Cuando el amor habla por sí mismo y deja huella en los demás

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cuidado amor

Captura de video

Como venimos meditando en estos días, el Adviento es un tiempo privilegiado para compartir y vivir la caridad con  aquellos que más nos necesitan. El regalar alimentos a las familias vulnerables, repartir regalos a los niños pobres, son prácticas comunes durante estos días. Pero hay una realidad de la que pocas veces nos hacemos conscientes: la mayor de las miserias no es la material, sino la soledad en la que viven muchas personas, la carencia de afecto, de cariño, la pobreza de amor.

Al entender así la pobreza, nos abrimos a un horizonte nuevo de personas que están a nuestro alrededor, incluso más cerca de lo que nos imaginamos, y que a pesar de tener todo lo material para vivir, son pobres, necesitan de compañía, de amistad, de alguien que se preocupe por ellos y sea capaz de hacer el mayor de los actos de caridad: donarse a sí mismo.

Es importante que en este tiempo de Adviento y Navidad, pensemos en quienes más nos necesitan, y no solo aquellos que viven en las calles, sino en nuestra propia familia. Aquellos que esperan recibir en la noche buena no un gran regalo, sino nuestra compañía, nuestro afecto, regalos que son irremplazables.

Además de estas reflexiones sobre el Adviento, otra idea que resonaba con fuerza en mi cabeza al ver el video es la conciencia de lo frágiles que somos. Nuestra fuerza, vitalidad, juventud, no será para siempre. Hoy podemos hacer muchas cosas y ayudar a muchas personas que nos necesitan, pero también en un momento de nuestra vida nos encontraremos del lado de los necesitados, de los frágiles, y experimentaremos también esa pobreza que no tiene que ver con lo material.

La familia del video tiene la claridad de que en un momento de la vida los papeles se intercambian, los padres cuidan a los hijos, pero llega un día en el que necesitan de ellos para hacer todo, y que sin su ayuda son incapaces de hacer nada. En este momento se requiere de corazones nobles y agradecidos, que sepan restituir el cuidado y el cariño sirviendo y amando, como bien lo hacen la sobrina y el nieto del comercial sobre el cual meditamos.

En este Adviento regalemos nuestros dones y nuestro sacrificio. Edifiquémonos con este testimonio de amor, de servicio y de entrega y apreciemos el valor del buen ejemplo que se transmite no con palabras sino con verdaderos gestos de nobleza y sacrificio por los demás.

Astrid Duque

Es colombiana y laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Estudia pedagogía en Filosofía y Religión. Actualmente vive en Santiago de Chile.


Astrid Duque

Es colombiana y laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Estudia pedagogía en Filosofía y Religión. Actualmente vive en Santiago de Chile.

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