¿La fe es ciega o somos nosotros los ciegos para no tener fe?



Hace unos años, cuando vivía en Santiago de Guayaquil, una noche, mientras manejaba cruzando un puente largo que hay en la ciudad, vi algo muy extraño. El puente estaba atascado de carros porque todos se habían estacionado y los conductores fuera de sus vehículos estaban mirando al cielo, tomando fotos llenos de sorpresa. Me sumé a la curiosidad colectiva, además que no me quedaba otra por el tremendo nudo de carros que se había formado. Y mientras iba deteniendo el auto, mi copiloto, luego de haber sacado ligeramente la cabeza por la ventana para ver cuál era ese acontecimiento en el cielo que tenía cautivada a la multitud, me dijo casi sin aliento: no vas a creer lo que hay en el cielo…

No voy a alargar más la historia, pero no puedo negar que también me quedé sin aliento cuando vi ese objeto volando, lleno de luces, que estaba sostenido en el cielo y que se veía con tanta nitidez. Al día siguiente en la mañana, los diarios se encargaron de resolver el misterio cuando un vecino reconoció su travesura: se le había ocurrido probar una cometa nueva que había comprado, que tenía focos de luz incrustados por todos lados.


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Frente al misterio, los humanos necesitamos respuestas. No nos bastan verdades parciales o a medias; que nos digan que es Santa Claus en su trineo, o los marcianos que vinieron a visitarnos. Necesitamos saber el cómo, el por qué, el cuándo, el qué de las cosas. No nos bastan verdades a medias, necesitamos verdades que respondan a nuestro deseo de conocer la verdad, la verdad plena y absoluta que nuestra razón exige.

Ante el misterio del mundo creado, de la vida y de la existencia tampoco nos bastan verdades parciales. No es suficiente saber cómo se formó el mundo, labor que la ciencia realiza con innumerables y heroicos esfuerzos; necesitamos saber también el por qué y quién está detrás de todo esto, tiene que haber alguien detrás. No sólo algo, sino alguien. Cosas y objetos sin razón ni voluntad no pueden ser la causa de un mundo tan complejo y ordenado, dotado de seres racionales.


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Como quiere expresarnos el video, es razonable creer en Dios. Es mucho más lógico creer en Dios, si lo miramos con mente abierta y sentido común. Pensar que toda la creación brotó espontáneamente como consecuencia del azar, realmente requiere mucha fe. Creo que es muy claro y lógico el video cuando lanza la pregunta: si existió un Big Bang, ¿no debería existir también un Bigbanger?


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El ateísmo requiere fe. Se necesita una fe ciega para creer que todo viene de la nada. Pero solo se requieren razones para creer que todo viene de Dios.


 

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P. Juan José Paniagua

El Padre Juan José es peruano y sacerdote hace dos años. Actualmente vive en Costa Rica y participa en varios proyectos apostólicos, especialmente con jóvenes.


P. Juan José Paniagua

El Padre Juan José es peruano y sacerdote hace dos años. Actualmente vive en Costa Rica y participa en varios proyectos apostólicos, especialmente con jóvenes.

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