“Puedo hacer muchas cosas pero nada tiene valor si no tengo una relación con Jesús”. Impactante testimonio



Más allá de que son muchas las figuras que describen a la Iglesia en su insondable misterio, ya sea en su dimensión visible e invisible (Madre, Esposa, Santa, Una, Apostólica etc.), de vez en cuando es necesario, como hacía el P. Sayes, afirmar con radicalidad lo fundamental: «la Iglesia “es” Jesucristo». Este es un misterio tan grande y hermoso, que es difícil circunscribirlo teológicamente, al punto que De Lubac sobre esto llegaba incluso a decir, citando a Bossuet, que: «Jesucristo nos lleva en sí mismo; somos, me atrevería a decir, más cuerpo suyo que su propio cuerpo… Lo que se realiza en su divino cuerpo es la figura real de lo que debe cumplirse en nosotros» (Ver Catolicismo, Aspectos sociales del Dogma).

Ahora bien, la consecuencia directa de afirmar que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, es afirmar también que su crecimiento depende en modo directamente proporcional del crecimiento del Señor. O en otras palabras, un Cuerpo crece solo cuando es “más” él mismo; por eso nosotros en cuanto Iglesia, Cuerpo de Cristo, solo podemos crecer cuando somos y nos volvemos más como Cristo. Se trata en el fondo de una cuestión de SER antes que de HACER. El Cristo Total no crece por yuxtaposición de estructuras, ni por cantidad de eventos. No es un problema cuantitativo. Es cualitativo. La Iglesia no es “más grande” porque tengamos tantas instituciones, hospitales, comedores, centros misionales o sesiones de catequesis. No se puede reducir a números, estadísticas, encuestas o proyecciones matemáticas: no. Solo si estas realidades y acciones están insufladas por el Espíritu de Cristo, la Iglesia crece. Y esto solo puede suceder si quienes llevan estas obras a cabo están luchando por conformarse y mantener una relación profunda con el Maestro. Solo en la medida que Cristo crece la Iglesia crece y el mundo cambia. Es cuando nosotros encarnamos y vivimos a Cristo, buscando reflejar sus modos de pensar, de sentir, de actuar, de amar… que cambiamos literalmente el mundo” (Ver Razones para creer. José Antonio Sayés).


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¿Qué tiene esto que ver con el video? Todo. Este es el corazón del mensaje que nos trae hoy nuestra querida hermana, y que nos revela justo al final de su testimonio, cuando confiesa que después de una vida arrojada a la acción por Cristo y su Iglesia, pudo en unos meses de pausa y postración, redescubrir lo esencial: que todo lo que había hecho no tenía valor sin una relación con el Señor y sin el deseo fundamental de querer compartir esa relación con los demás. Así es, «la Iglesia “es” Jesucristo» y solo crecerá transmitiendo a Cristo, haciendo que su Amor nazca en los demás corazones, un Amor que para ser compartido primero tiene que ser vivido y cultivado en una relación auténtica. Esto es decisivo, lo que hace que todo lo demás tenga sentido.

Cristo nos sigue llamando, fundamentalmente para que seamos extensión viva de su Persona en el mundo. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El Verbo se sigue haciendo carne y viene a habitar en cada uno de nuestros corazones. La Iglesia crece, el mundo cambia cuando Cristo se expande. Es una dinámica de sobreabundancia de su Amor. Lo demás son ilusiones. Y en realidad, para ser honestos, no se trata de ninguna novedad. Ya lo decía San Pablo en  1 Cor 13, 1-2 casi dos mil años atrás:


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“Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de la profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe, capaz incluso de trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes,  y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha”.

Sin el amor de Cristo, no somos nada. Ser o no ser, este es el dilema.

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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