Podemos ser buenos sin creer en Dios, pero … ¿Podemos ser buenos sin Dios?

Sin Dios somos como esos astronautas del video: a la deriva, sin dirección, perdidos en un mar negro e infinito.

Durante el siglo XX ha retiñido con tesón la frase de Dostoyevski: «Si Dios no existe, todo está permitido». Se la escuchaba ir y venir con su melodía amenazante: «Si Dios no existe, todo está permitido». Literatos, filósofos, Papas … parecían no preocuparse de trillar la máxima: «Si Dios no existe, todo está permitido». Quizá porque en el fondo intuían que se trataba de un repicar profético, de una campana cuya cuerda jalaba el Espíritu, que está llamando a la humanidad a la conversión. Estos últimos años se han encargado de certificar dicha intuición.



Sin Dios somos como esos astronautas del video: a la deriva, sin dirección, perdidos en un mar negro e infinito, como el espacio sideral. Es lo que algunos llaman “nihilismo ético”. Pues sin un punto de referencia, nos quedamos girando y girando a merced de la corriente de moda o del partido político imperante con su ideología de turno (que en no pocas ocasiones está al servicio de los grupos de poder económicos). Así acabamos justificando nuestras opiniones y opciones morales con frases como “es legal” o al menos “no es ilegal”. Así lo “legal” del momento se transforma en la atmosfera que moldea poco a poco la percepción de los valores morales de la sociedad. Pero basta un cambio en la mayoría parlamentaria (en muchos países) y ¡bum! lo que era legal ya no lo es más. Y nos quedamos en el aire, en medio de una atmosfera enrarecida que nos parece poco coherente. Entonces buscamos un nuevo punto de referencia: “al menos será legítimo, lo dice la constitución ¿no?, ante la cual las leyes deben rendir cuenta”. Sin embargo sabemos que ni siquiera la constitución se salva si no tiene un fundamento ulterior que sea sacro e inviolable.

Los testigos sobran, son incontables los países donde las constituciones han sido modificadas con total impunidad. Y volvemos al punto de inicio, es decir, al problema de que no tenemos un punto de inicio. No tenemos un punto de referencia que nos permita establecer con seguridad porqué algo debe ser considerado “bueno” o “malo” y como tal promovido o vetado por la ley. Todo es relativo y todo cambia como preanunciaba Heráclito.

El consenso de la mayoría no basta para garantizar una justificación moral. Sin Dios parece que no nos queda mucho más que decir, porque sin Él no se puede hablar del propósito último de las cosas (un plan ordenado), y sin un orden objetivo de las cosas no se puede hablar tampoco de una legitimadad de las leyes positivas. No nos queda ningún argumento que vaya más allá de los simples procesos formales, ergo todo está permitido, es decir, basta que sea  aprobado por los procesos de votaciones establecidos. Todo se reduce y se confronta con lo formal, no con lo real. Es algo que nos advertía el Papa Benedicto XVI en su segundo libro sobre Jesús de Nazaret, allí decía:

Digámoslo tranquilamente: la irredención del mundo consiste precisamente en la ilegibilidad de la creación, en la irreconocibilidad de la verdad; una situación que lleva necesariamente al dominio del pragmatismo y, de este modo, hace que el poder de los fuertes se convierta en el dios de este mundo.

El hombre al no poder descifrar el sentido del hombre y del cosmos acabará por destruirlos e instrumentalizarlos ya que no podrá reconocer su verdadera dignidad, valor y sentido.  De hecho en nuestros días el poder estatal ha llegado a asentarse como un poder casi divino (como aquel Leviatán de Hobbes) que ya no tiene más frenos que algunos procedimientos formales y tal vez los pocos límites de lo que es técnicamente posible realizar; que debido a los increíbles avances tecnológicos parece casi ilimitado.

Sin Dios la discusión ética se reduce a una discusión sin fin, pues -como decíamos en un post precedente- de nuestras opuestas conclusiones podemos subir hasta nuestras opuestas premisas; pero cuando llegamos de verdad a las premisas la argumentación se interrumpe e invocar una premisa más bien que otra resulta una cuestión de simple afirmación y contrafirmación, de opiniones emotivas (tal vez porque me es conveniente, me brinda mayor placer, etc.), y en este punto no triunfará la verdad, sino la imposición del más fuerte o del más sugestivo (como aquellos sofistas de la antigua grecia). Todo queda a la merced de un emotivismo ético, o de una dictadura del relativismo que orquesta quien detenta el poder. El diálogo racional ya no es posible, y esto preanuncia la llegada inminente de la manipulación y la violencia.

Con el video que hoy presentamos no tenemos la pretensión de demostrar la existencia de Dios de manera silogística, aun cuando es una prueba válida de la razonabilidad de la fe. ¡No, por favor, no se nos confunda! Sabemos cuán difícil puede ser abrirse a la percepción de Dios en la historia (personal y colectiva). No basta un silogismo lógico. Sin embargo sabemos también cuánto el anhelo de Verdad y de Justicia que se anida y crece en nuestros corazones es capaz de allanar el camino para permitir ese encuentro. El video de hoy nos quiere recordar que nuestra rebeldía ante el mal que estamos presenciando estos últimos años (las tantas tragedias que el video evidencia: abusos, terrorismo, guerras etc.), es una rebeldía que responde a una nostalgia real y profunda de reconciliación. Esta no depende del gusto o del disgusto, sino que se ancla en lo más profundo de la naturaleza del hombre que ha sido creado por amor, para vivir el amor y ordenar todo el cosmos según la ley del amor. Con el video de hoy queremos desvelar y despertar, en la conciencia de todos, lo que ya desde hace tiempo venimos intuyendo con fuerza irresistible y profética: «que no todo está permitido, que tenemos necesidad de un punto de referencia que sea incambiable, inviolable, sagrado, sobre el cual fundar nuestra atmósfera ética. Que tenemos necesidad de Dios. Anhelamos volver a Dios». Ese anhelo interior puede ser una manera legítima, para “mostrar” que existe una vía hacia ese Dios que es Verdad, porque es Amor.

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

¿Te parece que este recurso es útil para el apostolado católico? ¿Qué le añadimos? ... Tu opinión nos ayuda a mejorar

Loading Facebook Comments ...
Catholic-Link - Background

Escribe lo que buscas

Ver todos los resultados