El caso de Brittany Maynard, la muerte digna y nuestra respuesta desde la fe

"Para un cristiano, morir dignamente es morir amando, es irse de esta vida obedeciendo y confiando en nuestro Dios"

caso britanny morir dignamente

Captura de video

Hoy, 1ro de noviembre del 2014, iba a llegar a su prematuro fin la vida de Brittany Maynard, una chica que con sólo 29 años se enfrenta a un cáncer cerebral que no sólo es sumamente agresivo, sino que también está en su fase terminal. Sin embargo, gracias a Dios y a las oraciones que su historia ha suscitado, Brittany ha decidido por ahora suspender su muerte.

Ciertamente, es muy difícil imaginar siquiera lo que ella y su familia sintieron al enterarse de esta noticia: la angustia, el miedo, el dolor…Sin embargo, como cristianos, la Iglesia nos enseña a recorrer el duro camino del sufrimiento al lado de Jesús, el único capaz de darnos la valentía de enfrentar nuestra realidad, de aliviarnos, consolarnos y darle sentido a esa noche oscura de la vida. Como Pedro, nosotros decimos también: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Si sólo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Mucho se ha discutido en internet y la prensa acerca de la decisión de Brittany de suicidarse legalmente (eutanasia) y; más aún, de su iniciativa de fomentar, a través de su fundación, esta decisión de escapar del dolor y morir “dignamente”. La motivación, ante sus propios ojos, puede parecer lícita: ella desea que todos tengan la misma opción de evitar a toda costa el dolor, incluso a cambio de su propia vida.

En el video que acompaña este post, Brittany comenta que el llevar las pastillas que la conducirán a la muerte le da una gratificante sensación de control en medio de una situación que escapa completamente de sus manos. Pero creo que vale la pena preguntarse si es que acaso ¿esta mera ilusión de control – que aparentemente acalla el miedo de morir disminuido en sus facultades y que alimenta de alguna forma nuestro egoísmo y arrogancia humana – vale tanto como para echar de lado la voluntad de Dios en nuestras vidas y desobedecerlo hasta la muerte?

Y en todo caso, ¿qué es para un cristiano morir dignamente? ¿Es acaso morir en pleno uso de sus facultades escuchando nuestra música favorita? Suena bien, ¿no? Pero como la mayoría de mentiras, las que suenan bien y saben a verdad son las peores. Para un cristiano, morir dignamente es morir amando, es irse de esta vida obedeciendo y confiando en nuestro Dios, debidamente preparados para regresar a Él y amarse por fin eternamente.

Y si morir en la voluntad de Dios implicara padecer dolor, ¿es entonces su voluntad el que suframos? Es el mismo Dios quien responde: “Porque Yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza, palabra de Yavé” (Jer 29, 11). Sin embargo, la enfermedad y el sufrimiento existen y se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. Puede también conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede, al mismo tiempo, hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él (CIC 1500-1501).

Por lo tanto, es necesario que, como cristianos, entendamos el dolor en su justa dimensión y sentido. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora (CIC 1505). Por otro lado, Juan Pablo II, en su encíclica Evangelium Vitae, afirma que el hombre “está llamado a la plenitud de la vida, que va más allá de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios”. Efectivamente, es únicamente Dios quien ve la figura completa de nuestra historia personal. Él la ve desde la eternidad y no sólo nuestro paso por la Tierra. El libro de la Sabiduría nos lo explica mejor: “Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido muchos padecimientos, su esperanza estaba llena de inmortalidad; por unos pocos sacrificios recibirán una gran recompensa, pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de Sí. Los probó, como se prueba el oro en el horno donde se funde el metal” (Sab 3, 4-6). Así, al Dios vivo – como buen Padre que es – le es más importante cómo lleguemos al cielo que cuán felices, en parámetros humanos, hayamos sido en la Tierra. Para Dios, es más importante procesarnos de forma que alcancemos nuestro verdadero potencial en el amor, incluso si eso significa sufrir en el proceso: Dios es Padre.

britanny morir dignamente

Captura de video

Así mismo, sería una caricatura de la fe y del evangelio decir que el valor de nuestra vida, como se comenta en el video, está en “no perderse de nada” o que nuestro fin sea ser felices… ¡No lo es! Nuestro fin último es aprender amar a Dios sobre todas las cosas, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad. ¡Por supuesto que Dios quiere nuestra felicidad! pero hemos de entender que ésta es una consecuencia de amar a nuestro Señor y no, como nuestra sociedad la vende, un fin en sí misma. ¡Qué fácil es ser agradecidos y elegir ser obedientes a la voluntad de Dios cuando nos va bien! El verdadero desafío es hacerlo a pesar de nuestras circunstancias. Thomas à Kempis en su libro La Imitación de Cristo lo explica así:

