La importante -pero olvidada- distinción entre “valor” y “precio” (video conmovedor)



Toda nuestra gratitud al P. Joan Carreras del blog “Nupcias de Dios” por habernos enviado este excelente comentario al video de hoy.


Las cosas que tienen un mayor valor no tienen precio. Todas las cosas que tienen un alto precio carecen realmente de valor o por lo menos resulta insignificante. Hay actividades que tienen precio y valor. ¿Qué significa que no tienen precio? Sencillamente, son regaladas, dones gratuitos. Por esta razón, cuando se pone precio a una realidad de valor infinito la propuesta resulta ofensiva y no es extraño que se trate de una profanación. Así ocurre con el acto conyugal y la liturgia, corrompidas respectivamente por la prostitución y por la simonía.


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En el vídeo que ahora comento aparecen unos alumnos de últimos cursos de educación primaria que escuchan las breves intervenciones de algunos padres, que han sido invitados por la profesora para que expliquen su vida profesional. El primero es un bombero. El segundo, un parado, es decir, alguien que se ha quedado sin trabajo.

Su hijo parece decir: “trágame tierra”, pues se avergüenza de su padre. En comparación a los otros padres que han pasado por el aula para contarles sus profesiones, el suyo no tiene nada de qué presumir. Su actividad no es remunerada. El planteamiento del chaval es el propio de una sociedad consumista, donde los principales bienes son aquellos que pueden catalogarse y clasificarse según el precio o el coste en términos económicos. No se atreve a mirar a su padre y escucha con fastidio lo que está diciendo. ¿De qué va a hablar? ¿De qué puede presumir?


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A medida que él desarrolla su exposición, el hijo recupera la confianza y también la dignidad. En cierto modo, el hijo recupera a su padre y también a sí mismo. Al valorarlo con categorías meramente funcionales, sociológicamente relevantes, había llegado a despreciarlo en su interior y ese desprecio era causa de su vergüenza. Ahora, en cambio, advierte que la mayor causa de orgullo y de contento debería ser el tener un padre como el que tiene, un hombre que valora lo que tiene precisamente porque es rico en familia y en amor. Y él -su hijo- es quizá el motivo de mayor orgullo para su padre. Así, de repente se desvela esa paradójica e injusta situación: lo que es motivo de satisfacción del padre, lo era de vergüenza para el hijo.

¿Qué hubiera pasado si hubiese explicado que se dedicaba a “sus labores”, como anteriormente se decía de quienes realizaban las tareas del hogar? Un servicio no remunerado no parece tener la consideración de trabajo. En este caso, sin embargo, se añade un agravante porque la ama de casa no quiere buscar otro trabajo, sino que aprecia el que tiene. Todo un escándalo para la mentalidad contemporánea. Todavía recuerdo la cara de indignación de una joven a la que un soldado estaba haciendo la corte. Después de sentarse a su lado, en el asiento del compartimento del tren en el que viajábamos los tres, él le hizo diveras preguntas. Cuando le dirigió ésta: ¿eres ama de casa? ella reaccionó peor que si la hubiera llamado prostituta. ¡Ella tenía un trabajo remunerado y no era una pobre esclava de una sociedad machista!

La gran diferencia entre lo que goza de valor y lo que tiene precio estriba en la entrega de la persona. Allí, en la actividad que ella desarrolla, tocamos con la mano un terreno sagrado. Es una sobrabundancia de valor que excede infinitamente al precio con que se pueda tasar en este mundo. No es ofensivo que se remuneren esas actividades, porque muchas veces son también auténticas profesiones, pero siempre tiene que quedar claro que es infinitamente superior el valor al sueldo: misioneros, médicos, asistentes sociales, e incluso el bombero que aparece en el vídeo. En todo caso, la entrega de la persona nunca puede ser valorada en términos económicos porque eso mismo sería una ofensa a su dignidad.

Autor: P. Joan Carreras del blog “Nupcias de Dios”

Es peruano y ha realizado estudios en derecho y filosofía. Actualmente estudia Ciencias de la Comunicación en Roma. Desde hace 3 años es profesor de religión católica.

@mauricioartieda

Un buen día me enamoré de la Iglesia Católica. Ahora trato de ofrecerle lo mejor que tengo. Comunicador. Director en @Catholiclink_es Solo opiniones personales.


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