¿Qué consejos le daría a un penitente para hacer una buena confesión?

– Que piense en la verdad de su vida frente a Dios, qué siente, qué piensa. Que sepa mirarse con sinceridad a sí mismo y a su pecado. Y que se sienta pecador, que se deje sorprender, asombrar por Dios. Para que Él nos llene con el don de su misericordia infinita debemos advertir nuestra necesidad, nuestro vacío, nuestra miseria. No podemos ser soberbios – El nombre de Dios es misericordia.

Papa Francisco

¿Qué consejos le daría a un penitente para hacer una buena confesión?

Que piense en la verdad de su vida frente a Dios, qué siente, qué piensa. Que sepa mirarse con sinceridad a sí mismo y a su pecado. Y que se sienta pecador, que se deje sorprender, asombrar por Dios. Para que Él nos llene con el don de su misericordia infinita debemos advertir nuestra necesidad, nuestro vacío, nuestra miseria. No podemos ser soberbios.

Me viene a la cabeza la historia que me contó una vez un dirigente argentino al que conocía. Tenía un colega que parecía muy comprometido con la vida cristiana: rezaba el rosario, hacía lecturas espirituales, etcétera. Un día le había confesado, en passant, como quien no quiere la cosa, que tenía una relación con su propia empleada de hogar. Y le había dado a entender que lo consideraba algo normal, pues —decía— estas personas, es decir, los criados, en el fondo estaban allí también «para eso». Mi amigo se había escandalizado, pues el colega en definitiva le estaba diciendo que creía en la existencia de seres humanos superiores e inferiores: estos últimos destinados a ser explotados y «usados», como aquella empleada de hogar. Me impresionó ese ejemplo: a pesar de todas las objeciones que se le hacían, aquel hombre seguía firme en su idea, impermeable. Y seguía considerándose un buen cristiano porque rezaba, leía textos espirituales cada día y los domingos iba a misa. He aquí un caso de soberbia, lo contrario de ese corazón hecho pedazos del que hablan los padres de la Iglesia – El nombre de Dios es misericordia.