¿Qué nos pueden enseñar unos pajaritos parados en un cable sobre el respeto y el amor al otro?



«Sean humildes, amables, pacientes, y sopórtense unos a otros con amor» (Ef 4, 2). Es probablemente la primera respuesta que se nos podría ocurrir al ver el video de Pixar que traemos esta semana, en el cual, si damos una mirada honesta y desapasionada a nuestra propia vida, tantos podríamos identificarnos ya sea en el presente o en el pasado.

El video nos muestra claras formas de intolerancia no solo contra aquellos que son visiblemente distintos sino también contra los nuestros: ¿Nuestros amigos tal vez?, ¿nuestra propia familia?. Pero a todo esto, ¿qué es la tolerancia? En este punto, las palabras que citamos al comienzo toman mayor importancia. En esencia, San Pablo nos dice que la tolerancia es soportarnos unos a otros con amor.


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Personalmente considero que la clave de esa definición es que la tolerancia implica amor. Ya El Señor nos ha dejado claro que el segundo mandamiento es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mc 12, 31); siendo el primero, por supuesto, el amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestra inteligencia y todas nuestras fuerzas. El padre Bernardo Hurault explica la concordancia entre ambos mandamientos de la siguiente forma:


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«Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos viene en segundo lugar porque no se puede entender bien, ni cumplir, donde no existe amor a Dios. Pues Dios nos pide más que solidaridad, más que la ayuda al que sufre. Debemos esforzarnos por ver al hermano tal como lo ve el Padre. Debemos procurarle lo que el Padre desea para él. Entre tantas buenas obras que podríamos hacer por nuestro prójimo, debemos elegir aquellas que nos aconseja el Espíritu de Dios. Y todo eso requiere que tengamos primero el amor a Dios y el conocimiento de Dios».


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Queda claro entonces que la tolerancia está íntimamente unida con el amor. Para esto, ya sabemos que el amor va más allá de los sentimientos, el amor es una decisión que significa procurar el bien del otro incluso a costa de mi sacrificio. Así, la tolerancia no es un sentimiento sino una decisión basada en la voluntad y en la humildad. Al respecto, la conocida y querida madre Angélica aclara que esto no significa que no estemos permitidos de enojarnos o exasperarnos cuando nos veamos afectados por el error del otro. Por supuesto que no, Jesús también se enojó y actuó en contra de la corrupción y el sentido de negocio que rodeaba el templo (Jn 2, 13-22). Pero antes de actuar tenemos que preguntarnos: ¿Cómo manejamos esa exasperación? Sobre todo si tenemos en cuenta que todos sin excepción necesitamos ser perfeccionados en el amor, necesitamos cambiar y renovarnos constantemente… no solamente nuestro prójimo.

La madre Angélica explica además que la corrección es parte de la tolerancia, pero otra vez, ésta tiene que ser hecha con amor: Odia el pecado, pero ama al pecador. Intolerancia es por lo tanto odiar el pecado y al pecador. La fundadora de EWTN nos recuerda que si corregimos con intolerancia, hemos renunciado al amor y todo el proceso se desvirtúa.

El Padre y comunicador Jorge Enrique Mujica, LC nos lo presenta así: «Tolerancia no significa respeto al error o al “pecado” cuanto a la persona que vive en el error o en el pecado. En este marco no se puede aplicar el valor de la tolerancia pues eso implicaría atentar contra el derecho a la verdad, al bien y a la libertad. Tolerar no significa permitir el mal. La tolerancia hacia las personas es algo lícito y conveniente, no así la aprobación del mal moral o del error: éstos permanecerán siempre como reprobables. No se trata únicamente de soportar al que yerra o al que vive en el mal, también implica una preocupación por él, un acompañamiento, e incluso una conversión a la verdad y al bien. Se le respeta pero respeto no significa indiferencia o despreocupación; la tolerancia auténtica acompaña y se ocupa. Precisamente por eso se convierte en cercanía y no en olvido».

En resumen, la tolerancia es una consecuencia de vivir el segundo mandamiento más importante, que es amar a los demás como a nosotros mismos. Jesús cuando nos dice esto, no se refiere al amor sentimentaloide que se nos suele presentar como amor, no se refiere a que “sintamos cosas” por todos los que nos rodean.  Se refiere a la esencia de su significado: buscar el bien para nuestro prójimo incluso si eso significa nuestro propio sacrificio. Significa tener actos de misericordia como “corregir al que yerra”, tener paciencia con las fragilidades de los otros, aceptar las diferencias, ser humildes para no querer tener siempre la razón y saber dar espacio al otro (como en el video) pero todo esto siempre con amor.

Para terminar, les dejo las palabras que nuestro propio Jesús dijo: «Traten a los demás como quieran que los demás los traten, en esto se resume toda la ley y los profetas» (Mt 7, 12).

Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).


Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).

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