¿Quién dice que un poco de “bulling” no hace bien?

2El video de hoy afronta con radicalidad un duro problema que es tanto o más viejo que el hilo negro: el bulling (acoso, matonaje, hostigamiento). Y aunque puede parecer que ha empeorado en nuestros días, a través de la historia se pueden encontrar un sinnúmero de casos iguales o peores de los que se viven hoy. Sin embargo es cierto que algunos avances tecnológicos mal utilizados como la televisión o las redes sociales se han convertido en potentes catalizadores que estimulan y ayudan a la rápida difusión del problema. Me sería imposible entrar a explicar aquí los alcances, detalles, causas, y otros factores relacionados, porque implicaría tratar dimensiones psicológicas, físicas y espirituales, además de casuísticas, por lo cual me concentraré en ir a lo que está de fondo, a lo esencial del discurso, y que paradojalmente el video trata poco.

Sí, lamentablemente a pesar de que el video cumple con creces el objetivo de acusar y criticar el problema de modo apelante, privilegia demasiado el aspecto emotivo y testimonial, descuidando de atender a lo fundamental, es decir, el “porqué”. Es cierto que más hacia el final cuando el  se plantea la cuestión de la verdadera belleza, da en el clavo exponiendo que los abusadores deben estar equivocados respecto a sus juicios y maltratos, si no efectivamente quedaría sin responder la pregunta: ¿por qué razón siguen allí las víctimas, o sea, porqué han salido adelante? Tiene que existir un proposito, un porqué… pero el video no responde. Además, yo añadiría se podrían plantear otros “porques” más: ¿por qué surge el problema?, ¿por qué estaría mal que algunos maltraten a otros? o también ¿por qué estaría bien que ante  los maltratos las víctimas perseveren, luchen y salgan adelante? ¿por qué?  Pueden parecer preguntas quisquillosas, pero en realidad están lejos de eso.

Alguno quizá podría objetar diciendo que la respuesta es evidente, algo así como: “porque es algo malo, porque hace daño”. Sin embargo me pregunto ¿y qué significa, o que peso tiene una mala acción en el mundo de hoy? y además ¿por qué sería algo malo, quién lo dice? De hecho ¿quién define lo que es malo o bueno en nuestros días, allí donde la ley no prescribe nada? ¿por qué no habría de aprovecharme de otros, si haciéndolo consigo beneficios: “popularidad”, “placer”, “respeto”, incluso beneficios económicos-en el caso que se trate de un colega de trabajo.”, etc.? ¿Quién dice que un poco de “bulling” no hace bien?

3Puede parecer una precisión maliciosa, o un simple juego de preguntas, pero en realidad aquí se esconde el verdadero corazón del problema. Me explico mejor. Después de que hemos promovido y tolerado una cultura de verdades débiles (cada quien puede tener su verdad: “toda verdad es relativa”), y por ende también una moral débil, “haz lo que se te da la gana”, al menos hasta allí donde la ley no diga lo contrario (o no arriesgues de ser pillado por ella), allí donde las únicas verdades que compartimos todos son meramente de carácter funcional (científico-matemático), y para colmo donde la felicidad que se promueve es superficial (éxito económico, popularidad, fama, y estas últimas muy legada al hecho de ser un “chico malo”), me pregunto con qué derecho podemos ahora lamentarnos y pretender que exista un auténtico ambiente ético, de sana y positiva convivencia entre las personas, donde prime el respeto y el bulling desaparezca.

Ante el parlamento alemán el entonces Papa Benedicto XVI agudamente acusaba este problema, diciendo  que «una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales» (Discurso, Reichstag, Berlín
Jueves 22 de septiembre de 2011.)

De hecho en una cultura donde los temas más importantes del hombre (aquellos que se responden al porqué y no al cómo), son relativizados, y las verdades fuertes y unificadoras (como la fe religiosa en un Dios creador) son recluidas al ámbito de lo privado, quitando toda posible contribución e iluminación por parte de ellas al ámbito de político, y además donde como consecuencia la dignidad de la persona, sus derechos, su rectitud cívica, etc. acaban por ser fundados y medidos solo a través de verdades parciales y funcionales, y que son resguardadas por una estructura legal meramente formal y positiva, no debe extrañarnos que acabemos creando una situación polarizada de donde brota tanta violencia, pues en esta circunstancia es imposible que no se vaya constituyendo como decía el entonces Cardenal Ratzinger, «una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos» (Homilía en la Misa “Pro Eligendo Pontifice”, Roma,
Lunes 18 de abril del 2005). 

En un marco así no podremos jamás enfrentar satisfactoriamente el problema del bulling, por el simple hecho de que no existe una verdad consistente que nos permita decir porqué no debería ser practicado. Por ejemplo en un ambiente protegido por el anonimato como internet, ¿porqué no habría de disfrutar vengándome de otros a través de un cyber-bulling, donde la ley no me toca?

Es más, incluso  hasta que no volvamos a generar una cultura que responda a las preguntas fundamentales del hombre desde una mirada integral6 que ilumine los asuntos de la esfera publica con categorías como “ser creados a imagen y semejanza”, “creador por un Dios” “por amor, para vivir el amor”, etc. no podremos ni siquiera responder a la pregunta de porqué siguen y deberían salir adelante las víctimas, pues de nuevo no existiría un porqué suficientemente válido. Lo que en realidad se necesita es cambiar el corazón de las personas, cambiar la “mirada” que permite ver más allá de la piel, ver lo invisible, hacia esa belleza interior (como dice el video). Solo desde ese corazón nuevo puede surgir un auténtico discurso sobre la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona, y se pueden exigir y reconocer comportamientos responsables incluso en el ámbito privado. Si no, nos tendremos que conformar con la dura realidad: allí donde no llegan las prescripciones legales, allí donde el otro es simplemente un animal evolucionado con el cual compito, allí donde el universo es mero azar sin sentido, es incluso conveniente utilizar recursos como la violencia para alcanzar mis fines y triunfar. Bajo estas premisas mi vecino puede ser tratado como medio y no como fin, y no ya no es justo engañar a quien ha sufrido y sigue sufriendo  a través de frases como: “la belleza es interior” “vale la pena vivir”, “aún existe esperanza”. Solo quien puede prometer un amor incondicional tiene el derecho de pronunciar esas palabras.

