Durante estos días hemos visto como los límites de las capacidades físicas de los humanos no están del todo claros. Nadie puede decir que «no se puede correr tan rápido» o que «no se puede saltar tan alto». Ese tipo de afirmaciones son echadas por tierra cada vez que se realizan los Juegos Olímpicos.

Estas personas que se esfuerzan y llevan sus cuerpos al límite superando sus propios récords y expectativas, nos dan un gran ejemplo aplicable a nuestras vidas sobre lo que el deporte y el ejercicio físico enseñan. De hecho, el Papa Francisco, en sus intenciones de oración para este mes de Agosto, nos recuerda que el deporte es un lugar de encuentro y fraternidad para todos, en él podemos romper las distancias y acercarnos a nuestro hermano.


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Durante la historia muchos hombres de fe han visto en la práctica del deporte una posibilidad de formar a otros (sobre todo jóvenes), de disciplinarse a ellos mismos y de formarse como personas integrales. San Pablo, en muchas ocasiones, usó al deporte como ejemplo para explicar cómo debemos vivir los cristianos: compitiendo en una carrera limpiamente, entrenando para obtener la corona de gloria que no se marchita y buscando correr la más importante de todas las carreras, la de vivir como hijos de Dios buscando su voluntad.

Para aquellos que aman el deporte y lo practican, pero también para aquellos que aún no se animan, les compartimos una galería de Santos, personas espirituales y católicos contemporáneos, que hicieron y hacen al deporte parte de sus vidas.