Magnífica animación retrata el dramático proceso de adicción a las drogas

¿Podemos ayudar a otros a comprender lo devastadora que es una adicción? Una respuesta desde el amor

volar alto

Captura de video

El tema propuesto por Andreas Hykade y Angela Steffen en este corto titulado Nuggets, es evidente: la droga. El problema de la droga o la droga como un problema (para ser más precisos). Esa extraña esfera amarilla que hace que nuestro pequeño “kiwi” pueda volar más alto. Esa maravillosa sustancia que promete una vitalidad titánica, pero que al poco andar deja la vida hecha añicos. Es cierto que también podría utilizarse como analogía para referirse a cualquier pecado en general.

Volviendo a la droga (ante su poderosa fascinación) surge una pregunta no tan evidente: ¿Por qué no consumirla? O lo mismo ¿Por qué no vivir esa increíble experiencia de potencia vital que brinda, esa “libertad” total, aunque sea fugaz, aunque sea a costa de un poco -o mucho- sufrimiento? Me pregunto ¿bastan para disuadir de su consumo argumentos de índole médico (la salud física y/o mental)? como muestra el video a través de la pésima situación de nuestro amigo a medida que progresa su dependencia todo hinchado y magullado; o si no ¿basta apelar al riesgo de perder incluso la propia vida?como insinúa el oscurecerse de la pantalla al final del recorrido.

En mi corta experiencia con jóvenes me he dado cuenta que la respuesta es negativa: no suelen bastar estos argumentos. Hay una extraña idea: que cada quien hace lo que quiere con su vida, con su tiempo, con su cuerpo y con su mente. Además como existe tan gran variedad de drogas, así como de efectos secundarios, siempre se encuentran matices para contra argumentar: “no es tan grave”, es algo recreacional”, “tiene muchos efectos positivos”, etc. De este modo, a pesar de que aumenta de forma notoria la tolerancia del cuerpo y con ello también la necesidad de aumentar las dosis, y con ello la seriedad de los efectos colaterales, el argumento de fondo no cambia, persiste e incluso se arraiga más; paradójicamente echa raíces siempre más profundas (algo así como los baobabs del principito). Luego la persona se vuelve incapaz de admitir lo hundido que está y el mal que se está haciendo.

Un argumento que me ha llamado mucho la atención y que creo vale la pena relevar, lo leí una vez en una entrevista que le hicieron a Diego Armando Maradona en Inglaterra. Cuando le preguntaron sobre qué fue lo que le hizo volver a luchar y a querer vivir en el momento más crítico de su recaída en las drogas (estaba muriendo) contestó: «Yo me sentí muy mal cuando mi hija me dijo que yo estaba prácticamente muerto, y entonces me dijo, “Vive por mí, vive por mí”. […] Yo creo que lo que me hace querer seguir viviendo es poder ver a mis hijas todos los días. Antes las veía por ahí, pero estaba adicto a las drogas, por lo que no las disfrutaba».

Estas palabras de la hija de Maradona nos dan la clave para cambiar radicalmente la perspectiva con la que debemos afrontar el problema. No se trata tanto de abordar el asunto en un plano de argumentos fríos o de amenazas técnicas:si haces esto, te va a pasar esto, está demostrado científicamente” o motivaciones autoreferenciales “piensa en ti, en tu salud, en tu vida”. Se trata más bien de poner sobre la mesa el apasionado argumento de la esperanza del amor. Se trata de invitar al otro a descubrir el horizonte del amor. El amor que promete una vida nueva, porque es capaz de afirmar: “vive, porque te necesito” “vive porque te amo, porque estás llamado a amar”.  En un modo del todo alocéntrico debemos afirmar: “piensa en mí (o en los otros), vive por mí (o por los demás), porque te necesito (necesitamos tu amor)”.

Creo que este aleccionador testimonio puede ayudarnos a darle un poco más de profundidad a nuestro argumento. Lo más convincente para ayudar a alguien que se encuentra en esta situación (o en cualquiera semejante de pecado) va en esta dirección. Se trata de llevar de la mano a la persona a una nueva vida en el amor, y por ello es necesario de nuestra parte un compromiso real y no solo palabras. Es necesario poder asegurarle al otro: “no estás solo, yo estoy aquí para ti, para amarte”. Este amor si además se funda en Cristo se vuelve esperanza incondicional, pues incluso es capaz de afirmar: “no destruyas tu vida porque vales la vida de Dios; has sido soñado desde la eternidad para vivir una historia de amor infinito con Él”.

En esta línea el Papa Benedicto XVI en el año 2008 al dirigirse a algunos jóvenes que se encontraban en un programa de rehabilitación de drogas y alcohol dijo:

«He dicho antes que cuando amamos satisfacemos nuestras necesidades más profundas y llegamos a ser más plenamente nosotros mismos, más plenamente humanos. Hemos sido hechos para amar, para esto hemos sido hechos por el Creador. Lógicamente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo de amor verdadero, del núcleo de la enseñanza moral de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”, y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. Mc 13, 30-31). Éste es, por así decirlo, el programa grabado en el interior de cada persona, si tenemos la sabiduría y la generosidad de conformarnos a él, si estamos dispuestos a renunciar a nuestras preferencias para ponernos al servicio de los demás, y a dar la vida por el bien de los demás, y en primer lugar por Jesús, que nos amó y dio su vida por nosotros. Esto es lo que los hombres están llamados a hacer, y lo que quiere decir realmente estar “vivo”»

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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