Por ello solo cuando logremos reconocer de nuevo la gran y única verdad de que el mundo y el hombre han sido creados y queridos incondicionalmente por un Dios que es Amor, es que podremos forjar una civilización de paz, justicia y reconciliación. El entonces Papa Benedicto XVI lo resumía en un modo insuperable cuando sentenciaba: «Digámoslo tranquilamente: la irredención del mundo consiste precisamente en la ilegibilidad de la creación, en la irreconocibilidad de la verdad; una situación que lleva necesariamente al dominio del pragmatismo y, de este modo, hace que el poder de los fuertes se convierta en el dios de este mundo» (Gesù di Nazaret /Seconda Parte, L.Editrice Vaticana, p.217)

Texto para meditar

Para terminar quisera resaltar un punto neurálgico sobre el problema que el video menciona, pero sin desarrollar mucho, a saber, 338px-Sabana_santaque todos los que han sufrido son todavía “bellos”. Sobre esto quisiera dejarles algunos extractos de una conferencia extraodinaria del entonces Cardenal Ratzinger que creo puede ayudarnos a entender que Verdad puede darle fundamento a esta gran intuición, a través de algo más que una arenga motivacional y de facinantes imaganes…a través de palabras que portan vida eterna. Dice en el mensaje que dio en “Meeting” de Rímini (Italia) el 24 al 30 de agosto de 2002:

«En el tiempo de Cuaresma, introduce el salmo la misma antífona que se utiliza durante el resto del año. El tercer versículo reza: «Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia»(…) La Iglesia lee este salmo como una representación poético-profética de la relación esponsal entre Cristo y la Iglesia. Reconoce a Cristo como el más bello de los hombres; (…) El miércoles de la Semana santa, la Iglesia cambia la antífona y nos invita a leer el salmo a la luz de Isaías: «Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, con el rostro desfigurado por el dolor» (53, 2). ¿Cómo se concilian estas dos afirmaciones? El «más bello de los hombres» es de aspecto tan miserable, que ni se le quiere mirar.

San Agustín sabía que la paradoja es una contraposición, pero no una contradicción. Las dos, afirmaciones provienen del mismo Espíritu que inspira toda la Escritura, el cual, sin embargo, suena en ella con notas diferentes y, precisamente así, nos sitúa frente a la totalidad de la verdadera Belleza, de la Verdad misma

El que cree en Dios, en el Dios que precisamente en las apariencias alteradas de Cristo crucificado se manifestó como amor «hasta el final» (Jn 13, 1), sabe que la belleza es verdad y que la verdad es belleza, pero en el Cristo sufriente comprende también que la belleza de la verdad incluye la ofensa, el dolor e incluso el oscuro misterio de la muerte, y que sólo se puede encontrar la belleza aceptando el dolor y no ignorándolo. (…)

La belleza es conocimiento, ciertamente; una forma superior de conocimiento, puesto que toca al hombre con toda la profundidad de la verdad. En esto Kabasilas sigue siendo totalmente griego, en cuanto que pone el conocimiento en primer lugar. «Origen del amor es el conocimiento – afirma-; el conocimiento genera amor». «En algunas ocasiones -prosigue- el conocimiento puede ser tan fuerte que actúe como una especie de filtro de amor».

l verdadero conocimiento se produce al ser alcanzados por el dardo de la Belleza que hiere al hombre, al vernos tocados por la realidad, «por la presencia personal de Cristo mismo», como él afirma. El ser alcanzados y cautivados por la belleza de Cristo produce un conocimiento más real y profundo que la mera deducción racional. (…)

9En la pasión de Cristo la estética griega, tan digna de admiración por su presentimiento del contacto con lo divino que, sin embargo, permanece inefable para ella, no se ve abolida sino superada. La experiencia de lo bello recibe una nueva profundidad, un nuevo realismo. Aquel que es la Belleza misma se ha dejado desfigurar el rostro, escupir encima y coronar de espinas. La Sábana santa de Turín nos permite imaginar todo esto de manera conmovedora. Precisamente en este Rostro desfigurado aparece la auténtica y suprema belleza: la belleza del amor que llega «hasta el extremo» y que por ello se revela más fuerte que la mentira y la violencia. (…)

Es bien conocida la famosa pregunta de Dostoievski: «¿Nos salvará la Belleza?». Pero en la mayoría de los casos se olvida que Dostoievski se refiere aquí a la belleza redentora de Cristo. Debemos aprender a verlo. Si no lo conocemos simplemente de palabra, sino que nos traspasa el dardo de su belleza paradójica, entonces empezamos a conocerlo de verdad, y no sólo de oídas. Entonces habremos encontrado la belleza de la Verdad, de la Verdad redentora. Nada puede acercarnos más a la Belleza, que es Cristo mismo, que el mundo de belleza que la fe ha creado y la luz que resplandece en el rostro de los santos, mediante la cual se vuelve visible su propia luz. (para leer el texto completo)

Daniel Prieto

Es chileno, tiene 28 años y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno, tiene 28 años y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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