Película apostólica recomendada: «La sociedad de los poetas muertos» (1989)

«Solo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre lo será».



Cuando se hace una lista de las películas del ya difunto actor Robin Williams seguramente una de las primeras en aparecer va a ser «Dead Poets Society» (La sociedad de los poetas muertos en latinoamérica). Es un clásico sin lugar a discusión. La historia es simple: Johhn Keating (Robin Williams) es un profesor de literatura, que a través de la poesía,  inspira a sus alumnos de la prestigiosa preparatoria Welton a que piensen con su propia cabeza y no con los criterios que el mundo les impone. Esto lleva a los jóvenes a hacer cosas que nunca en su vida habían considerado hacer. Si bien la película es de 1989, me parece que tiene unos elementos muy actuales que sirven para ilustrar una realidad que sigue vigente hasta el día de hoy. Estos son esos puntos:



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1. El «pseudo» cristianismo vs el profesor John Keating

La preparatoria Welton y sus profesores rígidos atados a la tradición de la institución son los que personifican a lo que se conoce como «pseudo» cristianismo. Según estos docentes y las normas de la escuela, la vida debe de ser un constante mirar hacia el futuro, olvidándose del presente y proyectando todas nuestras acciones hacia el mañana. Matarse estudiando y renunciar a la vida hoy, para mañana ser un profesional. Este «pseudo» cristianismo sostiene que es necesario sufrir hoy, para ser consolados luego en el Cielo. Bueno, eso no es lo que estamos llamados a vivir. Es el personaje de Williams quien da la clave en la película para vivir como verdaderos cristianos: «Carpe Diem». El profesor Keating, ya desde la primera clase, les da la pauta para que despierten de ese estado de «zombies » en el que la escuela y sus profesores los han educado. Nosotros a veces también caemos en ese estado, dándole sentido a nuestra vida porque mañana vamos a estar en el cielo. El paraíso ha de vivirse en el presente. Es posible la felicidad en la tierra. En el cielo va a ser más plena, pero hoy podemos ser felices. San Pablo dice: «Estad alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres».  Dios está con nosotros hoy acá y ahora. Es posible ser felices en Él. C. S. Lewis escribió en «Cartas del diablo a su sobrino»:

«Los humanos viven en el tiempo, pero nuestro Enemigo (Dios) les destina a la eternidad. Él quiere, por tanto, creo yo, que atiendan principalmente a dos cosas: a la eternidad misma y a ese punto del tiempo que llaman el presente. Porque el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad».


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2. El conformismo: la dificultad de mantener las creencias ante otros

poetas

La escena que retrata esto en la película es excelente. Keating lleva a su clase y les dice a tres de sus alumnos que comiencen a caminar en fila alrededor del patio. Cada uno comienza con su propio paso y velocidad y de repente los tres comienzan a caminar al unísono formando un ritmo que le permite al resto de la clase comenzar a aplaudir a la par de los zapateos de la marcha. Es ahí cuando el profesor los frena y le dice: «No los hice pasar al frente para que hagan el ridículo, sino para ilustrar el concepto del conformismo: la dificultad de mantener sus propias creencias ante otros. Aquel que piense: “Yo no hubiera cambiado mi manera de caminar”, pregúntese qué hacía aplaudiendo. Todos necesitamos que nos acepten. Deben fiarse de sus creencias, de su originalidad aunque otros crean que son raras o poco populares y aunque el rebaño diga ‘Muy mal’».

Hoy en día es bien difícil mantenerse firme con lo que se cree. Vivimos en una sociedad que nos vive empujando a aceptar cosas que no compartimos, que no consideramos correctas. Es ahí cuando tenemos que defender nuestra postura aunque sea «rara o poco popular». Ser cristiano va a significar, más de una vez, ser un signo de contradicción.  «Dos caminos divergían en un bosque y yo tomé el menos transitado. Y eso lo cambió todo», les enseñó el profesor Keating.

«Ustedes, jóvenes, sean los primeros: ¡vayan contra la corriente y tengan el orgullo de ir justamente contra la corriente! ¡Adelante! ¡Sean valientes y vayan contra la corriente y estén orgullosos de hacerlo!” ¿Vos que pensás hacer?» (Papa Francisco).


3. Sacarle jugo a la vida no significa ahogarse en él

sociedad

Después de darle algunas lecciones de cómo deben vivir, Keating advierte a los jóvenes que aprovechar el día no significa que puedo hacer lo que se me plazca. –«Usted nos dijo que le saquemos el jugo a la vida»– se queja un alumno −«Sí, pero no que te ahogues con él»– responde el profesor. En la vida hay que saber cuándo y en qué lugar va cada cosa. Sacarle jugo a la vida, significa dar sentido a sus acciones, dar lo mejor de sí mismo y ser auténtico.

En un momento el personaje de Williams dice: «Si la historia de la humanidad fuera una poesía, ¿cuál sería tu verso?». Nosotros nos podemos preguntar: ¿qué diría la historia de mí? ¿Cuál fue mi aporte en la historia de la humanidad? –«Pero yo desde mi lugar no puedo hacer nada, no soy nadie»– me puedes decir; el profesor Keating te responde por mí: «Las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo». Quizás no todo el mundo, pero sí el mundo de quienes te rodean o el tuyo mismo. Cada uno tiene su propio verso para aportar a la gran poesía de la humanidad, no me parece justo que te lo guardes. –«Pero, ¿puedo cuidar de mí mismo?»– Pregunta uno de los alumnos de Welton a su compañero de cuarto. «¡No!» Le responde su amigo. No estamos hechos solo para nosotros. Estamos hechos, también para los demás.

Pero no nos debemos olvidar, que, en la lucha por estos sueños e ideales existe la frustración. Es decir, las cosas no siempre va a ser como nosotros queremos o como las soñamos. Tenemos que estar preparados para el fracaso. ¡Ojo! este fracaso no significa que todo está perdido y que no hay esperanza, siempre hay caminos de solución. Esa fue la lección que le faltó aprender a Neil, uno de los personajes de la película. Como bien dice el profesor: «hay un momento para el valor y otro para la prudencia y el que es inteligente los distingue».

Ignacio Romero

Nacho tiene 19 años y estudia periodismo. Es el segundo hijo de una familia de 7. Le gusta el arte, tanto el plástico como el audiovisual. Los jueves en la noche coordina un grupo de 9 chicos que se van a confirmar.


Ignacio Romero

Nacho tiene 19 años y estudia periodismo. Es el segundo hijo de una familia de 7. Le gusta el arte, tanto el plástico como el audiovisual. Los jueves en la noche coordina un grupo de 9 chicos que se van a confirmar.

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