La humanidad ha naufragado. Me resisto a creer o siquiera utilizar esta afirmación. Si esto fuera cierto, la muerte del pequeño Aylan, como la muerte de tantos, ha sido en vano.

En los últimos meses, hemos visto tantas imágenes de la desgracia de los refugiados que ya ni siquiera ocupan titulares. Esto se ha convertido en algo normal. La gente sigue vacacionando en el Mediterráneo, no se toca el tema, ya no nos conmueve. Pero de pronto aparece un niño en la playa… y sinceramente la imagen ha sido tan desgarradora para mi, que creo que nunca más ver jugar a un niño a la orilla del mar significará lo mismo.


El artículo continua después de la publicidad:

Aylan nos ha hecho despertar de esta especie de adormecimiento frente a la tragedia que día a día sucede bajo los ojos de un mundo que ha decidido guardar silencio y mantenerse al margen.

sirios

Frente a una imagen así, ¡es tan fácil perder la esperanza!, ¡es tan complicado ponerse de pie y seguir luchando! Alguien hoy me dijo “mañana todos se olvidarán del niño…” ¡Es imposible! especialmente para nosotros los católicos, es imposible olvidar, es nuestra obligación no olvidar. Jesús murió en la cruz por todos nosotros, por nuestra salvación y resucitó de entre los muertos. Y es esa resurrección la que dice que no perdamos la esperanza, que no bajemos la guardia y sigamos en la lucha porque Cristo vive y ha vencido a la muerte. Es porque Cristo vive que Aylan también vive.


El artículo continua después de la publicidad:

Sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 270). La fuerza de la fe, de la esperanza y de la caridad permite reducir las distancias que nos separan de los dramas humanos. Jesucristo espera siempre que lo reconozcamos en los emigrantes y en los desplazados, en los refugiados y en los exiliados, y asimismo nos llama a compartir nuestros recursos, y en ocasiones a renunciar a nuestro bienestar.Papa Francisco

Tratar de comprender la muerte de este pequeño, sin Dios, es casi imposible. Si Aylan ha despertado al mundo, no nos volvamos a quedar dormidos.

“Ustedes anuncian la resurrección de Cristo compartiendo el dolor y la ayuda solidaria que prestan a los centenares de miles de refugiados; con vuestro camino al sufrimiento, que tiene el riesgo de sofocar la esperanza; con vuestro servicio de fraternidad que corre el riesgo también de momentos de oscuridad en la existencia”.  Papa Francisco

¡Recemos mucho por nuestros hermanos refugiados que sufren! Si quieres firmar una petición para dar solución a la crisis migratoria entra aquí.