Y volvió con el zorro. –Adiós –dijo el principito con tristeza. –Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto: Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos. –Solo con el corazón… Lo esencial es invisible a los ojos… –repitió el principito para recordarlo.  –Lo que hace importante a tu rosa, es el tiempo que le has dedicado. –…es el tiempo que le he dedicado… –repitió el principito con el fin de recordarlo. –Los hombres han olvidado esta gran verdad –dijo el zorro–. ¡Tú no debes olvidarla! Eres responsable, por siempre, de lo que hayas domesticado ¡Eres responsable de tu rosa!… –Soy responsable de mi rosa… –repitió el principito para recordarlo – El Principito.


El artículo continua después de la publicidad:


Publicidad:

Antoine de Saint-Exupéry

Después, el zorro añadió: –Ve a ver las rosas una vez más; comprenderás que la tuya sí es única en el mundo. Regresarás para decirme adiós y yo te regalaré un secreto. El principito se fue a ver nuevamente a las rosas. Les dijo: –En efecto, no se parecen a mi rosa. Ustedes todavía no son nada. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, un zorro común y corriente que en nada se diferenciaba de los otros cien mil zorros. Sin embargo, ahora, él es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles: –Son realmente muy bellas pero están vacías. Nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera puede creer que mí rosa es igual. ¡No es así! Ella es más importante que todas ustedes juntas porque a ella he regado, a ella cuidé y protegí con el biombo, porque la libré de los gusanos, dejando solo los que serían mariposas. Porque es ella a la que oí quejarse, vanagloriarse y, a veces, hasta callarse. Porque, finalmente, ella es mi rosa.

Y volvió con el zorro. –Adiós –dijo el principito con tristeza. –Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto: Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos. –Solo con el corazón… Lo esencial es invisible a los ojos… –repitió el principito para recordarlo.  –Lo que hace importante a tu rosa, es el tiempo que le has dedicado. –…es el tiempo que le he dedicado… –repitió el principito con el fin de recordarlo. –Los hombres han olvidado esta gran verdad –dijo el zorro–. ¡Tú no debes olvidarla! Eres responsable, por siempre, de lo que hayas domesticado ¡Eres responsable de tu rosa!… –Soy responsable de mi rosa… –repitió el principito para recordarlo –  El Principito.