Tengo ahora muchos amantes de mi reino; pero pocos se preocupan por mi cruz. Muchos desean mis consuelos, pocos mis tribulaciones. Encuentro muchos compañeros de mi mesa, pocos de mi abstinencia. Todos quieren alegrarse conmigo, pocos quieren sufrir algo por mí. Muchos me siguen hasta la fracción del pan; pocos hasta beber el cáliz de mi pasión. Muchos reverencian mis milagros, pocos se apegan a la ignominia de mi cruz. Muchos me aman mientras la prueba no les llega. Muchos me alaban y me bendicen mientras reciben algunos favores. Pero si me escondo y los dejo un instante, se quejan y caen en el más completo abatimiento. Al contrario, los que me aman por mí mismo y no en vista de algún interés particular, me bendicen en las pruebas y en las angustias del corazón, como en medio de las grandes alegrías.La Imitación de Cristo

Ahora bien, es comprensible el entender el dolor como algo malo. El mismo Pedro se rehusaba a aceptar que su Señor tuviera que padecer e intentó disuadirlo del terrible sufrimiento y la agonía que iba a soportar; intentó convencerlo de escapar del dolor, pero Jesús lo corregiría diciendo: “¡Apártate de mí, Satanás! Tú me harías tropezar. No piensas como Dios, sino como los hombres” (Mt 16, 23).

Y es que la enseñanza cristiana es tan contraria a la cultura de muerte, que parece de otro mundo. Son muchos los que defienden esta cultura de matar a sus semejantes antes de que nazcan o cuando son muy ancianos o cuando caen enfermos porque se convierten en una carga, incluso para ellos mismos. Lo más preocupante es que revisten estos actos con falsa compasión y misericordia diciendo: “Mejor muerto a que sufra”; ignorando que el valor de nuestra vida no depende del uso pleno de nuestra capacidad intelectual o física en ausencia de dolor ¡su esencia no radica allí! sino en el simple y misterioso hecho de haber recibido la dignidad de ser hijos amados de Dios.

Si ella deja de lado la idea de suicidarse y escoge luchar contra la enfermedad, ella sería un ejemplo e inspiración para tantos otros en su situación

En este sentido, Phillip Johnson, un seminarista diagnosticado en 2008 también con cáncer cerebral – y con una expectativa de vida de sólo año y medio, que ya sobrepasó, a pesar de seguir sufriendo la enfermedad – ha escrito una carta abierta a Brittany Maynard, instándola a no caer en la tentación de tomar la salida “fácil” y a no ignorar el valor redentor del dolor: “No buscamos el dolor por sí mismo, sino que nuestro sufrimiento puede tener gran significado si tratamos de unirlo a la Pasión de Cristo y ofrecerlo por la conversión e intenciones de otros”. Es así que el dolor no debe ser entendido como un castigo ¡sino como una oportunidad! para ser como nuestro Salvador.

Johnson continúa diciendo que al acabar su vida prematuramente, Maynard se perderá los momentos más íntimos de su vida a cambio de una opción más rápida que se enfoca más en sí misma que en cualquier otro. Efectivamente, la recordada Madre Angélica comenta algo parecido al decir que “un día más en la vida de un enfermo no sólo forja en virtud, obediencia y amor al que padece la enfermedad, sino también a los que lo rodean y atienden. Un día más de vida vale totalmente la pena si nos permite dedicar aunque sea sólo un brevísimo pensamiento a Dios. No entenderemos realmente el valor y el efecto que un pensamiento extra que le dediquemos a Nuestro Señor puede tener en nuestra vida” Lo doloroso es que en el caso de Brittany, nunca sabremos cuántos días más de gracia le estaban reservados.

Regresando a la carta de Johnson, concluye diciendo que “si ella deja de lado la idea de suicidarse y escoge luchar contra la enfermedad, ella sería un ejemplo e inspiración para tantos otros en su situación”; ciertamente, incluso para él mismo mientras continúa luchando con su propio cáncer. Y es que tal vez en lugar de instar a otros a suicidarse, podría utilizar su testimonio en inspirar a la gente a alcanzar el verdadero sentido de su vida; enfrentando con dignidad, confianza y esperanza el verdadero fin de sus días y ahorrándole de esta forma a su familia la angustia de vivir con la incertidumbre eterna de lo que hubiera pasado si no tomaba su vida con sus propias manos.

Oremos pues, como Iglesia, para que Brittany y tantas otras personas en su posición alcancen en su vida y a través de su enfermedad especialmente, la gracia de cumplir el propósito por el cual Dios las creó. Por último, sólo quiero terminar compartiendo un pensamiento de un célebre hombre de Dios: “Si aún respiras es porque Dios todavía no ha terminado contigo”… Brittany, si aún respiras es porque Dios todavía no ha terminado contigo, por favor, no termines tú con Él. Así sea.

Dinámica:

Discutir en pequeños grupos las preguntas que se incluyen en el texto.

Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).


Solange Paredes

Solange es peruana, tiene 28 años, vive en Londres y actualmente prepara su tesis de doctorado sobre Cancer Immunotherapy en la University College of London (UCL).

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