San Juan Pablo II: Un Papa que nos enseñó a ser santos

“La verdadera santidad es la alegría, porque un santo triste es un triste santo”.



Fue el 16 de octubre de 1978, cuando los cardenales reunidos en Cónclave eligieron a Karol Wojtyła como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. San Juan Pablo II como hoy lo conocemos, se dedicó a enseñarnos durante su Pontificado que “un mundo sin Dios es un mundo sin alegría” y se preocupó por animar constantemente a los jóvenes a “no tener miedo de seguir a Cristo”.

Este Papa, que fue elevado a los altares, ejerció su pontificado con un espíritu misionero, llevándolo de esta manera a realizar 250 visitas pastorales alrededor del mundo. Durante su ministerio, además, se publicaron 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.


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Pero, ¿por qué Juan Pablo II hoy es un santo?

En una de sus homilías el Papa Francisco nos dice que “la verdadera santidad es la alegría, porque un santo triste es un triste santo”. Este hombre, que a lo largo de su pontificado nos contagió con su alegría, nos llenó de esperanza y nos enseñó la sencillez con su ejemplo, es santo no solo por eso, sino porque se dejó transformar por el amor de Dios. Para Juan Pablo II, Cristo fue el centro de su vida porque una vez que se encontró con Él no tuvo miedo de decirle “Sí” como María.


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Muchas veces creemos que todos los santos de la Iglesia Católica nacieron con un “don especial” o con un espíritu apostólico diferente al nuestro. Pero, al contrario, fueron personas con debilidades, con miedos y con caídas al igual que nosotros, que se esforzaron por crecer en amor a Dios cada día.

Por eso, la vida de San Juan Pablo II nos habla sobre el llamado a la santidad que estamos invitados a vivir.

“Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Lumen gentium 11. c)

Este llamado se hace concreto en lo cotidiano, en las pequeñas cosas que el Señor nos pide, en la fidelidad que tengamos a su Plan, en la medida que amemos más a Jesús. Juan Pablo II nos enseña que cuando ponemos nuestra vida en las manos de Dios, Él puede hacer grandes cosas con ella.

¡Es tiempo que nosotros hagamos lo mismo! Que a ejemplo de San Juan Pablo II descubramos el llamado que el Señor Jesús nos hace cada día. Y hoy que lo celebramos, pidamos su intercesión, para que a ejemplo de su valentía y sencillez podamos seguir a Cristo sin miedo y abrirle de par en par las puertas de nuestro corazón.

María José Tinoco

Editora General at Catholic-link
Es ecuatoriana, tiene 21 años y actualmente estudia Periodismo en Guayaquil.


María José Tinoco

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