El caso Planned Parenthood y una reflexión sobre la pérdida del sentido de Dios y el derecho a la vida



Hace pocos días la cámara de representantes de los EE UU votó retirar la financiación a la multinacional Planned Parenthood, y, por este motivo se encuentra realizando una exhaustiva investigación sobre su financiamiento y las acusaciones de tráfico de órganos de bebés abortados en sus instalaciones. Ayer el presidente del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental, Jason Chaffetz, presentó un reporte con 10 de los secretos mejor guardados de esta organización. Es por ello que hoy les queremos presentar este video.

Lógicamente, sería difícil no desarrollar cierto nivel de simpatía por una organización que dice luchar en contra de la violencia, discriminación o enfermedad, una organización que, “está orgullosa de su pequeña colaboración en la investigación sobre tejidos fetales” como se defendió Cecile Richards, presidenta de la organización, ante la comisión de investigación de la Cámara de Representantes. Sin embargo y tristemente, las peores mentiras son aquellas que saben bastante a verdad. Planned Parenthood al usar palabras como estas en su visión y misión como federación, disfraza de lucha justa y hasta moral su campaña pro-muerte y pro-negocio de órganos humanos. Dicen luchar por los derechos sexuales de todas las personas cuando son ellos mismos los que atentan contra un derecho que es fundamental y del cual dependen todos los demás: el derecho a la vida.


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En el video de WORDonFIRE que les traemos, Mons. Robert Barron opina acerca de Planned Parenthood y la pérdida del sentido de la dignidad humana. Este reconocido sacerdote, académico, filósofo, comunicador y obispo auxiliar de Los Ángeles relaciona ante la frialdad del personal de Planned Parenthood al hablar del asesinato de pequeños niños. Como comenta el Padre Barron, “estas personas hablan del desmembramiento de bebés y de nuevas formas de matarlos que sean menos crujientes, es decir, que eviten el aplastamiento del cráneo o succión de órganos, mientras comen una ensalada y sonríen pensando en un nuevo Lamborghini”.  Como todos fuimos testigos en los videos difundidos en la red hace unos meses.


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El Padre Barron intenta llegar al meollo del asunto al decir que esta situación es motivada en última instancia por la desaparición del concepto de Dios en nuestras sociedades. Dios está siendo poco a poco desplazado de todos los ámbitos de nuestra cultura, desde la política hasta la educación, y se nos empuja a los “creyentes” (cristianos o de cualquier otra religión), a ejercer nuestra fe a puertas cerradas. Lamentablemente las personas que “sugieren” estas prácticas no han entendido nada de la fe, tal vez la consideran como pura teoría, algo que se lee y por la cual, ciertos templos se visitan una vez a la semana… por supuesto, esto no puede estar más lejos de la verdad. La fe tiene que ser vivida cada día, todos los días, de lo contrario, es letra muerta: “Hermanos, ¿qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar?” (Stgo 2, 14).


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El creer en Dios, es decir, en un Ser Supremo Creador tiene importantes consecuencias en nuestra vida, pues fija un estándar absoluto sobre el cual es posible cimentar un concepto sólido de moral. En efecto, la moral cristiana basa el sentido de dignidad humana y el valor inviolable de la vida del ser humano en el hecho de que toda persona ha sido creada por Dios, el Bien supremo, y está destinada a la vida eterna, perspectiva que es compartida por otras religiones.  Ahora bien, esto no quiere decir que solo los cristianos o solo aquellos que profesan una religión monoteísta sean capaces de hacer el bien. ¡Por supuesto que no! Muchos de nosotros conocemos ateos cuyo sentido de moral y valor de la vida humana es mucho más alto que el de otras personas creyentes. Lo que el Padre Barron nos quiere decir es que la pérdida del concepto de Dios, sinónimo del Bien y fuente de Verdad Absoluta, nos lleva más fácilmente a dejarnos arrastrar por filosofías temporales que fracasan y pasan de moda.

Dios está siendo poco a poco desplazado de todos los ámbitos de nuestra cultura, desde la política hasta la educación, y se nos empuja a los “creyentes” (cristianos o de cualquier otra religión) a ejercer nuestra fe a puertas cerradas.

Un ejemplo de esto es la filosofía postmodernista del “pensamiento débil” defendida por Gianni Vattimo. Es el pensamiento de moda y, aunque muchos ni siquiera hayamos oído hablar de ella, sí hemos sido testigos de su acción. El periodista y apologista, Alejandro Bermúdez, explica que el “pensamiento débil” es una filosofía que básicamente señala que: “el hombre al ser incapaz de conocer la verdad, hace que su pensamiento sea relativo; por lo que cada uno puede sostener opiniones e interpretar situaciones de acuerdo a lo que cada individuo considere correcto, siempre y cuando este pensamiento sea expresado de manera débil. ¿Qué quiere decir esto?, que la opinión sea dicha de una manera blanda, relativa, casi cobarde…si yo sostuviera, por ejemplo, que “el aborto es un hecho dañino, contrario al hombre”, Vattimo sostiene que el decir eso está bien, siempre y cuando se añada “eso es lo que yo pienso y que es una verdad solo para mí”.

Evidentemente, esta forma de pensamiento que empezó a tomar notoriedad en las décadas de los 80s y 90s nos lleva indefectiblemente al relativismo moral imperante, donde cada uno tiene su “propia verdad” que es tan aceptable como la de cualquiera. Esto, aunque a algunos les suene bien, es insostenible, pues no puede haber 2 verdades sobre el mismo objeto que sean distintas y ciertas al mismo tiempo; lo que sí puede haber es 2 interpretaciones de la verdad, pero la verdad siempre es una y es absoluta. La falacia del relativismo y su incongruencia sostiene que todo es relativo (menos su verdad relativa, que sí es absoluta), y lo trágico de todo esto es que se nos empuja al abandono de la búsqueda de la verdad, pues “todo vale y todo es lícito con tal que para mí lo sea y no ‘afecte’ a nadie más”. Esta es claramente una mentira en la que nuestra sociedad está cayendo, pues son muy pocos los casos en los que podemos decir a ciencia cierta que nuestras acciones no van a repercutir ni a corto ni a largo plazo ni en ninguna medida sobre alguien más, y no sólo esto, sino que habría que dejar lugar a la interpretación sobre lo que significa afectar al otro.

Al respecto, una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo, el Papa emérito Benedicto XVI, señala:

El relativismo, es decir, el dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos.

En efecto, aquellos secularistas que defienden que cualquier concepto de Dios o de religión debe abandonar la escena pública –pues aquellos que no creen no deben “sufrir la imposición de la religión de otros”– no se dan cuenta que al dejar que el relativismo ocupe los ámbitos públicos se convierte en dictatorial y es ahora este el que se impone. Otra vez, Benedicto XVI, aclara:

La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos.

Como cristianos tenemos el deber de alzar nuestra voz y luchar por la Verdad, sin caer en el juego de que, “si no me afecta directamente y si el otro lo quiere hacer, está en su derecho”. Recordemos que “el que calla, también es culpable”.

La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la ‘dictadura del relativismoamenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. […] Los invito particularmente a ustedes, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no solo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación.

Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).


Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).
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