Hoy les quiero compartir una historia que me ha conmovido hasta las lagrimas. ¿Por qué? Por lo clara, contundente y real que es la fe; por la fuerza inexplicable que tiene la oración confiada y llena de amor (que puede parecer atrevida) y porque esta historia le ha caído como valde de agua fría a mi pobre fe. Como dice el padre de Joy: «lo que sucedió fue un milagro y no estoy usando una figura literaria». La historia me llamó la atención desde el momento que leí el título y vi el nombre de la pequeña: Joy. Es profundamente conmovedor como Dios cuida de nosotros, sus pequeños hijos que necesitamos tanto de Él.

Acá les dejo un resumen de la historia: El 28 de diciembre, Joy Laboda, una niña de 1 año 7 meses sobrevivió luego de perder la respiración y el ritmo cardíaco cerca de 30 minutos al caerse a una piscina. El accidente ocurrió mientras la familia católica Laboda visitaba la casa de unos familiares con motivo de la Navidad. Cuando la llevaban en la ambulancia su cuerpo estaba rígido y no tenía latidos del corazón. Los rescatistas no eran optimistas sobre su supervivencia, temían lo peor: el corazón de Joy no había latido durante al menos 30 minutos.


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Desde el día del accidente los padres de Joy, crearon la página de Facebook «Pray for Joy» en la que piden oraciones para la recuperación de su hija y detallan los avances de su estado de salud. Joy, a pesar de haber estado en un coma inducido por tener afectados el corazón, cerebro y pulmones, y haber sido operada para remover un coágulo de sangre, luego de dos semanas se encuentra estable y sin daño cerebral.

«En la primera semana después del accidente de Joy no pensé que alguna vez volvería a sonreír. Era tanta la oscuridad… pero a través de sus oraciones Dios levantó esa oscuridad y trajo a nuestra niña a la vida. Sé, sin lugar a dudas, que Dios realmente escucha y responde las oraciones de sus hijos. Su gloria se está dando a conocer a través de nuestra Joy, y de hecho, estoy sonriendo otra vez mientras sostengo mi bebé enferma, pero muy viva”, dijo la madre de la niña, Kristin.


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Es muy hermoso como relata la historia del accidente, Matt, el padre de Joy:

«En un minuto nos dimos cuenta de que Joy había desaparecido. En mi corazón sabía que algo estaba terriblemente mal. Así que, corrí a la pileta de la propiedad y la busqué entre las sombras y los peces. Momentáneamente me sentí aliviado, pero oí al Espíritu Santo decirme que fuese a la piscina. Corrí a ésta y vi a Joy flotando encima del agua. Inmediatamente salté sobre la cerca y me metí en el agua. La saqué de la piscina, y mi cuñado y yo iniciamos la reanimación cardiopulmonar. Luego llamamos al 911, pero parecía una eternidad antes de que los paramédicos llegaran. Mientras le respiraba a Joy, rezaba para que ese aliento “fuera el aliento de Dios en ella”. Rogué al Espíritu Santo para que entrara en ella. Sus labios estaban azules y sus hermosos ojos se abrieron. Podía ver sus pupilas encogiéndose a un ritmo alarmante. Entonces empecé a orar y decía en palabras de Jesús, ‘Talitha Koum’ (niña, te digo, levántate). Sabía que necesitábamos un milagro porque en realidad podía sentir que ella se iba».

En camino al hospital para niños Matt cerró los ojos y continuó rezando a Dios «sé que ella es tu hija, pero ella también es mi hija. Ahora no es el momento adecuado». Una de esas frases que conmueve el corazón de Dios y que no lo deja indiferente. Al llegar al área de emergencias médicas, Matt vio entrar rápidamente al médico y aunque su rostro transmitía negatividad al salir, les dijo a ambos padres que a Joy aún le latía el corazón. «Eso era todo lo que necesitaba oír. Esa era toda la esperanza que buscaba», dijo Matt.

Creo que este es un bonito recurso para nunca perder la fe en el amor de Dios por sus hijos. ¡Comparte con tus amigos!