La fantasía de creerse un buen padre sin ser un buen esposo

La paternidad va de la mano con el compromiso del hombre en el hogar, con los hijos y como esposo.



Mucho se ha escrito sobre el embarazo, la importancia de la madre en los primeros años de vida de un ser humano y sobre la labor de apoyo del padre hacia la mujer en esos momentos cruciales de la vida. Sin embargo, la verdadera importancia del rol del padre en la vida de los hijos, en su desarrollo y maduración –más allá de su contribución biológica a la generación– no ha sido materia tan popular en los distintos medios. Estas lindas escenas que vemos en el video no se deben quedar solo en momentos “Kodak”, sino que deben ser el reflejo de un compromiso real que debe nacer no sólo desde que se convierte en padre de un niño, sino desde el momento en que se convierte en esposo.

Ser un buen esposo es el mejor ejemplo

La sociedad “moderna” nos bombardea de mensajes sobre cómo vivir la libertad al máximo. ¡Qué maravilloso sería usar toda esa inversión publicitaria (que busca vendernos bienes superfluos y pasajeros, felicidad de fotonovela) en que sepamos usar la libertad como se debe! Esto es alinear la voluntad a fines buenos, los más altos, los que Dios nos enseña.  Gracias a esta nueva subcultura, tenemos superávit de personas egoístas, menos comprometidas con los demás, familias no solo rotas sino destrozadas, y una sociedad que se hunde en la pobreza y la infelicidad sin que entendamos por qué está pasando todo esto. Las parejas se casan sin saber qué es realmente el matrimonio y lo qué implica. Esto, unido a la cultura del placer y la poca capacidad de compromiso. Cada vez hay más niños criados en hogares monoparentales, o con la ausencia total del padre, o familias donde el papá y la mamá se han vuelto a casar. Así, “los míos, los tuyos y los nuestros” se constituye en lo “normal”. Y el crecer en un hogar lleno de amor parece ser la excepción.


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¿Qué tiene que ver esto con el rol del padre?

El ser un buen padre va de la mano con el compromiso del hombre en el hogar y por lo tanto como esposo. Podrán creer que son excelentes padres todos aquellos que priorizan a sus hijos los fines de semana a estar con la nueva enamorada o que les pagan el mejor colegio. Pero tenemos malas noticias para ellos. Ser buen padre implica no sólo darle tiempo a los chicos, cubrir sus necesidades materiales y conversar con ellos sobre sus problemas. Implica ser una autoridad para ellos. ¿Qué es ser una autoridad? No es ser un experto en técnicas para dar órdenes y que todos hagan lo que yo quiero. Eso es autoritarismo. Me refiero a la autoridad como cuando decimos: “El doctor Pérez es una autoridad en Neurología”. Que tus hijos te respeten y te amen porque realmente eres un ejemplo de integridad y virtudes. Y esto incluye errores y caídas. Para ser admirados e imitados por sus hijos, los padres no necesitan ser perfectos, basta con que no se conformen con el nivel alcanzado y que luchen cada día por ser un poco mejores en los diferentes aspectos de su vida.


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El ejemplo de vida de un padre

No necesitamos escribir un tratado para conocer la importancia vital que tiene la acción del padre en la vida de un hijo en los aspectos psicológicos y formativos de una personalidad sana y socialmente adaptada. Sin embargo, la más importante es la influencia moral (entendida la persona como la unión de cuerpo y espíritu). ¿Cómo le enseño a un hijo que sea virtuoso si no es con el ejemplo? Y qué mejor escuela que el hogar y la familia. Nada de esto funciona si es que el marco principal de la vida no está basado en el amor.


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Pongamos algunos ejemplos prácticos:

1. ¿Cómo le enseño a que sea justo, generoso, sincero y leal si es que no cubro las necesidades materiales y emocionales de la madre por egoísta o perezoso? ¿O si en lugar de estar con la familia, mis únicas dos horas diarias fuera de la oficina las paso en el gimnasio? ¿O si soy infiel? ¿O mentiroso? O simplemente, la abandoné porque se me acabó el amor y me conseguí otra mujer que cubría mis expectativas…hasta nuevo aviso.

