“Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres”. Conmovedora campaña publicitaria



Ningún país permitiría que un niño gobierne. Sería una locura. Lo que propone esta campaña de Greenpeace es distinto pero, si lo pensamos bien, no es ninguna locura: se pretende sensibilizar a los candidatos políticos mediante el contacto con ese mundo de niño que todos alguna vez tuvimos.

Sin atender a la postura de pensamiento detrás del video, me parece importante rescatar más bien el ingenioso e interesante recurso de apelar al niño que llevamos dentro. En lo turbio y complicado que puede llegar a ser el mundo de la política parece no haber espacio para estas “candideces”. Sin embargo, cierta verdad encerrada en el video le otorga un poder de sugestión muy particular. La pureza, la nobleza, la sencillez, la sinceridad, pensar en los demás, el hacer las cosas como se “supone” que se tienen que hacer, o en otras palabras: hacer las cosas bien, son valores que pertenecen a lo más profundo del hombre y que sustentan, o deberían sustentar, toda su existencia.


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Un niño afirma en el video: “un político es una persona que se supone que tiene que ayudar al país en el que está”. Otro más adelante lo secunda: “se supone que tiene que hacer las cosas bien para ayudar al mundo”. Finalmente se termina haciendo un llamado a los candidatos presidenciales a no traicionar sus más altos ideales, aquellos que probablemente tuvieron de niños y que incluso los llevaron a la política con la frase final de la campaña comunicacional: “Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres” (Antoine de Saint-Exupéry).

¿Qué pensaría el niño que fuimos si viniera un día a encontrarse con nosotros? Ya alguna película presentó esa situación imaginaria. ¿Estaría orgulloso?, ¿nos encontraría firmes en los más altos ideales con que alguna vez soñamos? Sirve mucho meditar en el mundo de los niños. El mismo Señor Jesús acudía a ello para enseñarnos su Verdad. Discutían los apóstoles sobre temas de poder y sobre quién sería el más importante. “Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: ‘Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos'” (Mt 18, 2-3). Es necesario cambiar, convertirnos, avanzar. Mirar la niñez no es mirar hacia atrás en sentido negativo, es un ejercicio de encuentro con la propia identidad y un contacto puro y sencillo con las verdades más profundas. La madurez, el crecimiento y la experiencia de vida son valiosísimas para que podamos alcanzar la estatura del Señor y la competencia en nuestra misión particular; no se trata de rechazarlas en una actitud inmadura. Ya San Pablo desarrolló el sentido auténtico de aquellas palabras del Señor:


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“Hermanos, no tengáis una mente infantil. Sed niños en malicia, pero personas de mentalidad madura” (1 Cor 14, 20).

Ahora todo cobra sentido. No sería ninguna locura votar por un político bueno como niño y humanamente maduro a la vez. Sería una locura más bien no enfrentar el miedo que da ser como niños en un mundo a veces tan hostil, donde el que se duerme pierde o el más fuerte siempre gana. Dios nos regala la seguridad de una roca más firme y un aplauso más prometedor; la seguridad de un triunfo a la mano, con su gracia y según su Palabra. ¡A resucitar a ese niño entonces! ¡No hay que dejarlo dormir: el mundo lo necesita!.

Franco Lanata

Es laico consagrado en el Sodalicio de Vida Cristiana. Es peruano y actualmente vive en Santiago de Chile, donde estudia literatura y filosofía.


Franco Lanata

Es laico consagrado en el Sodalicio de Vida Cristiana. Es peruano y actualmente vive en Santiago de Chile, donde estudia literatura y filosofía.

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