Película apostólica recomendada: «Las llaves del Reino» (1944)



Pocas historias tan conmovedoras sobre el amor universal, la perseverancia y la entrega al prójimo como la del p. Francis Chisholm, protagonista de «Las llaves del Reino». Esta película, basada en el libro escrito por A. J. Cronin en 1941, fue llevada al cine pocos años después con nada menos que Gregory Peck como actor principal. La historia del p. Chisholm, enviado como misionero a la China de finales del siglo XIX, sigue cautivando por su generosidad, dramatismo y su mensaje profundamente cristiano. Es ciertamente una película que todo católico debería ver, y que nos sigue hablando con mucha claridad sin importar el paso de los años. ¿Qué nos sigue enseñando esta película?



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1. La caridad vence toda barrera

No solo las culturales, sino también las barreras del odio y de la indiferencia. Con su testimonio de caridad poco a poco el p. Chisholm va llenando de amor cristiano a quienes entran en contacto con su misión. No solo se gana el respeto de los demás, sino también los cuestiona profundamente y, a través de su testimonio, les abre ventanas al amor de Dios.

2. Dios cuenta con nuestro carácter (con lo bueno y también lo no tan bueno)

El p. Chisholm no nació siendo un santo ni mucho menos. Su carácter es fuerte y siente con pasión las contradicciones de sus emociones. Se duele de sus defectos, pero no cae en la autocompasión y, por el contrario, se le ve luchar con mayor decisión para crecer en la virtud. Sabrá aceptar sus limitaciones y potenciar sus virtudes para tocar el corazón de su tierra de misión.

3. No juzgar por lo exterior

Lo vemos sobre todo con la madre Maria Veronica, hija de una familia acaudalada y aristocrática, que decide ser religiosa y vivir en la pobreza. Sus orígenes y situación la educaron en la arrogancia y la altanería, haciéndole más difícil la entrega, y por ello mismo, también más meritoria. En lo exterior puede parecer soberbia, pero sin duda Dios conoce su corazón y su lucha interior por vivir la caridad, y sabe que es ella la que más ha renunciado a bienes y posesiones materiales para servir al prójimo.


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4. La perseverancia es imprescindible para la santidad

La vida cristiana no es un cómodo camino cuesta abajo, sino todo lo contrario. Siempre hay obstáculos, tanto personales y como en el ambiente que nos rodea, que nos tentarán para que abandonemos nuestra tarea o caigamos en la desesperanza. Cuando todo se ve destruido, el p. Chisholm vuelve a empezar. Así debe ser la vida cristiana.

5. Amar al que nos hiere

Es una de las pruebas máximas del amor cristiano. Es fácil indignarse y querer justicia cuando alguien nos hace una injusticia. Es arduo, pero más noble, perdonar. Aun más difícil, pero expresión del amor más grande, es amar a quien nos hace daño.

6. Quien entrega sin esperar recompensa acumula tesoros en el cielo

La caridad más alta ama al prójimo por amor a Dios. No espera un retorno, pero se sabe poseedora de un tesoro que no se apolilla ni se agota. En Las llaves del Reino la misión en China del p. Chisholm no busca recompensas terrenas. Sabe que lo que él siembra desinteresadamente Dios lo hará fructificar en bienes espirituales más allá de lo esperado.

7. Hay que confiar absolutamente en Dios… y poner todo nuestro esfuerzo

 No escatima el p. Chisholm ningún esfuerzo, ningún trabajo, si ello ayuda a cumplir su trabajo. Sabe bien que se encuentra en las manos de Dios, pero nunca se queda con las manos cruzadas para realizar el bien y poner de su parte para dejar que la gracia de Dios actúe.

8. Lo más práctico, lo más “eficiente”, no siempre es el camino de Dios

A veces la mayor tentación se presenta en forma de atajo, y peor aún, bajo apariencia de bien. El p. Chisholm se mantiene firme en sus convicciones, sin miedo a tomar el camino más difícil cuando ve que los medios traicionan el fin evangelizador que busca. Es una gran lección, sobre todo en un tiempo como el nuestro que nos ha acostumbrado a querer resultados inmediatos y nos sometemos a la ilusión de la eficacia.

9. Quien ama nunca fracasa

Incluso si a nuestro alrededor todo parece estéril. Quizás es esta la gran enseñanza de Las llaves del Reino. Hay todo un paralelo entre el aparente fracaso del p. Chisholm y la exitosa carrera de su amigo Angus. La medida con la que Dios mide el fruto de nuestra vida es opuesta a las valoraciones mundanas que tantas veces solemos utilizar. En el más remoto rincón del mundo, en medio de la pobreza y la pequeñez, la vida del p. Chisholm alcanza alturas insospechadas de caridad y de auténtica transformación del mundo.

Kenneth Pierce

Kenneth Pierce tiene 35 años y estudió teología en Lima. Es autor de los libros El Cuarto de los regalos y La Escalera Espiritual de San Pedro


Kenneth Pierce

Kenneth Pierce tiene 35 años y estudió teología en Lima. Es autor de los libros El Cuarto de los regalos y La Escalera Espiritual de San Pedro

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