Cada uno de estos niños toca una nota distinta. Nunca esperarías lo que consiguen cuando se unen

Es dentro de una comunidad donde surgen y florecen los dones con los que nos colma Dios; es en la comunidad donde se aprende a reconocerlos como un signo de su amor.

Este podría ser uno más de tantos videos que encontramos sobre el trabajo en equipo, pero en esta ocasión le daremos un sentido más espiritual, hablaremos de la vida en comunidad. A continuación ofrezco algunas ideas que pueden servirnos para reflexionar en nuestras comunidades o en los grupos que conformamos:

Todos nosotros pertenecemos a distintas comunidades. Nuestra familia es la primera de ellas. Nuestros distintos grupos de amigos lo son también. En todas ellas compartimos objetivos comunes y son muy grandes las cosas que podemos lograr cuando trabajamos juntos, tal como lo vemos en este video. De manera experimental se reunió a un grupo de 15 niños, sin ningún conocimiento musical previo. Después de un tiempo y bajo la guía de un director, lograron interpretar una hermosa melodía en el piano.



Como bien lo observamos en el video la meta parecía imposible, pero el resultado es sorprendente. Cada uno de los niños interpretaba pequeñas notas musicales, que aunque separadas podrían parecer solo eso: sencillos acordes,  pero que unidas dieron como resultado una melodía completa y hermosa. Trasladando esta situación a nuestra reflexión sobre la vida en comunidad, podemos destacar como cada uno de nosotros posee diferentes dones, que tal vez por si solos puedan pasar como características comunes, pero que sumadas a las de los demás pueden producir grandes obras y crear un “todo” lleno de riqueza y reflejo del amor de Dios. Los resultados pueden ser grandes y nobles cuando dejamos que nuestras comunidades sean verdaderas escuelas de amor y de caridad, en las que busquemos crecer como personas y ayudarnos entre nosotros para poder ayudar mejor a los demás.

Siguiendo con la analogía; cada uno de los niños tocaba una nota distinta, pero de no ser por la ayuda del director no serían más que eso, notas sueltas o discordantes. Es gracias a la guía del maestro que se logra la armonía y que es posible que cada quién ejecute su trabajo en el momento adecuado. Si queremos que nuestras comunidades puedan ser verdaderos ámbitos de caridad y de amor fraterno, es importante que tengamos a Jesús como el gran director, que estemos siempre atentos para escuchar su voz, para seguir sus direcciones e interpretar la melodía que él inspira en nuestros corazones.


Valdría la pena cuestionarnos:

Nuestra familia o grupo de amigos, ¿qué melodía trasmiten? ¿Cuáles y cómo son las notas que cada uno interpreta?¿Quién nos dirige?.

Astrid Duque

Es colombiana y laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Estudia pedagogía en Filosofía y Religión. Actualmente vive en Santiago de Chile.


Astrid Duque

Es colombiana y laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Estudia pedagogía en Filosofía y Religión. Actualmente vive en Santiago de Chile.

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