¿Una cultura que vaya contra-corriente (de aire)?

7El video de hoy puede ser muy sugestivo para hablar del tema de la cultura, y de manera más especifica aún de la evangelización de la misma. A través de los símbolos del viento, de la máquina, de los hábitos cotidianos, podemos realizar una aguda analogía para tratar esta temática. De hecho el término cultura viene del latín colere que significa cultivar, pensemos por ejemplo a la palabra agri-cultura (el cultivo de la tierra). Se trata de la actividad del hombre que se descubre llamado a cuidar con reverencia la tierra en la que vive y que le ha sido donada, porque sabe también que solo así puede desplegarse y ser feliz. Además la cultura contempla el cultivo del hombre mismo. Sí, porque el hombre como sujeto principal del cuidado de las cosas debe en primer lugar cultivarse a sí mismo; si se no se cuida, cómo será capaz de cuidar a otros. Nadie da lo que no tiene, dice con razón la máxima.

Ahora bien, el hombre así como los personajes de nuestro video, es capaz de adaptarse a las más difíciles situaciones, para humanizar y vivir en su ambiente. Sin embargo, puede suceder también que ciertas acciones en vez de humanizar, des-humanicen el entorno, generando así una anti-culura, o como la llamaba el Papa Juan Pablo II, una cultura de muerte; constituyendo una dificultad que va en contra de una vida auténtica (algo así como aquel viento del video). Si las acciones del hombres inciden y se plasman profundamente en la realidad en forma negativa, con el tiempo se convertirán consecuentemente en verdaderas estructuras negativas (costumbres, disposiciones, leyes, etc) que marcarán el estilo y  el ritmo de vida del mismo hombre. Esto obviamente incide en su persona, que desplegándose desde la ruptura, repite el ciclo incrementando el movimiento negativo como un espiral. Cuando esto sucede, la tierra ya no es un lugar neutral o propicio para cultivar una vida auténtica, sino que, como agudamente grafica el video, se convierte en un ambiente hostil y viciado. Así, el hombre cuando intenta adaptarse para vivir humanamente parte ya desde una serie de presupuestos reductivos que condicionan, limitan e incluso vician sus mismas actividades cotidianas (aun cunado la intención de fondo sea noble y positiva).

4No será tal vez esto lo que ha pasado con ciertas estructuras educativas, legislativas, económicas, tecnológicas, etc… que rigen la cultura hodierna, muchas de las cuales avanzan prescindiendo e incluso dañando al mismo hombre que las desarrolla. No será acaso que ya nos encontramos inmersos en un viento que nos arrastra en este espiral de muerte, y en cual nos hemos penosamente acostumbrado a vivir, generando comportamientos reductivos, que limitan nuestro auténtico despliegue humano. Y no será también que ya este ciclo vicioso pesa tanto y se ha vuelto tan parte de nuestra cotidianidad que desafortunadamente ha formado una especie de segunda naturaleza como decía Pascal, a tal punto que ya no cuestionamos el sistema (o no queremos hacerlo), porque no tenemos la valentía o las fuerzas para afrontar el compromiso y las renuncias que implicaría cambiarlo. O quizá podríamos simplemente afirmar, así como les pasa a nuestros protagonistas del video cuando el viento cesa de soplar, que ya no sabemos como vivir fuera de esta contradicción que en cierta medida nos gusta.

Al parecer nos hemos conformando con una “cultura” mediocre, llena de limites y condicionamientos que mellan desde su mismo nacimiento todas nuestras aspiraciones más profundas. Pero, ¿qué sucería si en cambio nos propusiésemos generar un verdadero cambio, yendo hasta la fuente del problema, deteniendo la máquina que genera este viento tan agresivo? ¿Y si la respuesta en realidad, además de lo externo, tiene su inicio en nuestra propia vida, en aquella máquina de vientos que sopla en lo profundo de nuestro corazón?  Tal vez de esta manaera, y si sumamos fuerzas con otros, podríamos llegar a generar una corriente suficientemente fuerte que se vuelva cultura, y que cambie la vida de tantos otros, amplificando el cambio. ¿Estaríamos dispuestos a ir contra-corriente, para generar un nuevo estilo de vida desde su raíz, una vida plenamente humana?

Definitivamente para llevar a cabo esta tarea, necesitamos cultivar esa actitud reverente del agricultor, que es capaz de descubrir la realidad como creación (y nuestra propia existencia), como donación, o en otras palabras, como gracia. Solo desde allí puede brotar una respuesta coherente, que nos lleve a aceptar, a respetar y a cuidar adecuadamente este regalo, dando auténticos frutos. Podemos, y debemos, volver a mirar así la realidad, y nuestra misma vida. Necesitamos esa apertura a la gracia, porque al fin y al cabo una verdadera cultura solo puede ser obra de la cooperación efectiva con la gracia que transforma al hombre, quien a su vez transforma la realidad que lo circunda. Y es5 solo el Señor quien puede cambiar nuestros corazones, pues ha sido Él quien ha cambiado el tiempo en tiempo de salvación y la tierra en nueva creación. Él es el centro y el núcleo de la verdadera evangelización de la cultura. Solo desde una conformación vital con el Señor puede surgir un cultivar coherente que plamse más en este mundo esa nueva cración traída por Él.  Por eso es tan importante aprovechar este tiempo de Adviento para disponer nuestros corazones a recibir el mayor don posible: Dios que viene a nuestro encuentro. El Papa Benedicto XVI ilustraba esta actitud fundamental con una bellísima imagen, cuando decía:

Mirad al labrador —escribe san Santiago—; espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la venida del Señor está cerca» (St 5, 7-8). La comparación con el campesino es muy expresiva: quien ha sembrado en el campo, tiene ante sí algunos meses de espera paciente y constante, pero sabe que mientras tanto la semilla cumple su ciclo, gracias a las lluvias de otoño y de primavera. El agricultor no es fatalista, sino modelo de una mentalidad que une de modo equilibrado la fe y la razón, porque, por una parte, conoce las leyes de la naturaleza y hace bien su trabajo y, por otra, confía en la Providencia, puesto que algunas cosas fundamentales no están en sus manos, sino en manos de Dios. La paciencia y la constancia son precisamente síntesis entre el empeño humano y la confianza en Dios.

Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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