El matrimonio: escuela donde aprendemos lo que significa que “el amor es ciego”

“El matrimonio es y seguirá siendo el viaje de descubrimiento más importante que el hombre  pueda emprender”. Sören Kierkegaard



En un mundo en el que es cada vez estamos menos dispuestos a sacrificarnos por el otro, en el que evitar las complicaciones y sufrimiento se van convirtiendo en la fórmula para vivir tranquilo y el concepto de felicidad se reduce a una mera búsqueda de bienestar personal. Es bastante inspirador y alentador encontrarnos con un video como el que nos presenta Jubilee Project.

Vemos un matrimonio joven, feliz, con una conexión y un amor que podría decir es perfecto. Es ese tipo de matrimonio con el que hoy en día los jóvenes sueñan y las propagandas venden: Sin complicaciones, divertido, enamorado, romántico. Y que gran bendición tener un matrimonio así. Sin embargo, en la realidad, las cosas pueden cambiar. ¿Como matrimonio estamos preparados para enfrentar estos cambios?


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El matrimonio es una vocación maravillosa. El sacramento hace que dos personas nos volvamos una sola carne. Y es justo esta unión tan profunda la que hace que el matrimonio crezca y se fortalezca. Pero esta unión no se da por arte de magia, implica una amistad y una complicidad muy grande. Requiere grandes dosis de entrega y generosidad y son estas dosis de entrega y generosidad las que vemos en el video. Ella, sin que sea una obligación, atiende a su esposo con devoción y él está pendiente y valora cada detalle. No son simplemente una pareja que la pasa bien, es una pareja que en los pequeños detalles cotidianos va conociéndose, descubriendo el misterio que es cada uno y a través de estas experiencias va profundizando y fortaleciendo su amor.



Cuando la crisis llega es justo esta unión la que permite seguir amando, permaneciendo juntos, como lo dice la promesa que hicimos el día de nuestra alianza matrimonial: “…y me entrego a ti, y prometo serte fiel  en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte  y respetarte todos los días de mi vida.”


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Hace poco tuve la coincidencia y fortuna de conocer a un hombre, el Dr. Paccini, que a los 86 años comparte su historia con nosotros. Su esposa, Doña Julia, falleció hace dos meses. Él pasó más de 20 años de matrimonio cuidando a su esposa enferma. Los últimos 10 años ella estuvo postrada en una cama casi sin poder moverse ni hablar. Le pregunté si en algún momento quiso “tirar la toalla” y abandonarlo todo, abandonarla a ella. La respuesta me dejó una lección muy grande, más fuerte que cualquier libro sobre el matrimonio que haya leído. Él respondió: Usted no sabe cómo hemos sido. Esta frase resume la historia que empezó a contarme. Una historia que no estaba llena de aventuras extraordinarias ni de pasión desenfrenada. Por el contrario, me contó la vida de un matrimonio común y corriente. En el que ambos trabajaban y cuidaban al mismo tiempo a sus 6 hijos. Describía las jornadas de su esposa que empezaban a las 5:30 de la mañana para preparar el almuerzo y dejar la casa limpia, mientras él apuraba a los chicos y preparaba el jugo del desayuno. Las tardes de tareas y las noches de conversaciones. Ellos eran muy unidos, el ingrediente, según el Dr. Paccini era la comprensión, el ponerse en el lugar del otro, ver que el fin común era la familia y su centro era Dios. Ellos eran verdaderamente una sola carne.

Cuando ella casi no podía ni moverse, él nunca dejó de hablarle como siempre lo hacía. Decía que ella en silencio le contestaba. Afirmaba que entrar al cuarto a verla siempre era una alegría y que Dios fue muy generoso al permitirle cuidarla tantos años. Llegó a conocer el ritmo de su respiración y las variaciones de la temperatura de su cuerpo que le indicaban cosas que otros no podían ver, ni siquiera los demás médicos.

La felicidad no es un simple estado de bienestar, la felicidad está relacionada al amor y el amor tiene que ver con la entrega y servicio al otro. Si sólo concebimos la felicidad como un simple estado de bienestar jamás podremos vernos realizados ni encontraremos la capacidad de enfrentar la adversidad.

Sólo cuando estamos dispuestos a darlo todo a cambio de nada es cuándo más nos acercamos a ser felices, a poder vivir una vida y un amor pleno. El matrimonio no se trata de uno mismo, de cuán feliz el otro me pueda hacer sino de cuánto yo estoy dispuesto entregarme en todas las condiciones que la vida me depare. Ver este video reflejado en la historia real de un matrimonio de más de 50 años, nos deja una enseñanza muy profunda y nos invita a reflexionar sobre los conceptos de amor, de felicidad, de entrega y  sobre el verdadero sentido del matrimonio.

El amor hace que el hombre se realice mediante la entrega sincera de sí mismo. Amar significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente.

Los invito a compartir estas historias en grupos de novios y matrimonios, abrir diálogos que nos permitan profundizar en el verdadero sentido de este sacramento.

Silvana Ramos

Silvana tiene 38 años, es ingeniera y trabajó muchos años en una empresa de innovación. Hace 5 años fue mamá por primera vez y hace 3 años renunció a la ingeniería para dedicarse a sus hijos. Hoy es mamá de 3. El matrimonio y la familia se han convertido en su verdadera vocación.


Silvana Ramos

Silvana tiene 38 años, es ingeniera y trabajó muchos años en una empresa de innovación. Hace 5 años fue mamá por primera vez y hace 3 años renunció a la ingeniería para dedicarse a sus hijos. Hoy es mamá de 3. El matrimonio y la familia se han convertido en su verdadera vocación.

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