«Mi vida religiosa es una bendición». Un testimonio lleno de alegría



El video de hoy nos presenta un testimonio sencillo que, sin embargo, es un poderoso remezón para todos aquellos que desean responder con fidelidad al amor de Cristo y que están abiertos a acoger con generosidad el Plan de Dios en sus vidas ¿por qué?  Porque en medio de su sencillez esta historia vocacional es un acuciante cuestionamiento que nos pone de nuevo ante la radical pregunta ¿Y qué quiere el Señor de mí?

Además, es también un testimonio que cuestiona a quienes aún no conocen, o no han querido conocer, al Señor, pues una vida como la de Sor María Bernardette, es una vida que, a través de una serie de decisiones que no responden a la lógica y a los cálculos de este mundo, orbita en torno a un punto invisible; un punto que va más allá de nuestro campo de visión y del ámbito de lo medible, de lo controlable; un punto que se extiende verticalmente hacia las dimensiones de lo que está “más allá”, de lo desconocido y que por lo mismo implica un lanzarse con radicalidad y confianza en las manos de Aquel nos amó primero.


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Una vida así escandaliza y confronta tanto al creyente como al no creyente, ante el misterio de una fuerza gravitacional que excede los parámetros de nuestro mundo (lo sobrepasa), generando incluso en muchas ocasiones un cierto temor reverencial. De esta manera la vida que tiene a Cristo como centro, a través de este orbitar lleva nuestra mirad hacia ese punto invisible, que inicia poco a poco a hacerse más y más presente . En el corazón del no creyente surgen preguntas tales como ¿No será acaso todo esto verdad? Si no ¿De donde le viene esa fuerza, esa alegría, ese amor, esa profunda vida espiritual? (como también notaba Sor María Bernadette en el testimonio de las otras hermanas) ¿No será que ese Cristo alrededor del cual gira su vida es en verdad Dios? Y al creyente por su parte le surgen preguntas tales como ¿Qué me pide el Señor? ¿A qué vocación me llama? ¿Cómo puedo amarlo más, con esa fuerza, con esa radicalidad? ¿Cómo hago para que Cristo sea el centro de mi vida? Es interesante en ese sentido notar lo decisivo que fue para Sor María que su mismo ambiente familiar girase en torno al Señor, lo cual se ve reflejado en la constante oración en familia, en el hecho que su madre los llevase diariamente a misa, en ver películas o leer historias de los santos que han vivido de manera ejemplar este ideal…


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De hecho, este último aspecto nos recuerda que toda persona que sigue el Plan de Dios con fidelidad, sea por el camino de la vocación matrimonial (como la madre de Sor María Bernardette) sea por un camino de consagración particular, esta llamada a hacer de Cristo el centro de su vida, dando un  testimonio audaz de un amor total hacia Él.  El testimono de Sor María Bernardette o el de su madre, son algunos de tantos otros que nos recuerdan que mientras más vitalmente nuestra vida gire alrededor del Señor, reflejándose en todos los detalles de nuestras acciones cotidianas, más y más se extenderá su fuerza de atracción en el mundo, y así otras personas serán atraídas a ese centro de gravedad a través de nosotros. Eso es lo que generó su familia en ella, y eso es lo que ella debe generar ahora en nosotros. Estos testimonios nos traen de nuevo el frescor de lo sobrenatural, abriendo esas ventanas por donde entra el amor de Dios a nuestras vidas.


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Texto para meditar

«Lo que sigue sólo se dirige a los hombres de corazón grande, a los magnánimos, a los que son capaces de entusiasmarse por un ideal que va más allá de lo estrictamente obligatorio, a los chiflados por Cristo… Los que no lo estén, o no tengan siquiera el ideal de estarlo, mejor es que se bajen del buque, porque no van a ser sino un peso muerto; lo que se va a decir no tendrá sentido para ellos… Esto es lo esencial del llamamiento de Cristo. ¿Quisieras consagrarme tu vida? ¡No es problema de pecado! ¡Es problema de consagración! ¿A qué? A la santidad personal y al apostolado. Santidad personal que ha de ir calcada por la santidad de Cristo. No hay dos almas iguales, ni menos dos santos, pero sí las leyes fundamentales son las mismas. Cristo no me quiere engañar, me precisa la empresa. Es difícil, bien difícil. Hay que luchar contra las pasiones propias, que apetecen lo contrario de su programa ¡No estarán muertas de una vez para siempre, sino que habrán de ir muriendo cada día! No se trata de una voluntad de esas generales, a bulto, sino una resolución: que quiero y elijo y es mi determinación deliberada.¿ Señor, qué quieres que haga?” Todo esto será letra muerta, todo esto será un bello ideal, un ensueño más, si no comenzamos por instaurar en nosotros mismos esa revolución social que proyectamos. La gran revolución no será posible sino cuando hayamos efectuado cada uno de nosotros mismos la pequeña revolución, la revolución de nuestra vida orientándola totalmente hacia Cristo. No nos engañemos en esto, porque el engaño sería el más grave de los engaños. Queremos incendiar; tenemos antes que nada incendiarnos nosotros mismos; queremos iluminar, tenemos antes que nada que ser luz; queremos dar sentido cristiano a la vida y cómo lo daremos si no lo tenemos nosotros mismos? El mundo está cansado de discursos, quiere hechos, quiere obras, quiere ver a los cristianos que encarnan como Cristo la verdad en su vida, quiere que podamos decirles cada uno de nosotros, aprendan de mí… ejemplo les he dado.

Aquí está la clave. Crecer en Cristo…viviendo la vida de Cristo, imitando a Cristo, siendo como Cristo… Pero esta identificación ¿qué significa? No ciertamente una fría repetición de lo que hizo….tampoco es un estado sentimental o efectivo que depende tan poco de nuestra voluntad. Esta imitación de Cristo viene a consistir en vivir la vida de Cristo… que mi actuación sea la de Cristo, no la que tuvo, sino la que tendría si estuviese en mi lugar. Ante cada problema, ante los grandes de la tierra, ante los problemas políticos, ante los pobres….¿Qué haría Cristo en mi lugar? Camino que andar; verdad que creer; vida que vivir…vivir en Cristo; transformarse en Cristo… ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ante cada problema, ante los grandes de la tierra ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres, ante sus dolores y miserias, ante la defección de colaboradores, ante la escasez de operarios, ante la insuficiencia de nuestras obras. ¿Qué haría Cristo si estuviese en mi lugar? Si en estas circunstancias de ahora Cristo se hubiese encarnado y tuviese que resolver este problema, ¿cómo lo resolvería? ¿Obraría con fuerza o con dulzura? ¿Empuñaría el látigo con que arrojó a los vendedores del templo, o las palabras de perdón del padre del pródigo, las tiernas palabras de perdón que dirigió a Magdalena, a Pedro; las de paciencia que repitió tantas veces ante sus rudos apóstoles…? Y lo que yo entiendo que Cristo haría, eso hacer yo en el momento presente».

El Llamado Del Rey.  S. Alberto Hurtado S.J.


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Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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