Divorciados vueltos a casar: 5 pautas para volver a casa



Gracias a la acogida que tuvo la primera parte de esta galería quisimos continuar con algunos consejos, siguiendo las enseñanzas el Papa Francisco sobre los divorciados cuando nos dice que «el camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre». Por eso hemos querido dar algunas herramientas para ayudar a todos aquellos que quieren acercarse a la Iglesia y volver a tener una relación con Dios buscando vivir de acuerdo a lo que Él nos pide en cada situación concreta de la vida, según nuestro estado y condición.

Atendiendo a sus inquietudes, hemos preparado estos consejos para quienes han vivido el divorcio, han vuelto a conformar una familia y están en el camino de regreso a casa. También son muy útiles para todos aquellos que hacemos apostolado a amigos o conocidos que viven en esta situación para que podamos ayudarlos a recibir de nuevo el abrazo de Dios, nuestro Padre.


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1. Dios es un Padre Misericordioso que siempre sale al encuentro

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El hijo pródigo dio un paso más hacia delante y de pronto comenzó a escuchar gritos, alaridos, exclamaciones de alegría, de júbilo, de sorpresa. La voz que escucha le era familiar, la había escuchado desde pequeño. De repente se sintió en el suelo, alguien lo había tirado de un abrazo. Los besos que recibió en ese camino le generaron algo que hacía tiempo no sentía: ser amado. Después de recomponerse un poco se dio cuenta que era su papá quien le había salido al encuentro. Entonces puso en práctica todo lo “correcto” que debía decirle. Había ensayado sus mejores excusas para disculparse. Tenía la mejor confesión para no ser excomulgado de la vida de su familia. Pero nada de eso era necesario. Porque la misericordia no pide explicaciones, sino que te tapa la boca con sus besos de gracia y amor.


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Por eso el primer paso para ese acercamiento es creer que la misericordia y la acogida de Dios es real.


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2.Todos cometemos errores

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Las personas que se han divorciado han recorrido un camino similar al del hijo pródigo. Como todos los seres humanos. Un camino que nos aleja de nuestro Padre y todo lo que Él representa: misericordia, gracia y amor. Quizá en medio de nuestros errores o en medio de las consecuencias de errores de otros, nos hemos alejado y estamos en medio del camino de la vida deseando ser abrazados y besados con amor misericordioso. Es una de las necesidades básicas que tenemos como personas, ser amados, valorados y perdonados. Acércate sin temor a Dios y permite que Él te muestre los caminos para acercarte a Él de nuevo.


3. Comprométete con tu vida cristiana

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Habiendo recibido ese abrazo cargado de amor, de añoranza por el tiempo en que estuvieron distanciados, es momento de aceptar que ese amor que Dios desea entregar, se recibe por medio de la vida de fe, del compromiso (no siempre cómodo) por vivir una vida conforme a las costumbres de la casa paterna. No como una imposición de normas, sino como la expresión de que, estando en casa, también me hago cargo de ella.


4. Busca ayuda y déjate acompañar

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No siempre la comunidad sabe entregar de la mejor manera ese abrazo que Dios desea dar, pero eso no significa que no seamos acogidos ni amados. No dejemos de buscar esos brazos en la conversación con otros hermanos, con otros matrimonios y familias, en el dejarnos acompañar y consolar por algún sacerdote o algún amigo que viva activamente su fe. Recibir ese abrazo implica estar cerca de quien nos lo da y permitirle acercarse.


5. Ten una comunión espiritual frecuente. Si es posible siempre que asistas a misa

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El matrimonio es un sacramento indisoluble, que compromete a un hombre y a una mujer a una unión de por vida en las que el amor, la unión de los esposos y el bienestar de los hijos son sus fines. Tal vez no conocías las implicancias o el significado del matrimonio cuando te casaste (esto es muy común), tal vez hubo condiciones que hicieron esta unión inviable, las razones las conoce tu corazón. Que tu corazón no esté en gracia no significa que el anhelo de Dios desaparezca, siempre está ahí y es fuerte. Al no poder acercarte a recibir el sacramento de la Eucaristía puedes siempre hacer una comunión espiritual. Aquí te dejamos una oración muy bella que te acompañará a recibir a Cristo en tu corazón mientras no puedas hacerlo físicamente:

«Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti» Amén.


Artículo escrito por Gabriel Salcedo.

Autor invitado

El autor invitado es una de esas personas geniales que uno invita porque sabe que puede aportar muchísimo. Ha estudiado en lugares importantes, ha leído y escrito mucho, posee una gran cultura y siempre tiene una sonrisa y una palabra de aliento para todas las personas que conoce.


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