2. ¿Cómo le enseño fortaleza, perseverancia, paciencia, flexibilidad, comprensión y optimismo si me corro de los problemas familiares saliendo todos los fines de semana con los amigotes y regreso con un par de cervezas de más? ¿Les enseño esos valores si vivo amenazando con el divorcio a mi esposa si es que no me deja tranquilo con “mi libertad”? ¿O si lanzo un grito y me molesto porque mi mujer se equivocó en cómo me gusta el huevo frito?

3. ¿Cómo le enseño a ser ordenado, responsable y respetuoso si es que soy incapaz de levantar una media para llevarla a la ropa sucia? Ni qué decir de apoyo en las labores domésticas y de crianza.

4. ¿Cómo le enseño humildad si soy incapaz de reconocer un error o pedir perdón a mi esposa? O perdonarla.

5.  ¿Cómo le enseño a ser una persona de fe si es que no cumplo con ningún precepto de la Iglesia?

6. ¿Cómo pretendo que llegue a ser feliz, si con mi ejemplo le estoy enseñando todo lo que NO debe hacer para alcanzar esa felicidad?

Además, a todos estos objetivos morales hay que sumarle los medios prácticos para alcanzarlos: tiempo –no me sirve de nada ser un ejemplo de virtudes si los que se ganan con él son sólo mis compañeros de trabajo; aprendizaje entendido como el cultivo como padres; desarrollo de aptitudes de comunicación dependiendo la edad y condición de cada uno de nuestros hijos; entre otros.

La mamá como gestora del desarrollo del papá

buen esposo

Captura de video

No quiero cerrar este tema sin mencionar la importancia de la madre en todo lo que hemos mencionado. Estoy casi segura que varias van a compartir este post con mensajes tipo: FYI, Para que veas, Mira que yo tenía razón, A ver si te das cuenta, desgraciado, Mira el pésimo padre que eres, etc. Bueno, para ellas también tenemos una noticia: sé es buen esposo –y por lo tanto buen padre—en la medida en que tenemos también una buena esposa y una buena madre para nuestros hijos, que nos ayuda a ser mejor cada día. La responsabilidad de crianza y desarrollo –tanto propio como de la familia—es de dos. Desde el momento en que nos casamos asumimos como nuestro también el perfeccionamiento de nuestro cónyuge. Este no puede ser cada día mejor si tiene al costado alguien que lo hunde. Y este perfeccionamiento se da en todos los aspectos de la vida, incluyendo la paternidad. Si el esposo no lo está haciendo bien, hay que tratar de hacérselo ver con amor y también con medios concretos que no son simples reclamos y quejas.

Por otro lado, no podemos olvidar a las parejas que, desafortunadamente, ya concretaron la separación o el divorcio. Pues a ellas les podemos decir que desde su nueva situación familiar deben romperse el lomo por ser lo más virtuosos y rectos que puedan en todos los demás aspectos de la vida. Y si están viviendo una situación de tensión entre ustedes, típicas de una separación, como puede ser la repartición del tiempo de los hijos o de bienes, pongan en el centro de esta situación la paciencia, la humildad, la sinceridad y sobre todo, el respeto hacia el otro para que sus hijos se dañen lo menos posible. Por supuesto, si pueden darle una oportunidad más a la familia, mejor.

Así que el mensaje final sería para ambos, no sólo para el padre: “Papá, mamá, esposo y esposa, pónganse a trabajar para entender lo que es verdaderamente un matrimonio feliz y, por lo tanto, una paternidad responsable, para que JUNTOS vivan la maravillosa aventura de criar niños felices”. Los padres educan con lo que dicen, pero mucho más con lo que hacen. Las palabras mueven, mientras que el ejemplo arrastra. Ya lo decía Séneca: “largo es el camino con preceptos, pero breve y eficaz con ejemplos”. Y si quieren recibir un verdadero “gracias” como en el final del video, ya saben por dónde empezar.

Giuliana es comunicadora social y máster en Matrimonio y Familia. Es mamá de una niña y un niño. Tiene el blog de La Mamá Oca y ha escrito el libro "Educación en serio", todo esto para orientar a los padres en la crianza de niños.

@lamamaoca

Educando seres humanos felices


Giuliana es comunicadora social y máster en Matrimonio y Familia. Es mamá de una niña y un niño. Tiene el blog de La Mamá Oca y ha escrito el libro "Educación en serio", todo esto para orientar a los padres en la crianza de niños.

@lamamaoca

Educando seres humanos felices

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