¿Has sentido el llamado de Dios? Un hermoso video que te mostrará cómo responder.



La mies es grande, por no decir inmensa, los obreros pocos, por no decir escasísimos, la oración imprescindible, por eso hay que rezarle más al dueño de la mies. Pero ¿qué hemos de pedirle? Obvio, lo que Él mismo ha dicho: «que nos envíe más obreros, sí, que envíe más obreros a su mies» (Cfr. Mt 9, 38).

Sin embargo, ¿qué entendemos cuando así rezamos? Pues, dos conclusiones se podrían sacar de esta petición, es decir, sobre la petición del envío: O Dios no llama más obreros, por lo que habría que convencerlo de que cambie de opinión y lo haga, lo cual no tendría mucho sentido, visto que Él es el primero que desea ardientemente incendiar con su amor hasta los últimos confines de la tierra, o bien y mejor, Dios los llama, pero estos no escuchan o escuchan, pero no responden, o responden pero no perseveran. Entonces lo que en realidad debemos pedir cuando decimos «¡envíanos más obreros!» es que aquellos que son llamados escuchen; y si escuchan, respondan, y si responden que sean perseverantes y fieles a su llamada. Sí, así habría que rezarle al dueño de la mies. No temamos, Él responderá. Él donará las gracias necesarias para ensanchar y volver más generosos los corazones de  sus elegidos. Y si de casualidad percibes que eres tú uno de aquellos que el Señor llama por nombre, reza también por ti, para que Dios te de la fuerza, para que te haga más generoso. Porque aquí la ley fundamental es aquella de la generosidad o del amor (que es lo mismo), como decía con pasión el Padre Hurtado durante un retiro de Semana Santa para jóvenes en 1946:


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«Si Él te llamara, ¿qué harías?… Quisiera que lo pensaras a fondo, porque esto es lo esencial de los retiros espirituales. Los retiros son un llamado a fondo a la generosidad. No se mueven por temor, ¡no se trata de asustar! […] Los retiros son para almas que quieran subir, y mientras más arriba mejor; son para quienes han entendido qué significa Amar, y que el cristianismo es amor, que el mandamiento grande por excelencia es el del amor. La prueba de la fe es el amor, amor heroico, y el heroísmo no es obligatorio. El sacerdocio, las misiones, las obras de caridad no son materia de obligaciones, de pecado, son absolutamente necesarias para la Iglesia y son obra de la generosidad. El día que no haya sacerdotes no habrá sacramentos, y el sacerdocio no es obligatorio; el día que no haya misioneros, no avanzará la fe, y las misiones no son obligatorias; el día que no haya quienes cuiden a los leprosos y a los pobres no habrá el testimonio distintivo de Cristo, y esas obras no son obligatorias… El día que no haya santos, no habrá Iglesia y la santidad no es obligatoria. ¡Qué grande es esta idea! ¡La Iglesia no vive del cumplimiento del deber, sino de la generosidad de sus fieles!

Si Él te llamara, ¿qué le dirías? ¿En qué disposición estás? ¡¡Pide, ruega estar en la mejor!! San Ignacio pide al que entra en Ejercicios: ¡Grande ánimo y liberalidad para con Dios Nuestro Señor! ¡¡Querer afectarse y entregarse enteros!!

Señor, si en nuestro atribulado siglo XX, que viene saliendo de esta horrenda carnicería: campos de concentración, deportaciones, bombardeos, que trabajó afanosamente por matar con armas mil veces peores, que se despedazan por poseer más, por más negocios, más confort, más honras, menos dolor; si en este mundo del siglo XX, una generación comprendiese su misión y quisiera dar testimonio del Cristo en que cree, no sólo con gritos que nada significan de Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera… ¿Dónde?, sino en la ofrenda humilde, silenciosa de sus vidas, para hacerlo reinar por los caminos en que Cristo quiere reinar: en su pobreza, mansedumbre, humillación, en sus dolores, en su oración, ¡¡en su caridad humilde y abnegada!! ¡Si Cristo encontrara esa generación! Si Cristo encontrara uno… ¿querrás ser tú?, el más humilde. El más inútil a los ojos del mundo, puede ser el más útil a los ojos de Dios… Yo, Señor, nada valgo… pero confuso, con temor y temblor, yo te ofrezco mi propio corazón».


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Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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