¿Cuáles son esos «lugares importantes» que marcan nuestras vidas?

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En una conferencia, hablando sobre la “naturaleza” en el porvenir de la educación, Nietzsche refiriéndose a un joven dijo:

Deberán hablarle, en sus diferentes lenguas, el bosque y la roca, la tempestad, el buitre, la flor aislada, la mariposa, el prado, los precipicios de los montes; en cierto modo deberá reconocerse en todo eso, en esas imágenes y en esos reflejos, dispersos e innumerables, en ese tumulto variopinto de apariencias mutables: sentirá entonces inconscientemente, a través del gran símbolo de la naturaleza, la unidad metafísica de todas las cosas, y al mismo tiempo se calmará, inspirado por la eterna permanencia y necesidad de la naturaleza. Pero, ¿cuántos son los jóvenes a los que está permitido crecer tan cerca de la naturaleza, en una relación casi personal con ella? Los otros deben aprender pronto una verdad diferente, a saber, la de cómo se puede someter a la naturaleza.

Más allá de una que otra precisión filosófica, podemos estar de acuerdo con éstas penetrantes palabras del famoso pensador alemán; palabras que desvelan además una parte importante del mensaje del video de hoy. En efecto, el símbolo de la naturaleza esconde en sí mismo un potencial capaz de hacernos experimentar, incluso inconscientemente, esa unidad metafísica de todas las cosas. O en otras palabras, es a través de ese diálogo vital con la naturaleza que logramos percibir tantas veces el mundo como “cosmos” (palabra griega que significa orden, de donde deriva también “cosmética”), es decir, como creación ordenada; pues percibimos esa bondad y esa verdad que brotan de la armonía estética de su forma. Y esto, si nos dejamos conducir hacia su raíz más profunda, nos remite tantas otras veces al Artista que diseño tal forma y armonía.

Este re-conocer la unidad metafísica del mundo, no es si no el reconocimiento de la creación como tal, o lo que es lo mismo: se trata de contemplar y descubrir como detrás de esa gran sinfonía natural existe un Plan de Alguien que pensó y creó el mundo. Por eso no es de sorprenderse que la primera y fundamental profesión de fe cristiana (fundamento de todas las demás) sea”Creo en Dios todopoderoso Creador del cielo y de la tierra”. Por eso también es que nos descubrimos identificados con el video, porque en su mayoría los “lugares importantes” que guardamos en nuestro corazón –esos que nos ayudan a regresar la contemplación de la verdad sobre nosotros mismos y sobre el sentido de nuestra vida– están estrechamente ligados a la naturaleza como creación de Dios.

El hombre compitiendo con Dios y su Plan, como un demiurgo, “reordena” y “recrea” el mundo, sin aceptar que así convierte el “cosmos” en “caos”. Las terribles consecuencias de dicha pretensión las conocemos bien, nos las enseña la historia.

La naturaleza, como decíamos, posee una marca que nunca podrán emular las grandes construcciones humanas, en cuanto que las formas de las cosas artificiales nos conducen inmediatamente a una explicación terrena de las mismas, porque son de factura humana; mientras las formas de las cosas naturales “poseen una especie de sello [sigillatio] del saber de Dios en ellas, que nos fuerza a alzar la mirada hacia los espacios infinitos donde sus trazos paralelos convergen, yendo siempre más allá, hacia un punto de fuga que excede las dimensiones visibles de este mundo, donde reside su “Razón de ser”. Hoy en día, muy por el contrario, con los grandes progresos de la tecnología no se diferencian con debida atención estos dos planos, porque el hombre ha perdido progresivamente su capacidad contemplativa. Hoy el hombre con el poder de la tecnología, cual si fuera dios, modifica la naturaleza, sometiéndola y transformándola sin sopesar hasta que punto su dominio deja de corresponder al orden recibido, pasando a ser dañino en cuanto destruye la armonía. Así, sin respetar el ritmo vital, fuerza a la naturaleza a responder no ya a la medida para la cual ha sido creada, sino a los prerequisitos y exigencias de la ciencia, no pocas veces motivado por ambiciones económicas (la ideología de favorecer progreso técnico, a costa del ambiente y del hombre mismo: el progreso por el progreso). El hombre compitiendo con Dios y su Plan, como un demiurgo, “reordena” y “recrea” el mundo, sin aceptar que así convierte el “cosmos” en “caos”. Las terribles consecuencias de dicha pretensión las conocemos bien, nos las enseña la historia.

Por otro lado, si es que encuentra oposición y resistencia de parte de la estructura natural previamente ordenada, el hombre hodierno se obstina en dominarla, incluso ingresando en sus parámetros más íntimos y arcanos (entrando en sus códigos genéticos), para convertirla en un producto de factura humana.

Sobre esto el entonces Papa Benedicto XVI nos recordaba el peligro diciendo: 

La destrucción del ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En efecto, un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre
lugares

Lugares importantes

Hoy se corre el riesgo de destruir tantos de esos “lugares importantes” que están despareciendo a causa de la ambición y del abuso inmoral del hombre. El video busca denunciar también este asunto, llamando nuestra atención e invitándonos a la contemplación de la belleza natural, pata redescubrir con reverencia el gran valor del auténtico “orden natural” del cosmos.

Ahora bien, para alcanzar dicho objetivo el video nos da una clave de gran importancia, a saber, que no basta solo una sensibilidad ecológica al respecto. No. Lo primero que se necesita para lograr un verdadero cambio es una ecología humana, o sea, debe ser el hombre que, favorecido por estos “lugares importantes”, entre en su interior para reconocer el Plan de Dios en su vida, reconociéndose como la única creatura que Dios ha amado por sí misma.

Todo parte de este encuentro consigo mismo en lo profundo de su corazón. Allí encuentra esa presencia de Dios, que gesta el auténtico cambio y revolución, expandiéndose hacia las demás esferas externas del mundo. Si no cambia el hombre, si este no se reconcilia primero con Dios, todo lo demás será tiempo perdido. Es en esta línea es que puede interpretarse el gran hincapié que hace el video en la necesidad de regresar a esos lugares para acceder a la interioridad oculta del Padre. Pues es a través de su mirada, a través de sus ojos (que son las ventanas del espíritu), que se nos revela también nuestra identidad de hijos y nuestra vocación. He aquí la clave. Esos “lugares importantes” conservan un valor sagrado en cuanto llevan hombre a descubrir la presencia y la mirada amorosa de Dios Padre, que cuida y sostiene su creación en el amor. Solo desde ella podemos volver a descubrir lo originario de nuestra identidad de creaturas forjadas también en la tierra, el agua y el amor (el Soplo de vida). Y no cualquier creatura, sino además hijos, porque Dios Padre nos ha reconciliado en Cristo y nos ha hecho hijos en su Hijo. También la creación toda gime con dolores de parto, esperando la consumación de dicha reconciliación (Rom8,22).

Volver a nuestras raíces a través de estos lugares nos permitirá recordar nuestra vocación y misión como hijos de Dios en el mundo, y así, administraremos con sabiduría la tierra según el Plan de amor de Dios. O en palabras de Benedicto XVI: 

Además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar « humana », y que a su vez requiere una «ecología social». Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el “Cántico del Hermano Sol”, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la paz. Mensaje para la celebración de la XL jornada mundial de la Paz

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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