Testimonios Olímpicos. 7 historias para conmoverse



El deporte y lo que provoca en el hombre es tan grande, que incluso en la Biblia hay ejemplos usando el ejercicio físico para que podamos comprender mejor la vida espiritual.  El mismo San Juan Pablo II usó un ejemplo deportivo para ayudarnos a comprender que «la vida se puede comparar a una maratón, que todos estamos llamados a correr, cada uno con modalidades y ritmo diversos. Pero a todos nos espera la misma meta: el encuentro con Cristo» (San Juan Pablo II, mensaje a los Atletas de la Maratón de Roma, 2000).

Nuestra vida entera es como una Olimpiada, un tiempo de preparación y entrenamiento para cuando llegue el momento de ser probados. San Juan Pablo II, parafraseando a San Pablo, quien un par de veces  habló de los atletas para explicar cosas de la vida espiritual, dijo que: «Los atletas se privan de todo» (1 Co 9, 25). En efecto, sin equilibrio, autodisciplina, sobriedad y capacidad de relacionarse honradamente con los demás, el deportista no puede comprender plenamente el sentido de una actividad física destinada no sólo a robustecer el cuerpo, sino también la mente y el corazón» (San Juan Pablo II, mensaje a la Sociedad Deportiva Lazio, Italia. 2000).


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Es que el deporte es ejemplo en muchos aspectos, las historias de los deportistas, nobles, esforzados y virtuosos, nos hablan también de la vida espiritual, de las cosas que vivimos a diario. El esfuerzo, la perseverancia, la derrota, la crítica y el desánimo son cosas que enfrentamos con más frecuencia de la que nos gustaría.

Dentro de la historia de los Juegos Olímpicos, hemos seleccionado algunos testimonios, no solo de récords y hazañas que desafían los límites humanos, sino que de nobleza, pasión y virtud, esa a la que estamos llamados a vivir todos, tanto los deportistas, como la gente común y corriente como tú y como yo.


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Testimonios Olímpicos. 7 historias para conmoverse

Dejó los juegos Olímpicos por amor su papá

Joana Bolling tiene 20 años y es jugadora de handball, deportista al igual que su papá, quien era jugador de básquetbol. Ella es parte de la selección de Argentina y se preparaba durante estos meses para participar de los Juegos Olímpicos en Río. Su papá, enfermó gravemente de una insuficiencia renal, por lo que requirió de un donante. Joana, ante la oposición de su papá, sin dudarlo decidió ser la donante postergando su carrera deportiva y dejando de lado aquello para lo que se ha preparado por años: su participación en los Olímpicos para salvarle la vida a su papá.
Joana nos enseña sobre las decisiones y las prioridades. ¿Tu familia es más importante que tu carrera y desarrollo personal?

Terminar sí o sí

El espíritu Olímpico lo expuso cabalmente Gabriela Andersen (Suiza), maratonista, quien en 1984 , bajo 30ºC en la ciudad de Los Ángeles (EEUU) hizo a un estadio completo ponerse de pie para recibirla con una ovación.
Ella no ganó, pero demostró determinación y perseverancia. Llegó al estadio olímpico deshidratada, acalambrada y con la mitad de su cuerpo paralizado. La organización se movilizó rápidamente para ofrecerle ayuda en su llegada al estadio, pero ella sabía que si la recibía, sería descalificada, por lo que, sin aceptar el auxilio dado, a duras penas cruzó la meta.
Ella dijo años después: “Era mi única oportunidad de terminar una maratón con un estadio olímpico”.
El testimonio de Gabriela nos interpela. Cuando todo se viene encima, ¿estás dispuesto a seguir avanzando y terminar la carrera?

Contra todo pronóstico e historial médico

Si alguien sufre grandes enfermedades en su infancia, tiene pocas posibilidades de romper algún record en cuanto al desempeño físico. No es el caso de Wilma Rudolph, quien es la vigésima de 22 hermanos y quien siendo niña sufrió de múltiples y graves enfermedades, dentro de ellas Poliomelitis, la cual la mantuvo con una pierna paralizada por varios años durante su niñez.
Ella en los Juegos Olímpicos de Roma, en1960, representando a EEUU ganó 3 medallas de oro en 100, 200 mts planos y relevo corto; y en 1961 rompió el record del mundo en 100 mts planos. Estos triunfos le merecieron el apodo de Gacela Negra.
Seguro te han dicho muchas veces que no puedes o que no tienes las condiciones: ¿Te animas a seguir el ejemplo de Wilma y perseverar contra todo pronóstico?

