¿Qué significa ser un soldado de Cristo?

Nuestra misión es instaurarlo todo en Cristo, llevar a Cristo a todas partes

soldado cristo rey

Captura de video

El video de hoy realiza un clásico paralelo entre la vida cristiana y la milicia, eso sí, recurriendo a imágenes un poco más actuales. De hecho ya en San Pablo encontramos este tipo de analogías como un recurso retórico para exhortar, a través de las épicas figuras de las armas o de las heróicas actitudes de los soldados, a la lucha, al servicio, a la entrega, en la vida cristiana. Es un modo apelante de realizar un llamado a la coherencia, invitando a una lucha radical y esforzada, pues, la vida cristiana nos  es un juego, sino que por el contrario, así como en la guerra de verdad, combatimos una auténtica batalla, donde nos jugamos la vida; la vida eterna.

Elementos apostólicos

Quien haya recibido el sacramento de la confirmación sabe mejor que nadie (o lo debería saber), lo que significa aceptar ser un soldado de Cristo. Quien se atreve, o ya se ha atrevido, a emprender esta hermosa aventura, sabe también que para servir al Señor es necesario ensanchar el corazón y preparase para la prueba (Ec2,1-6), ya que sin duda alguna habrán grandes vicisitudes y tribulaciones. Él  mismo nos ha pedido que extendamos su Reino por todo el mundo, y como nos recuerda el video, existen muchos que no están a favor de esta empresa, o incluso que combaten en contra de ella.  Aun así, a pesar de todo esto, es realmente hermoso vivir de así, tomando enserio el compromiso. Sí, porque cuando la vida cristiana se vive con coherencia y con generosidad es apasionante, incluso en medio de las adversidades. Todo se llena de sentido cuando uno encuentra esa causa, por la cual entregarse, por la cual luchar, por la cual dar incluso  la vida. Porque la medida de la grandeza de nuestra vida es la medida de la causa a la que  servimos.  Y qué mayor causa puede haber que la de servir, amar y vivir en Cristo, compartiendo con Él su grandeza, la grandeza de una vida infinita, una vida abundante, de talla divina.

Sin embargo, surgen muchas dudas, como por ejemplo ¿qué significa exactamente seguir y ser soldado de Cristo? ¿En qué consiste esta batalla a la cual nos llama? ¿Cuál es el Reino que  debemos propagar y por el cual debemos dar la vida?  El Papa Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret nos daba una respuesta contundente y que creo va al corazón del asunto, allí nos recordaba que 

«Orígenes ha descrito a Jesús —a partir de la lectura de sus palabras— como autobasileía, es decir, como el reino en persona. Jesús mismo es el «reino»; el reino no es una cosa, no es un espacio de dominio como los reinos terrenales. Es persona, es Él. La expresión «Reino de Dios», pues, sería en sí misma una cristología encubierta. Con el modo en que habla del «Reino de Dios», Él conduce a los hombres al hecho grandioso de que, en Él, Dios mismo está presente en medio de los hombres, que Él es la presencia de Dios.»

Nos queda claro entonces: nuestra misión es la de instaurar todo en Cristo, de llevar a Cristo a todas partes. Por eso es importante entender que este combate es fundamentalmente espiritual. Así como lo es también nuestro mayor enemigo, el diablo, que anda como león rugiente buscando a quien devorar (1Pe5,8). Lo cual implica más aún un combate serio y constante. Ya que esta lucha se da sin tregua en las coordenadas más profundas de nuestro corazón. Resistir firmes en la fe significa ante todo vivir con coherencia, pues una fe sin obras es fe muerta. Cristo Reina, sí, pero reina desde la Cruz. Es su amor hasta el extremo el auténtico poder que cambia el mundo y del cual debemos ser portadores (su reconciliación). Por eso debemos velar y orar, para no caer en tentación (Mt26,41), y también prepararnos a través de la virtud, del compromiso, de la conversión auténtica para poder serle  fieles en medio de este mundo tan adverso (con tantas tentaciones). Todo lo dicho significa en resumidas cuentas, vivir buscando configurarnos con Cristo, siendo como ÉL, unos con y en Él.  En esta línea, para conseguir esta meta tan anhelada San Pablo, como decíamos al inicio, nos exhorta en un modo magnánimo invitándonos a “ceñir nuestra cintura con la Verdad y revestirnos de la Justicia como coraza, calzarnos los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podamos apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno, tomando también el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Ef6,5ss). Solo así seremos fieles y extenderemos el Reino de nuestro Señor”.

Hijo, si te decides seguir y servir al Señor, prepara tu corazón para la prueba. Endereza tu alma, tu corazón. Sé firme y no te inquietes en el momento de la desgracia. Únete al Señor y no te separes para que al final de tus días seas enaltecido. Acepta de buen grado todo lo que te suceda y se paciente en las vicisitudes de tu humillación porque el oro se purifica en el fuego y los que agradan a Dios en el crisol de la humillación. Confía en El y El vendrá en tu ayuda. Endereza tus caminos y espera en El.    Eclesiástico 2, 1 - 6

Daniel Prieto

Es chileno, tiene 28 años y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.


Daniel Prieto

Es chileno, tiene 28 años y se prepara para ser sacerdote. Actualmente estudia teología en la universidad Gregoriana de Roma.

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