¡La Luz brilló en la oscuridad y ha llenado de sentido nuestras vidas!

«El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos ». (Isaías 9,2)

tinieblas luz

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Todos los años en Navidad escuchamos esta profecía de Isaías que nos habla del nacimiento de Cristo, Luz del mundo. Una Luz verdaderamente grande que llenó la vida de los hombres hace 2014 años y que hoy viene con la misma intensidad anhelante de llenarlo todo. 

Sí, una luz verdaderamente “grande”, porque la que irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Si la primera creación empezó con la luz (cf. Gn 1, 3), mucho más resplandeciente y “grande” es la luz que da comienzo a la nueva creación: ¡es Dios mismo hecho hombre!San Juan Pablo II. Homilía de Navidad 2001.

La Navidad es un acontecimiento de luz, es la fiesta de la luz: en el Niño de Belén la luz vuelve a resplandecer en nuestro cielo y despeja las nubes del pecado. ¡Cristo ha llegado para iluminar el horizonte de nuestra historia, para proponernos un nuevo futuro de esperanza!

Pero nosotros llamados a reflejar esta luz, hemos terminado haciendo añicos, como el cristal de un espejo, esa imagen y somos su reflejo solo a través de pequeñas esquirlas y astillas. No terminamos de acogerla y no permitimos que nuestra vida sea iluminada. Vivimos a media luz. Queremos dejarnos convertir, iluminar, pero no sabemos cómo.

Si nos fijamos bien, la respuesta nos la ha dado Dios el día de Navidad: «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre » (Lc 2,12). La señal de Dios es la humildad (como nos dijo el Papa Francisco esta Navidad). La clave para dejarnos iluminar por su luz es acoger con humildad, sin miedo, la pequeñez de su ternura. Una ternura que viene así en pequeños destellos, en pequeñas alegrías llenas de luz como cuando vemos un bebe; su sonrisa, sus gestos, sus manos y pies pequeños. ¿Quién se resiste ante la ternura de un niño? Entonces, ¿por qué resistirnos a la ternura de Dios hecho niño?

Esta noche santa, en la que contemplamos al Niño Jesús apenas nacido y acostado en un pesebre, nos invita a reflexionar. ¿Cómo acogemos la ternura de Dios? ¿Me dejo alcanzar por él, me dejo abrazar por él, o le impido que se acerque? «Pero si yo busco al Señor» –podríamos responder–. Sin embargo, lo más importante no es buscarlo, sino dejar que sea él quien me encuentre y me acaricie con cariño. Ésta es la pregunta que el Niño nos hace con su sola presencia: ¿permito a Dios que me quiera mucho?S.S Francisco. Homilía de Navidad 2014

Solo dejando que Dios nos quiera mucho, podremos ser reflejo de su amor.

¡No permitamos que el amor de Dios en nuestra vida se refleje solo en pequeños destellos de luz! ¡Dejémonos inundar por la luz de su amor! Eso cuesta, lo sé, pero acá viene de nuevo el consuelo de Dios que nos anima y nos invita a acoger esa ternura cuando más nos cuesta. Pues cuando está más oscuro la luz se percibe con mayor claridad. Nos dice de nuevo el Papa Francisco en su homilía de Navidad: 

¿Tenemos el coraje de acoger con ternura las situaciones difíciles y los problemas de quien está a nuestro lado, o bien preferimos soluciones impersonales, quizás eficaces pero sin el calor del Evangelio? ¡Cuánta necesidad de ternura tiene el mundo de hoy! La paciencia de Dios, la ternura de Dios.  La respuesta del cristiano no puede ser más que aquella que Dios da a nuestra pequeñez. La vida tiene que ser vivida con bondad, con mansedumbre. Cuando nos damos cuenta de que Dios está enamorado de nuestra pequeñez, que él mismo se hace pequeño para propiciar el encuentro con nosotros, no podemos no abrirle nuestro corazón y suplicarle: «Señor, ayúdame a ser como tú, dame la gracia de la ternura en las circunstancias más duras de la vida, concédeme la gracia de la cercanía en las necesidades de los demás, de la mansedumbre en cualquier conflicto.

En la medida que nos dejemos transformar por esa ternura ¡todo será nuevo! ¡Jesús se ha hecho hombre, ha llenado nuestras noches de alegría y de luz, nos ha amado hasta dar su vida por nosotros en la cruz! ¡Vayamos a adorarlo! Y en su presencia dejémonos querer mucho y permitamos que Él convierta nuestros corazones.

Luisa Restrepo

Editora en español at Catholic Link
Es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Estudió comunicación social. Es colombiana pero actualmente vive en Lima, donde se encarga de proyectos apostólicos para jóvenes.

@luisarestrepop

Editora en español @catholiclink_es


Luisa Restrepo

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