¿Por qué cambiamos de “look”?

Catholic-link.com - Durante cinco años y medio (2006 – 2012), la chica del video de hoy se tomó una foto con un look distinto. En 50 segundos van a ver más de mil fotografías de su rostro y de sus cambios de look (y también de edad). Rápidamente su video se volvió viral y actualmente tiene alrededor de 8 millones de visitas. En su twitter ella se define como una “narcisista del crecimiento”.

Objetivo apostólico: 

Darle un recto lugar a la belleza física y no esperar de ella más de lo que nos puede dar; además, comprender la dinámica espiritual detrás del cuidado por el cuerpo.

Elementos apostólicos:

1. Cambiar de “look” no tiene nada de malo. Empecemos por aquí. Lo hacemos por dos motivos fundamentales: para renovarnos o para mejorar nuestra apariencia. Dudo que alguien cambie de “look” para verse peor; creo que incluso las personas que deciden explícitamente empeorar su look (EMO’s, por ejemplo), lo hacen en el fondo para verse mejor.

¿Y por qué nos renovamos o buscamos vernos exteriormente mejor? Por dos motivos. El primero en referencia a nosotros mismos: porque una buena imagen refleja nuestra identidad, y esto nos produce confianza personal, valoración, etc. Y el segundo en referencia a los demás: porque tener una buena apariencia y agradar – en el sentido externo del que estamos hablando – es algo que le produce satisfacción a la mayoría de personas (que conozco, por lo menos).

2. Por otro lado, no me parece equivocado pensar que agradar o gustar físicamente es solo un aspecto de un anhelo más profundo por ser reconocidos, queridos y amados por los demás (el hombre es una unidad de cuerpo, psique y espíritu); incluso en referencia a uno mismo, el cuidado por mi aspecto es un signo del recto amor que debo experimentar por mi persona. Si esto último es cierto, cambiar de look es una manifestación exterior – por no decir superficial – de una dinámica interior: la búsqueda de amor.

Dicho esto, resulta obvio pensar que quien busca amor no lo logrará jamás con tan solo gustar o agradar físicamente. Ninguna madre, amigo o novia aman porque su hijo, amigo o novio se vean “lindos”, y el hecho que me vea “lindo”, jamás podrá ser una razón suficiente para amarme seriamente. Esto me lleva a pensar que quien quiera conquistar el amor de los demás tendrá que cambiar de “look” interior. Es decir, cambiar de corazón, mejorar como persona, convertirse más. Es lógico, quien quiera cosechar frutos espirituales tendrá que sembrar en su espíritu, no en su cuerpo.

3. Por esta razón, si es que he logrado explicarme, me llamó la atención este video. Creo que nuestra sociedad está un poco obsesionada con la belleza física (¡casi dos mil nuevos “looks” en el video!) y está demasiado sorda para escuchar el anhelo espiritual que la sustenta. La apariencia exterior es un don de Dios que en nuestras manos empieza a encorvarse por el peso que le hacemos cargar. Queremos cosechar de ella el amor, cuando hemos arado el campo con rimmel y secadoras. Creo que el amor de los demás y el recto amor hacia uno mismo solo puede alcanzarse a través de la belleza que suscita el amor mismo. El amor cultiva mi corazón y me hace crecer como persona, solo el amor puede sanar el odio, el rencor, la ira, la envidia, la desidia, en fin, todos los vicios que afean mi alma y que no dejan que me ame ni que me amen.

Preguntas para el dialogo:

¿Cuánto estoy esperando de mi apariencia? ¿Cultivo mi interior y mi corazón con tanta preocupación como lo hago con mi cuerpo? ¿Cómo debo renovarme para alcanzar el amor que anhelo?

Mauricio A.

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Es peruano y tiene 29 años; ha realizado estudios en derecho y filosofía. Actualmente estudia Ciencias de la Comunicación en Roma. Desde hace 3 años es profesor de religión católica.

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