11 consejos para un exseminarista (seguro que conoces alguno)



Hace un par de años salí del seminario de la diócesis a la que pertenezco. Puede decirse que soy un exseminarista. A los días de mi partida un amigo me envió un mensaje parecido a este. En ese momento de grandes expectativas e inseguridades, sus consejos fueron y siguen siendo de gran provecho para mí.  Es por eso, que en esta ocasión, quise escribir algo parecido pero desde mi propia experiencia.

Espero que estos 11 consejos sean luz para algunos, que en esta, o en otras circunstancias parecidas, han discernido su vocación. Reincorporarse a la vida cotidiana no es nada fácil, por eso quiero darte algunas claves para no dejar atrás las cosas tan importantes que viviste en el seminario.


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1. Reincorpórate con humildad

Reincorporarte a tu familia, a la sociedad, a tus grupos de amigos pero sobre todo a tu comunidad parroquial con humildad y dejando de lado el “Dios no quiso”, “yo no quise”, etc. Sino con la certeza de que Dios pide otra cosa mucho mejor para ti (pues cada quien vive en plenitud su propia vocación). El seminario no es solamente un lugar para formarse para el sacerdocio, sino también para discernir la vocación, para crecer como persona y , si Dios no lo quiere, darse cuenta de que no es por ahí lo cual es válido y totalmente normal.


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2. Sigue trabajando por el Reino de Dios


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Al reinsertarte en tu comunidad busca ponerte al servicio de tu párroco y de la comunidad entera, ya sea liderando un grupo, promoviendo actividades de evangelización y misión, o integrándote a un ministerio. Que vean en ti un soporte, un apóstol, un colaborador dispuesto y no una carga de amargura e indiferencia.

3. Sigue formándote

Ya no eres seminarista pero sigues siendo cristiano. Sigue trabajando en tu formación humana, espiritual y académica pues si bien, no estarás al frente de una parroquia seguirás trabajando dentro de la Iglesia como laico. Vive una vida sacramental intensa y de oración pues no solo el sacerdote necesita de ello sino todos nosotros por nuestra naturaleza frágil. Además hoy conoces el inmenso valor de los sacramentos, ¿por qué dejarlos de lado o descuidarlos?

4. No dejes que el ruido del mundo y el quehacer diario te hagan descuidar lo espiritual

Si bien es cierto que fuera de la casa de formación se deben tomar más responsabilidades, también es cierto que no es imposible seguir frecuentando los sacramentos y viviendo la oración de forma frecuente. Eres exseminarista, no excristiano 🙂 No dejes que tus nuevas responsabilidades sofoquen lo que tanto has trabajado en el seminario, solo es cuestión de organizarse y establecer prioridades.

5. Comparte tu experiencia de formación con otros

Ahora debes ser un líder en tu parroquia, en tu familia y en tu entorno en cuestiones de fe y de moral, pues lo que hoy eres es gracias a esa misma Iglesia de Dios que durante tu estadía en el seminario te dio todas las facilidades para formarte: retribuye ello con tu servicio y participación. Comparte lo aprendido con los demás con caridad y humildad.

6. Sé un promotor vocacional a tiempo y destiempo

Que tu testimonio de vida, experiencia y anécdotas despierten en otros el deseo de buscar su vocación. Que tu ejemplo acerque a otros al seminario para que al igual que tú, disciernan su vocación a los pies del Maestro. Tú experiencia de discernimiento puede ayudar a otros a no tener miedo de cuestionarse sobre lo que Dios quiere para sus vidas.

7. Sé amigo y colaborador de aquellos que se quedan

 

Quienes se formaban contigo en el seminario siguen siendo tus hermanos. No descuides tu amistad con ellos, visítalos y sigue conversando con ellos, es muy importante que no pierdas el vínculo, ellos pueden ser un gran apoyo para ti, pero sobre todo no dejes de orar por cada uno pues sabes que el caminar de la vocación a la vida consagrada no es sencillo. 

8. Sé agradecido con el seminario, ve en el seminario una segunda casa

El seminario te ha hecho quien hoy eres (haya sido mucho o poco el tiempo que pasaste ahí) sé agradecido y sé cercano. Cuando yo opté por dejar el seminario fue algo en lo que me insistieron mis formadores: «recuerda que esta es tu casa», y hoy que escribo esto reafirmo que a pesar de que fue corta mi estadía tengo un gran amor por esa casa en la cual viví, estudié, caminé, reí, lloré e hice grandes amistades.

9. Sé agradecido con quienes fueron tus formadores

Ve en ellos maestros y amigos. Sé atento con ellos por las interminables pláticas y direcciones espirituales en momentos de gozo y tristeza que experimentaste. Por sus consejos e increíble disposición. Aprende a valorar lo recibido y sobre todo ora por ellos pues de ellos dependen los futuros pastores del pueblo de Dios.

10. Ve en la Iglesia una madre a la cual amar y defender

La Iglesia para la cual te estabas formando para pastorear te recibe con los brazos abiertos y gozosa por tener un laico de gran calidad en sus filas. Que tu partida del seminario no sea motivo para experimentar culpa, haz cumplido tu responsabilidad de discernir la vocación. Mantente cercano a la Iglesia, porque ella necesita de tu fe en medio del mundo.

11. Replantea tu proyecto de vida

Es obvio que el objetivo que hoy persigues ya no es exactamente el mismo (la vida consagrada) replantea tu proyecto de vida, no camines sin rumbo, a la deriva y a donde te lleve la vida. pues si no sabes qué quieres y a dónde vas,  ¿qué importa lo que hagas hoy o mañana? No caigas en la monotonía incierta.


Quizá ya sepas estas cosas pero a mi en lo personal fue providente que me enviaran un texto parecido y aún hoy sigue siendo útil. Espero estos consejos te sean de ayuda o por lo menos sirvan para recordarte lo que ahora la Iglesia espera de ti (sin presiones eh). Te mando un abrazo donde quiera que estés y te encomiendo siempre en mi oración, espero contar con la tuya.


Artículo escrito por Bernardo Dueñas Moreno.

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Nuestro lector invitado es una persona muy comprometida con nuestro proyecto, que después de leer y usar nuestros contenidos, se anima a escribir y a mandarnos sus artículos para compartir sus dones con los demás y hacer mucho apostolado.


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