¿Con quién en todo el mundo celebraría un gol? “Con mi abuelita”

¿Cuidamos de nuestros ancianos en casa o los tenemos escondidos y alejados de nuestras vidas?

Foto: Artur Corumba (CC BY-NC-SA 2.0)

Foto: Artur Corumba (CC BY-NC-SA 2.0)

Alessandro Florenzi, un mediocampista italiano de 23 años, ha cautivado las redes sociales luego de que ayer, tras anotar un gol por su equipo, la A.S. Roma, corriera a las graderías del estadio para sostener en un fuerte abrazo a su abuelita, Aurora.

¿Pero qué tiene de extraño o novedoso abrazar a la abuelita? Quizás la sorpresa, la conmoción, se deba a que posiblemente sea algo que no haríamos… Aunque quizás es algo que sí quisiéramos hacer, pero… ¿vergüenza?

Hoy, más que nunca, la Iglesia debe dar ejemplo a toda la sociedad del hecho de que los ancianos, a pesar de los ‘achaques’ inevitables, a veces graves, son siempre importantes, es más, son de hecho indispensables”.       Papa Francisco

Florenzi pagará una multa –porque eso de salirte de los límites del campo a la tribuna va contra las normas–, pero se explicó ante la prensa: “(mi abuela) nunca antes vino, ni siquiera cuando era niño y era más cómodo hacerlo. Esta vez ha venido con sus 82 años. Me dijo que iba a venir, me dijo: ‘voy al estadio, a verte solo a ti, así que ven a saludarme’”.

Rudi Garcia, entrenador de la Roma dijo que Florenzi “pagará una multa, pero está feliz de hacerlo. El abrazo de Ale con su abuela fue un momento de tanta emoción”.

Los abuelos, los ancianos… desde hace tanto los tenemos tan excluidos. Ya lo ha dicho el Papa Francisco, “no se los deja hablar, no se los deja actuar”.

¿Tenemos la dicha de tener a nuestros abuelos en casa? ¿Cómo los trato? ¿Los invitaré al estadio de mi vida y los abrazaré para festejar el éxito que he logrado?

Quizás los ancianos en el hogar son nuestros padres. ¿Los tengo en cuenta? ¿Cuido por su salud y su bienestar así como ellos cuidaron de mí desde el vientre materno?

No olvidemos que honrar a nuestros padres (¡y por tanto a nuestros abuelos, los padres de nuestros padres!) es uno de los Diez Mandamiento, eh. Que no se nos escape, que no hay pretexto.

Pero que no sea un “deber”, una “obligación” que hay que marcar en nuestro registro cotidiano, como quien hace un inventario en una tienda. Check. Que sea un acto de sincero amor, y de sincero encuentro con el Señor a través de nuestros abuelitos.

Vamos, salgamos corriendo un rato del campo de fútbol de nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros estudios y ocupaciones, y corramos a darle ese abrazo a nuestros abuelitos y nuestros padres. Ellos están atentos a cada gol que anotamos, de seguro.



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