Un entretenido diálogo sobre la ideología de género

Una sátira que nos demuestra que la ideología de género es una lucha contra la realidad misma

Captura de video

Aun cuando sabemos que la película consiste en una irreverente mofa del cristianismo y de la vida de Jesús, ponemos este pedazo de “La vida de Brian”, película del grupo de comedia inglés Monty Python (1979), porque en esta breve escena encontramos una clara, irónica y simpática crítica contra el absurdo de la ideología del género. 

De hecho, como bien desenmascara el video, toda ideología se caracteriza por su intento de someter la realidad a una “pseudo-verdad”, o lo que es lo mismo, de imponer como absoluta una idea falsa y reductiva; aún cuando para ello tenga que acudir a la violencia. Y esto último no es poco frecuente, pues si estamos hablando de imponer una serie de ideas que falsean la realidad integral, es casi imposible no acabar ejerciendo algún tipo o grado de violencia; sea en primera instancia a nivel de la conciencia o a nivel del lenguaje, o en fin a nivel de la realidad misma, a través de leyes y estructuras que buscan modificarla yendo contra ésta misma.

La ideología del género es un claro ejemplo de esto (como enseña el video), ya que basando en la premisa de que la identidad sexual es completamente relativa, y que puede y debe ser construida, ya sea según la decisión subjetiva de cada persona o de la sociedad, acaba por ir en contra de los dimensiones más evidentes y sensatas de la realidad. Por ejemplo, cuando busca acabar o equiparar las distinciones lingüísticas entre hombre y mujer, que el video expone con gran ironía, o cuando genera en la conciencia colectiva de la sociedad una sensación de culpabilidad de discriminación no políticamente correcta si alguien se refiere o acusa estos temas ideológicos como falsos o absurdos. O incluso en tantos ámbitos en los que llegamos al drama de ver modificadas dimensiones estructurales de al realidad misma (esfera biológica, psicológica, legal, educativo o del ordenamiento social, etc.) para favorecer la concreción de la ideología.

Ahora bien, mirando más allá de la ideología del género en específico, nos parece de suma importancia una cuestión que viene mencionada al final de nuestro video y que creemos vale la pena profundizar. Se trata del hecho de que, aun cuando la ideología, se cual fuere, se topa siempre al final del camino con el imponente muro de la realidad que se le opone, contradicendo lo lógicamente imposibl (como por ejemplo aquella escena del hombre que desea ser madre), hoy por hoy enfrentamos un mundo que con su poder tecnológico se acerca cada vez más a ser capaz de modificar la realidad a niveles inaúditos, violando y trastocando su dimensión más íntima según sus gustos y caprichos. Piénsese en los últimos descubrimientos del genoma humano, o en los grandes avances tecnológicos que nos permiten construir y modificar prácticamente cualquier cosa, sea del hombre mismo que de la realidad que lo circunda. Frente a esto, ¿qué decir?

Es importante recordar que aún cuando la ideología muchas veces encuentra la manera de convertir sus pretensiones y caprichos irreales en realidades factibles, a través de leyes o “derechos”, o incluso en transformaciones más concretas gracias al inimaginable poder de la tecnología (como las modificaciones genéticas), esto no quiere decir que su “pseudo-verdad” se erige entonces como una idea verdadera y legítima. Y esto tampoco depende de que luego estas nuevas posibilidades técnicas sean aprobadas legalmente. Este grave error, que se difunde mucho en nuestra sociedad, nos lleva a creer que todo a fin de cuentas no depende más que de reglas relativas a un poder, o a una voluntad legislativa, que deciden que es justo y que no; lo cual es inaceptable. Hoy, sin ninguna referencia ulterior (ninguna garantía que vaya más allá de los procedimientos formales mismos), los poderes legislativos establecen los nuevos parámetros sobre los cuales se nos dice quién es el hombre (“y la mujer” siguiendo la ironía del video) y cómo debe vivir (a todos los niveles, incluido el sexual). Lamentablemente toda la discusión hoy se reduce a un nivel formal, de tal modo que puede llegar a ser legal cualquier cosa siempre y cuando cumpla con los requisitos de los procedimientos establecidos.

Sólo la referencia a un orden que va más allá de nuestros caprichos y voluntades, y que se remonta hasta una ley que nos viene dada desde lo alto (una ley eterna), será capaz de garantizar una instancia objetiva suficiente; una que, superando lo meramente formal, nos permita desarrollar un auténtico discurso sobre cuál es el límite de la ley misma, y cuáles son los parámetros para considerar cuándo una ley es legítima o ilegitima. O en otras palabras, ahora que hemos llegado a creer que todo lo que es legal es un derecho, y que todo lo que yo creo subjetivamente que es mi derecho tiene que ser legalizado y defendido como legítimo, las leyes y la tecnología no son ya más que conductos vacíos (“nomo-ductos”), por los que puede circular cualquier tipo de contenido. Todo está en el transformar mi pretensión en una mayoría parlamentaria o jurídica.

igualdad- derecho

Captura de video

Pero queda siempre abierta la pregunta ¿quién tiene la última palabra sobre la legitimidad de dichos contenidos? Si la naturaleza de las cosas no nos dice nada en sí, si no nos remite a un orden que va “más allá” hacia una Sabiduría más grande que nos señala los límites dentro de los cuales podemos movernos, ¿no queda todo a disposición de los más fuertes que ostentando el poder pueden manipular las leyes? Acaso, ¿no fue esto lo que ocurrió durante la trágica Segunda Guerra Mundial, donde los alemanes imprimían legalmente tickets de tren solo de ida para los viajeros judíos?

En medio de este racionalismo vacío, la razón tiene que hacer cuentas consigo misma y con sus propios procedimientos formales. Cuando ius (el derecho entendido como el orden de la realidad que nos supera) y la lex (las leyes positivas que deberían respetar y reflejar dicho orden) se identifican, el legislador se convierte -como decía un profesor mío- «en un verdadero demiurgo, creador del nuevo orden, por lo que todo lo que puedo cumplir en base a la ley, y según las formas y modalidades por ella previstas, es “legítimo”, y yo soy “legitimado” para hacerlo, o bien, tengo la “legitimación” para cumplirlo. El “legal” se trasvasa plenamente en el “legitimo”, y viceversa.»

Es en relación a este gravísimo problema que se enmarca la profunda llamada de atención del entonces Papa Benedicto XVI ante el parlamento Alemán, cuando dijo:

«Volvamos a los conceptos fundamentales de naturaleza y razón, de los cuales hemos partido. El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, con 84 años – en 1965 – abandonó el dualismo de ser y de deber ser (me consuela comprobar que a los 84 años se esté aún en condiciones de pensar algo razonable). Antes había dicho que las normas podían derivar solamente de la voluntad. En consecuencia – añade –, la naturaleza solo podría contener en sí normas si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Por otra parte – dice –, esto supondría un Dios creador, cuya voluntad se ha insertado en la naturaleza. “Discutir sobre la verdad de esta fe es algo absolutamente vano”, afirma al respecto. ¿Lo es verdaderamente?, quisiera preguntar. ¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presupone una razón creativa, un Creator Spiritus?» (S.S Benedetto XVI, 2011.)

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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