cerca, cuando tengo tiempo. El amor, parafraseando a la Madre Teresa hay que vivirlo hasta que duela. Con sacrificio en muchas ocasiones y con gran generosidad.

En estas fechas en Chile recuerdan al Santo Alberto Hurtado; sacerdote jesuita que vivió la solidaridad y el amor a los más pobres hasta el cansancio. Recordemos unas frases suyas que nos hablan de lo que significa para él la solidaridad: “Ante todo despertar en nosotros un sentido de nuestra solidaridad en Cristo, recordar que somos hermanos y sufrir, sufrir íntimamente con el dolor de nuestros hermanos”; “comprensión de los dolores que sufre nuestro mundo… Comprensión de quién es el que sufre. Mi hermano, otro yo, Cristo que se hace pobre… Si yo sufriera eso ¿Cómo lo sufriría?”.

Dinámicas:

Te propongo un par de dinámicas que te pueden ayudar a profundizar en la solidaridad:

1. El Santo Alberto Hurtado ha escrito mucho como ya te mencioné. Te invito a meditar el siguiente texto titulado “A quienes amar”.

2. También mencioné al Papa Francisco y sus intervenciones sobre este tema. Una cosa que puede ser interesante sería buscar sus textos en los cuales hable al respecto. Te doy una pista, puedes buscar las siguientes “palabras clave”:

– Cultura de encuentro

– Periferias existenciales

– Misericordia

– Amor – solidaridad

– Cultura de descarte