Para dar un buen ejemplo

Con dos costillas fracturadas y gripe, el peruano Roberto Carcelén corrió la competencia de esquí de fondo en los Juegos Olímpicos de Inverno Sochi, 2014. Diez días antes de la competencia se lesionó en Austria, por lo que pocos se explicaban por qué corrió si no tenía ninguna posibilidad deportiva de obtener un buen resultado, de hecho, demoró el doble del tiempo que el ganador. El respondió: “Con mucho dolor, me costó mucho respirar. Perú aquí estamos, cumplí lo prometido y ojalá sirva de ejemplo”.
Roberto nos enseña algo grande, y nos invita a reflexionar: ¿Hacemos las cosas porque sacaremos provecho de ellas o porque es realmente lo correcto?

Cuando el propósito es grande, el dolor queda de lado

Luego de que su primer salto le significara un doloroso esguince de tobillo, la joven Kerri Strug (18 años) realizó su segundo intento frente al caballete en la prueba de Salto, en la competencia de Gimnasia Artística por equipos en los Olímpicos de Atlanta en 1996. Estados Unidos necesitaba un buen salto de Kerri para obtener la medalla de oro. Aun con el tobillo lesionado, tomó carrera y realizó el salto con una caída perfecta. Su hazaña llevó a que su equipo obtuviera 7 medallas de oro.
Cuando experimentas dolor (físico o espiritual), tal como lo experimentó Kerri: ¿Eres capaz de volver a intentar un nuevo salto de fe?

Buscar otras formas, perder el temor a lo nuevo

Hasta el año 1963 el Salto Alto se realizaba de frente, es decir pasando el pecho sobre la vara horizontal, como un clavado en el agua pero hacia arriba. Dick Fosbury, con 16 años innovó. Hizo su salto de espaldas a la varilla, pues notó que así era más flexible y lograba mayor altura. Lo tildaron de loco más que de innovador. En 1968 clasificó a los juegos universitarios en EEUU y luego a los Juegos Olímpicos de México ese mismo año.
Ante la mirada perpleja de todos, logró el oro y un record Olímpico al saltar 2,24 mts. Luego de esos juegos se retiró del atletismo, pero ese tipo de salto hoy lleva su nombre, el Fosbury Flop y la ciencia a demostrado que esa técnica es la más eficiente al momento de saltar. Hoy en día todos los saltadores la utilizan y nadie se burla.
Mirando el atrevimento del joven Fosbury, cuando las cosas se ponen difíciles: ¿Te atreves a proponer esas ideas que tienes en mente pero que crees que las criticarán los demás?

Si lo miras desde el otro lado, un defecto puede ser una virtud

Bob Kurland (EEUU) medía 2,10mts. Como era alto, tenía algunos problemas de coordinación, por lo que sus padres decidieron que hiciera deporte y eligieron el básquetbol. Era tanta su altura que ni siquiera fue reclutado para la segunda Guerra Mundial. Se destacó como jugador universitario y fue invitado a jugar en varios equipos de la NBA pero no aceptó, aunque si lo hizo para jugar por la selección de los EEUU. Era tanta su altura que se le hacía fácil tomar los balones que rebotaban bajo el aro e intimidar a los contrincantes.
En los Olímpicos de 1948 ayudó a su equipo a obtener el oro, siendo uno de los que más anotaciones hizo. Su estatura causó revuelo, incluso las autoridades del básquetbol propusieron prohibir que jugaran personas tan altas. Hoy estos equipos buscan jugadores altos, pues luego de Rob, notaron las ventajas de este tipo de personas en el juego. Bob se repitió el plato en los siguientes Olímpicos y fue el primer jugador de básquetbol en ganar dos oros.
¿Te han hecho sentir que tus características físicas te convierten en una persona no apropiada? Pues nada más mira el ejemplo de Bob.


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Es Chileno, misionero laico a tiempo completo, dedicado a la Evangelización de jóvenes. Charlista y escritor. www.sebacampos.com


Es Chileno, misionero laico a tiempo completo, dedicado a la Evangelización de jóvenes. Charlista y escritor. www.sebacampos.com

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